Y de la envidia, el odio, la depresión… ¿cómo andamos?

Si una persona ve algo que tiene otra, y su reacción natural es volverse envidiosa, tal vez no pueda cambiar esta respuesta natural fácilmente…


Lo que puede hacer es no ocuparse con pensamientos de envidia. Allí tiene control.
Tal vez no pueda ayudar a que un pensamiento de envidia no emerja del subconsciente al consciente. Esa es una respuesta natural. Pero si continúa persiguiendo esos pensamientos y se explaya en ellos, allí la persona puede — y debe — ejercer el control.
Cuando un pensamiento de envidia llega a la mente, uno debe detenerlo y distraer la atención. El pensamiento puede volver aún varias veces. Sin embargo, finalmente, mientras uno continua ejerciendo control, estos pensamientos de envidia se volverán menos frecuentes. Finalmente, dejarán de surgir del subconsciente al conciente.
Y el mismo concepto se aplica con respecto a los pensamientos de odio. La Torá nos dice que no debemos odiar a otro iehudí. ¿Pero qué sucede si otra persona nos hiere terriblemente? Es natural que emerjan los sentimientos de odio. ¿Cómo podemos controlarlos?
La respuesta es que en verdad es muy difícil cambiar nuestro interior a fin de no reaccionar con enojo u odio en esa ocasión. Una vez que sucede eso, los pensamientos de odio quizás comiencen a surgir.
Pero acá es donde debemos ejercer control. Tenemos la habilidad de evitar ocupar nuestras mentes con pensamientos de odio.
¿Cómo podemos evitarlo? No alejando el odio con una mano, sino cortándolo totalmente, cambiando a un tema diferente. Esto evita que los sentimientos de odio sean fortificados y aumentados. No arderán. Y finalmente se calmarán.
Estos pensamientos de odio tal vez continúen volviendo. Sin embargo, cuando son rechazados una vez, una segunda, una tercera y aún cien veces, finalmente dejarán de emerger del subconsciente al conciente.
Varios podemos mirar al pasado y encontrar que cuando éramos más jóvenes, estábamos obsesionados con ciertas cosas. Las queríamos y no podíamos dejar de pensar en ellas. A la mañana, a la tarde, en el colegio, durante las comidas, a la noche, cuando nos quedábamos dormidos, en nuestros sueños; era casi como si eso fuese lo único que podíamos pensar.
Cuando pensamos nuevamente ahora, nos preguntamos, “¿Qué pasó? ¿Por qué ya no estoy más obsesionado con esos pensamientos? ¿Qué cambió? Muchas veces la situación no cambió y nunca este deseo fue satisfecho.
¿Por qué no continuamos pensando en eso? La respuesta es muy simple. Pasaron varios años, y en el ínterin enfrentamos situaciones nuevas, nuevos deseos y nuevos problemas, y tal vez hasta nuevas obsesiones. Le hemos dedicado tanto tiempo y tanta atención a estos asuntos nuevos, que perdimos interés por los viejos. Cada vez le prestábamos menos atención, y finalmente dejamos de pensar en ellos.
Esto es lo que debemos hacer con los sentimientos de depresión y todos los pensamientos negativos. En general, debemos saber que todo lo que sucede es bueno y, por lo tanto, una persona siempre debe estar b‘simja, llena de verdadera alegría. Debemos incorporar esta idea y hacerla parte de nosotros. Esto nos ayudará a no perder nuestro equilibrio cuando suceden cosas indeseables.
Pero si algo hace que nos enfademos, debemos saber que tenemos una alternativa. Esa alternativa no comprende meditar sobre cómo el factor perturbador es, en realidad, un bien encubierto. Una persona que está muy enfadada no siempre podrá honestamente darse cuenta de eso. Lo que podemos hacer y lo que debemos hacer, si queremos preservar nuestro equilibrio interior — es volver nuestra atención hacia otro tema -y hacer esto una y otra vez, hasta que el pensamiento perturbador no nos moleste más. Una vez que no somos controlados por nuestros pensamientos depresivos, podemos concentrarnos en la verdad que nos enseña la Torá: que todo proviene de Di-s y es, en esencia, bueno.

Extraído de Simjá: El enfoque jasídico de la alegría Editorial Bnei Sholem

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