Inspiración e integración

Todo tipo de cambio y crecimiento siempre se produce a través de estas dos fases: inspiración e integración…


Primero, el despertar a un nuevo espectro de posibilidades y luego el esfuerzo para construir estas ideas dentro de la realidad y la experiencia diaria. En el trabajo espiritual, cada paso que damos para profundizar nuestro entendimiento del mundo y perfeccionar nuestros caracteres, es como entrar a una nueva tierra, a un territorio desconocido e inexplorado que trae con él nuevas posibilidades y nuevos caminos hacia el conocimiento.
La metáfora cabalística básica para este proceso esta presentada en los pasajes de la Torá que describen las directivas que Di-s le dio a los israelitas cuando se alistaron para ingresar a la Tierra de Israel. En el sentido real y en el metafórico, esta travesía era desde la esterilidad
hacia la santidad, desde el desierto del Sinai hacia la Tierra Santa. Y por cuanto que todo crecimiento espiritual verdadero es un movimiento hacia o en procura de la santidad, no puede haber una metáfora mejor que esta.
El poder de entrar a Israel, penetrar en la Tierra Santa desde un territorio extranjero, se relaciona con la fase de iniciación/ inspiración, mientras que el poder de asentarse en la tierra, arraigarse y permanecer, es una función de la integración apropiada. La inspiración no logra demasiado si los estudiantes no integran estos nuevos apercibimientos en su vida diaria, si no aprenden como permanecer en el nuevo sendero y afrontar los obstáculos, hacer un progreso continuo y tener la meta a la vista.
Hay una hermosa historia que ilustra este punto acerca de Rabi Menajem Mendel, el Rebe de Vitebsk, quien junto con sus seguidores, una doscientas familias, emigró a Israel en el siglo XVIII, asentándose primero en Tzfat y luego en Tiberias.
Un día, luego de vivir muchos años allí, el Rebe llamó a sus discípulos y les dijo que se preparen para una celebración. Entonces bebieron y cantaron, bailaron con gran fervor toda la noche, sin saber cuál era el motivo de la celebración. Cuando le preguntaron, el Rebe respondió con una historia.
“Cuando era niño, añoraba la Tierra de Israel tan intensamente que cada vez que oía que un emisario de allí llegaba al pueblo, corría hacia él y le pedía que me cuente sobre la santidad de la tierra. Inevitablemente, describían las ciudades santas: Jerusalem y el Muro de los Lamentos, Jebrón y la Mearat HaMajpelá, Tiberias y el Mar de Galilea y Tzfat, permeada por las almas de los místicos. Pero incluso luego de oír todo esto, siempre preguntaba ”¿Hay algo mas? ¡Tiene que haber algo mas!”
Un día, uno de los emisarios me dijo: ”Veo que tú ansías verdaderamente conocer los secretos de la Tierra de Israel y su santidad. Cuando cada piedra, cada brizna de pasto se vuelve sagrado para ti, cuando ves cada árbol y cada manantial como emanaciones de santidad, cuando las montañas, desiertos y bosques revelan cada paso que se dió sobre ellos y cada pensamiento se vuelve hacia su esencia, entonces comenzarás a comprender la santidad de la Tierra de Israel.”
Hoy, luego de todos estos años de vivir aquí, estuve rezando en las colinas debajo de Tzfat y comencé a ver y sentir la santidad emanando de cada roca y brizna de pasto. Entonces comprendí que finalmente había arribado”

(Adaptado de Inspiración y Cabalá del Rabino Itzjak Guinzburg, Instituto Gal Einai)

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