Luchando con los ángeles

Quizás el más misterioso incidente en la Torá de la vida de Iaacov sea la batalla nocturna descrita en los versículos finales del capítulo 32 del Génesis. Iaacov se está preparando para su encuentro con Eisav al día siguiente.

Él transporta a su familia por el arroyo de Iabok, pero “se quedó solo detrás” (según el Talmud, se queda para recuperar algunos “pequeños frascos” que dejó atrás). Allí, “un hombre luchó con él hasta el alba”. Iaacov se lastima en la pelea, pero sale invicto. Al alba, su contrincante le suplica a Iaacov que lo deje ir. Iaacov le contesta: “No lo permitiré hasta que me bendigas”. El hombre accede y le confiere el nombre Israel, “porque has lidiado con lo divino y con el hombre y has prevalecido”. (Israel, en hebreo, significa “él, quien prevalece sobre lo divino”)

¿Quién es este hombre con quien Iaacov luchó? Según los Sabios, él es “el ángel de Eisav”, y la lucha que “levantó el polvo en el Trono Celestial”, es la lucha cósmico entre dos naciones y dos mundos–la espiritualidad de Israel y la materialidad de Edom (Roma). La noche a través de la cual ellos lucharon es el largo y oscuro galut (“exilio”), en el cual los descendientes de Iaacov sufren heridas corporales y angustia espiritual, pero emergen victoriosos.

La pelea se establece en dos planos–”con lo divino y con el hombre”. Es una lucha con el hombre: en casi 4000 años de galut hemos luchado con los egipcios, los canaanitas, los babilonios, los persas, los romanos, la inquisición española, la Alemania nazi y el terror islámico. Éstos y muchos otros hicieron lo peor para destruirnos, pero nosotros hemos prevalecido.

También es una lucha del alma en el exilio, con su esencia divina y su propósito. Tres veces al día suplicamos, protestamos y disputamos ante el Trono Celestial: ¿Cuánto tiempo más? Sí, es verdad que estas luchas han despertado el potencial y lo más profundo del alma judía. Sí, es verdad que el galut ha desenterrado las reservas de fe y sabiduría como nunca se habrían descubierto en personas tranquilas disfrutando de su tranquila existencia. Sí, es verdad que estamos cumpliendo el plan cósmico recuperando las Chispas de Santidad enterradas en los confines más oscuros de la creación de Di-s. ¡Pero cuánto más debemos demorarnos recuperando estos “pequeños frascos”! Y ciertamente Tú, la esencia del amor y la bondad, ¡podrías haber ideado una manera de lograr todo esto sin el mal y el dolor!

Es una lucha larga y difícil hasta el alba. Pero al final triunfaremos sobre los hombres y prevaleceremos también sobre lo divino. Porque ésta es la esencia de Israel.

Por Yanki Tauber; basado en las enseñanzas Rebe.

Aún no hay comentarios

¡Sea usted el primero!

Complete el formulario siguiente para comentar.

Deje un comentario