El “Arízal” – Rabí Itzjak Luria

Rabí Itzjak Luria, alcanzó gran renombre con el acróstico de Arí, iniciales de Ashkenazi Rabí Itzjak. A este acróstico se le agregó, tras su deceso, la expresión “zal” -que quiere decir “sea su recuerdo para bendición” – y así pasó a la posteridad con el nombre de “Arizal”.
Durante siete años, se sumergió en el mar de la Cabalá.
Muchos de sus días transcurrieron en ayuno y plegaria, en estudio ininterrumpido, y sus esfuerzos rindieron frutos. Rabí Itzjak había logrado penetrar en las profundidades de la Torá revelando incontables aspectos del verdadero sentido de la fe y creencia judías. De ese modo, también, Rabí Itzjak logró desarrollar un sistema singular dentro de la Cabalá, delimitando su lugar específico en el cosmos como también la función de la Torá y sus Mitzvot -preceptos- en la vida humana.
En el año 1570 el Arízal emigró con su familia a la Tierra Santa, Israel, viviendo primero en Jerusalem y luego en Tzfat -Safed- lugar que convirtió en centro de estudios cabalísticos. Tenía 36 años.
Su muerte, en el año 1573, a la edad de 38 años, produjo un profundo duelo en el mundo judío. Empero, a pesar de su corta vida, el Arízal dejó una huella imborrable en la vida y pensamientos judíos. Muchas de sus costumbres pasaron a ser costumbres cotidianas para nosotros. Sus plegarias, como sus melodías, y también sus poesías, fueron adoptadas por amplios círculos judíos, e ingresaron al texto de nuestro Sidur -Libro de Oraciones-.
En numerosas comunidades se reza hasta el día de hoy según el texto por él definido -llamado “Nusaj HaArí Zal”-, y muchas de sus explicaciones fueron la semilla que eventualmente dieron lugar al Movimiento Jasídico.

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