El templo subterráneo

Nuestros Sabios nos cuentan que “Cuando el Rey Salomón construyó el Templo Sagrado, sabía que estaba destinado a ser destruido, por esto construyó un lugar especial para esconder el Arca, un lugar escondido, profundo, colmado de pasadizos sinuosos” 1.Fue allí donde el Rey Josias ubicó el arca veintidós años antes de la destrucción del Templo, como nos relata el Libro de Crónicas.2 El Templo Sagrado de Jerusalem fue construido por el Rey Salomón en el año 2928 de la creación (833 A.C) y fue destruido 410 años más tarde, el noveno día del mes de Av, por los ejércitos del emperador Babilónico Nabuconodosor. El Templo fue reconstruido 70 años más tarde, y permaneció en pie por 420 años, hasta su destrucción en manos de los romanos, también el 9 de Av de 3829 (69 D.C). A partir de ese día el 9 de Av se ha convertido en un día de ayuno y arrepentimiento, un día en el que lloramos por la destrucción, y rezamos por la pronta venida del Mashiaj, cuando el tercer y último Templo será reconstruido ocupando su lugar Divino como epicentro del universo.

El Templo Sagrado era la casa de Di-s, el lugar adonde El había elegido manifestarse con su verdad todo permeable. ¿Cómo pudo ser destruido por las manos del ser humano? Sencillamente porque la estructura del Templo permitió esta posibilidad. Este es el significado profundo del por qué el Rey Salomón construyó el Templo Sagrado “a sabiendas de que sería destruido” .

Nuuestros Sabios nos cuentan que “Cuando el Rey Salomón construyó el Templo Sagrado, sabía que estaba destinado a ser destruido, por esto construyó un lugar especial para esconder el Arca, un lugar escondido, profundo, colmado de pasadizos sinuosos” 1.Fue allí donde el Rey Josias ubicó el arca veintidós años antes de la destrucción del Templo, como nos relata el Libro de Crónicas.2 El Templo Sagrado de Jerusalem fue construido por el Rey Salomón en el año 2928 de la creación (833 A.C) y fue destruido 410 años más tarde, el noveno día del mes de Av, por los ejércitos del emperador Babilónico Nabuconodosor. El Templo fue reconstruido 70 años más tarde, y permaneció en pie por 420 años, hasta su destrucción en manos de los romanos, también el 9 de Av de 3829 (69 D.C). A partir de ese día el 9 de Av se ha convertido en un día de ayuno y arrepentimiento, un día en el que lloramos por la destrucción, y rezamos por la pronta venida del Mashiaj, cuando el tercer y último Templo será reconstruido ocupando su lugar Divino como epicentro del universo.El Templo Sagrado era la casa de Di-s, el lugar adonde El había elegido manifestarse con su verdad todo permeable. ¿Cómo pudo ser destruido por las manos del ser humano? Sencillamente porque la estructura del Templo permitió esta posibilidad. Este es el significado profundo del por qué el Rey Salomón construyó el Templo Sagrado “a sabiendas de que sería destruido” e incorporó un lugar secreto para esconder el arca ante esta eventualidad. Si el Templo no hubiera sido construido ini-cialmente previniendo lo que sucedería el 9 de Av, ningún mortal podría haber movido una sola piedra de su lugar.

Los lugares del Arca

El hecho de que el escondite del Arca fuera construido dentro del Santo Templo desde el principio también acarrea otra explicación: significa que el primer, el segundo y el tercer Templo no son diferentes estructuras, sino que son la continuación de una misma edificación. El Arca contiene las dos tablas de piedra, las cuales poseen grabadas los Diez Mandamientos de la mano de Di-s, aquellas que Moshé trajo desde la cima del Monte Sinai. Era el objeto más sagrado de todos, y el único que se encontraba en el recinto más íntimo de todo el Templo “el Kodesh Hako-dashim”. En efecto, nuestros Sabios definen la función primaria del Templo como “Hogar del Arca, ya que esta constituía la morada de descanso de la She-jiná (presencia Divina)”.^ Por lo tanto, el recinto subterráneo construido por Salomón constituye mucho más que otra “parte” del Templo Sagrado. El hecho de que haya sido construido especialmente con el propósito de contener el arca significa que no es solo una parte del “Kodesh Hakodashim” sino el mismísimo cora/en del Templo y su razón de ser. 4 Esto eVresaltado por el hecho de que el Arca se mantuvo en su recinto desde el momento en que fue ubicado allí por el Rey Josias, veintidós años antes de la destrucción del Primer Templo, hasta la actualidad. Esto significa que durante los 420 años del Segundo Templo, el Arca no estuvo dentro del “Kodesh Ha-kodashim”, sino que permaneció en el recinto secreto. Pero si la función fundamental del Templo era ser el hogar del Arca, ¿Cómo podía haber un Templo Sagrado sin un Arca? Además, en el momento en el que Josias escondió el Arca, el Templo no sufría de ningún tipo de amenaza, la soberanía judía no estaba en peligro, solo el conocimiento de la profecía de que el Templo estaba destinado a ser destruido mantenía al Arca escondida.

Si la esencia del Templo Sagrado hubiera sido negada a partir de la sustracción del Arca hacia los pasajes subterráneos, este cambio de ubicación no habría sido realizado veintidós años antes, sino que habría sido hecho en el momento en el que el Arca estaba en peligro de ser destruido por manos enemigas. Obviamente, el escondite subterráneo no posee menos importancia que el mismo Templo, ni tampoco se considera un recinto de menor importancia que el “Kodesh Hakodashim”. En otras palabras, el Templo Sagrado fue originalmente diseñado y construido para existir en dos estados distintos: uno revelado y otro oculto. En consecuencia, había dos lugares designados para el Arca dentro del Templo, el recinto sagrado “Kodesh Hakodashim” y la parte subterránea escondida en el final de^ “profundos y sinuosos pasadizos”. En su estado revelado, el Templo Sagrado era una fuente de luz Divina, un lugar adonde el hombre podía percibir y experimentar abiertamente la Divina presencia.5 En su estado oculto, la revelación Divina dentro del Templo estaba apagada, casi completamente a oscuras. Pero mientras la función del Templo sea ser el hogar del Arca, este continuará sirviendo como la morada de Di-s.

En los 3osiglos, desde que fue construido por primera vez, el Templo nunca ha dejado de servir a su función fundamental como morada de la presencia Divina de todo el mundo. Hubo tiempos en los que la estructura se encontraba erigida en todo su esplendor sobre el Monte en Jerusalem, otros momentos en donde su gloria fue disminuida (como fue el caso del Segundo Templo), y otros períodos en donde fue casi completamente destruido. Para hay una parte particular del Templo que nunca fue tocada, y ese es el corazón del Templo que nunca dejó de latir. Cuando el Tercer Templo será construido, pronto en nuestros días, y el Arca será colocada nuevamente en el recinto que se encuentra sobre la tierra, no será un edificio nuevo, o una reconstrucción, sino una revelación y una reafirmación de algo que siempre estuvo presente.

Profundo y sinuoso

“Porque hemos pecado antes que Tí… nuestra ciudad fue destruida, nuestro Santuario dejado en ruinas; nuestra grandeza se desvaneció, y la gloria partió de la Casa de la Vida; ya no podemos completar nuestras obligaciones en Tu hogar, en la gran y santa casa en donde Tu nombre es proclamado”.6 Como expresan las palabras anteriores, la susceptibilidad del Templo a la destrucción es, en su nivel más básico, un suceso negativo. Porque Di-s sabía que no seríamos dignos de experimentar Su presencia Divina en nuestras vidas, el instruyó la construcción del Templo de tal manera que le permitiera transcurrir períodos de disminución y oscuridad.

Pero nuestra vulnerabilidad al pecado no es más que la idea de Di-s y su “increíble argumento de los hijos de Di-s”7 Di-s nos creó con la posibilidad de pecar solo para permitirnos descubrir “la gran luz que proviene de la oscuridad”8. Para dejarnos explotar el gran momento de nuestros descensos los cuales nos conducen a nuestros más elevados logros. Hay mucho para lograr a través del desarrollo de nuestro potencial positivo; aún así nada se compara con el fervor del pecador arrepentido, la pasión de aquel que ha confrontado su propia oscuridad y retrocede en busca de luz. Ningún hombre puede perseguir la vida con la misma intensidad de aquel que escapa de la muerte. Por siglos el Templo Sagrado ha yacido desolado, su esencia reducida a un recinto subterráneo y profundo escondido debajo de su gloria en ruinas. Pero este terrible descenso es en realidad, la motivación de un ascenso aún más alto, un bien más grande, una perfección universal aún mayor de la que irradiaba el Templo en su primera y segunda encarnación.

Los caminos hacia este recinto están ocultos, son profundos y sinuosos. Este no es el camino recto y derecho de la persona justa, sino el del furtivo, el complicado camino del que “retorna” (el baal teshuva), un camino que lo zambulle en las profundidades de su alma para liberar las fuerzas más potentes que yacen enterradas en su interior.

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