Hombre rana

Toda la creación puede ser dividida en tres categorías: la buena, la mala y las ranas.

La buena son las criaturas que contribuyen a la creación. Dentro de los animales, por ejemplo, sería una vaca, que su leche es conocida por hacerle bien al cuerpo. Después esta la mala, aquellos en detrimento de la creación, como ser la serpiente. Finalmente tenemos a las ranas, que van saltando alrededor de pantanos.

Sin embargo, hubo un momento en la historia, en la que las ranas hicieron una diferencia. Estos pequeñas criaturas verdes, fueron la clave en el derrocamiento del régimen opresor de Paró. “Si no fuera por las ranas”, el Midrash pregunta dramáticamente, haciendo referencia a la segunda plaga infligida a Paró: “¿cómo Di-s se habría asentado en Egipto?”

Uno se puede preguntar: ¿Por qué las ranas fue la plaga más efectiva?

Porque Paró mismo era una rana

Sobre el tema del papel de Di-s en nuestro universo, las culturas no monoteístas del mundo se pueden dividir en tres categorías: los buenos, los malos y los faraones.

Los buenos se limitan a negar la unidad de Di-s, al tiempo que reconoce la supremacía de Di-s sobre la creación. Los malos van tan lejos como para refutar la existencia de Di-s. Por último, tenemos el Faraón. Sin dejar de reconocer la existencia de Di-s, el Faraón no llega a atribuir su propia existencia a la obra de Di-s. “Mío es mi río, y lo he hecho yo mismo” (Ezequiel 29:3). Di-s puede existir, pero Él no tiene nada que ver con mi existencia.

Muy seguido, la herejía es preferible a la apatía. El detractor, aunque se opone a la noción de Di-s, extrañamente contribuye a su consecución. Aunque proteste incesantemente, la mención de Di-s nunca está lejos de sus labios. Él puede estar luchando contra Di-s, pero al menos no lo está ignorando. El faraón, por otro lado, al igual que la rana, pertenece al reino de la indiferencia.

Para ajustar las cuentas con el Faraón, Di-s activa sus hombres rana. El faraón mira cómo las ranas entran en acción. Estas ranas no dejan ni una piedra sin dar vuelta, y ningún horno sin quemar, infiltrándose en las camas de los Egipcios. Con su devoción, exponen el “hombre hecho por si mismo” del faraón como una farsa, confirmando concluyentemente que no hay ningún aspecto de la creación aparte del dominio de Di-s.

POR: Dovi Scheiner

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