Mantén tu palabra

“Pero papá… VOS DIJISTE…”
“Sí, yo sé, pero ¡no sabía que la casa se quemaría ayer!”
“¡No me importa! VOS DIJISTE que me arreglarías la bicicleta ¡¡¡HOY!!!”
“Pero Susi, tu bicicleta ¡¡¡se DERRITIÓ con el fuego!!!”
“Pero vos DIJIIIIISTEEEE….”
¿Es Susi irracional? Tal vez. Pero el grado de desilusión de Susi y el inevitable berrinche consecuente sucedió mucho antes del incendio.
La expectativa para su desilusión es criada, no nacida. Y una vez que surge en la personalidad del niño, es como gasolina que se almacenó pobremente en un garaje atestado…le lleva poco tiempo encenderse. Y así como un incendio puede ser prevenido a través de pasos simples y prácticos, también puede suceder con escenas volátiles de frustración y culpa.
¿Cómo? Siguiendo una regla básica de oro: Mantiene tu palabra.
Esto puede ser un consejo bastante obvio pero imposible, dado al curso cambiante de la realidad entre una promesa y su cumplimiento. Pero con siete niños he hecho miles de promesas. Y aún así, he encontrado posible mantener la regla de “cuida tu palabra” la mayoría del tiempo. He aquí algunas maneras que me han ayudado.

1) Mira el futuro
A pesar de que las desilusiones inevitablemente ocurran, es posible para los niños aceptarlas sin culpas ni enojo, manteniendo una mirada optimista y bien orientada que los ayudará mucho en alcanzar las metas de sus vidas, tanto en el futuro distante como en el cercano. Pero primero, nuestros hijos deben aprender a confiar en los padres y a creer que cuidar nuestras palabras es una preocupación vital para nosotros.
Al hacer esto, podemos crear en nuestros hijos una expectativa que lo que nosotros prometemos, lo cumplimos.
Experiencias individuales para un niño, son como el continuo goteo del agua sobre una roca. Eventualmente las gotas individuales crean una ranura por donde el agua después fluirá. Es posible cambiar el curso del agua, pero solo con esfuerzo. Es lo mismo con patrones o “surcos” de comportamiento. En la vida de los niños, estas gotas consisten de momentos finitos e individuales, momentos que pueden ser inconsecuentes para nosotros, pero que con el tiempo se convierten en las expectativas de ellos.
Surcos del carácter son fáciles para que los niños se caigan en ellos, y difíciles para poder luego escalarlos. Si el patrón de nuestros hijos es cumplirlo, les costará cambiar el curso en desilusión. Si el patrón es desilusionarse, entonces la culpa y el enojo escalarán rápidamente con la mínima provocación, como un tren a toda velocidad que va hacia abajo sin nadie que lo controle.
Más que crear un “surco” de carácter de desilusión esperada, queremos crear uno de realización esperada. Cada vez que cumplimos con nuestra palabra, cada vez que hacemos lo que dijimos que haríamos, estamos construyendo para el futuro.

2) Haz un compromiso- para ti.

Primero, tenemos que hacer un compromiso, para nosotros mismos más que para nuestros hijos, de cuidar con nuestra palabra. Esto es una decisión moralmente correcta y práctica. Cuidar nuestra palabra con nuestros hijos es simplemente la mejor política.
Ningún niño quiere enojarse con sus padres. Amor y confianza son las tendencias naturales del niño. Quieren creer en nosotros. Precisan confiar en nosotros para sentirse seguros y a salvo. Cada cosa, depende de nosotros. Desconfianza y desilusión son criadas internamente, no congénitas. Las engendramos con nuestros “pequeños” actos de comportamiento inapropiado.
Queremos que nuestros hijos nos conozcan como gente que quiere hacer lo que dicen que harían. Queremos que piensen que somos gente que valora la confianza.
Cuando no puedes cumplir con la promesa de llevar a tu hijo al zoológico, por ejemplo, tu desilusión de no poder cumplir con tu palabra debería ser tan grande como la desilusión del niño de no poder ir al zoológico.

3) Mantiene tu Palabra
Una vez que te has comprometido en cumplir con tu palabra, intenta cumplirla siempre que puedas, especialmente cuando es fácil. Ya habrán varias veces en las que no podrás hacerlo, o en las que te será difícil.
Si dices que leerás un cuento, entonces hazlo. Si dices que irás a caminar, también hazlo. Si dices que arreglarás la bicicleta (y la casa no se incendió), hazlo.
A veces no querrás hacerlo. Un domingo a las 3 de la tarde, harás una promesa que jugarás a la pelota a la 5. Luego, a las 4 te acuerdas que tienes el partido de fútbol que tanto estuviste esperando en la semana. Hiciste una promesa que leerás un cuento, y resulta que después de cenar te sientes tan cansado que tus ojos no pueden seguir la lectura del libro. Prometiste que dejarás que Becky hornee las galletitas para el postre, pero cuando llegó la hora, resulta que faltaban 45 minutos para que llegaran tus invitados.
Estas son las veces en las que hay que acordarse de nuestro compromiso y visualizar estos surcos del carácter. Forzar el futuro entero de nuestro hijo a que aparezca en nuestra mente. Imaginar que todo su futuro está sostenido en el balance de nuestra elección. Decirnos a nosotros mismos: “Ya sea si cumplo mi palabra o no, en este momento es otra gota de agua que talla la ranura del futuro crecimiento y desarrollo de mi hijo”.
Puede ser una exageración. Pero las exageraciones siempre ayudan cuando probamos nuevos comportamientos en nosotros, especialmente cuando estos comportamientos compiten con nuestros propios deseos.

Es fácil decirle NO a un niño, es fácil reducir la importancia de nuestras promesas en la cara de “responsabilidades adultas” más grandes. Auto justificación hace más fácil convencernos a nosotros mismos que debemos tomarnos este descanso; que nos merecemos ese juego de fútbol; que nuestras visitas son más importantes que la promesa a nuestra hija.
Mantener nuestra palabra a nuestro hijo en ese momento debe ser más importante que el resto de las cosas.
Seguro, habrán veces en las que las responsabilidad de adultos van a interferir con nuestras promesas. Es por eso que debemos mantener nuestra palabra cada vez que podemos. Y, como verás, cada vez que lo hacemos, estamos depositando en nuestra “caja de ahorros”. Será la cuenta que creemos la que vamos a aprovechar, cuando lamentablemente no podamos cumplir con nuestra palabra.

4) Llama la atención sobre ti mismo
Otra forma de enfatizar la importancia que le damos a ser confiables es llamarnos la atención como personas que cumplimos con nuestra palabra y queremos cumplir con nuestra palabra.
Haz una gran cosa sobre ello. Cada vez que dices que vas a hacer algo, remárcalo.
“Papá, anoche le leíste una historia a Dovid, ¡dijiste que hoy me leerías a mí una!” “Por supuesto que lo haré querida, si Papá dijo que lo haría, entonces lo va a hacer”
“Mami, ayer llevaste a la tienda a Ester, y dijiste que hoy, me llevarías a mí”. “Entonces, ¡vámonos!. Si dije que lo haría, entonces lo voy a hacer”
Los papás y las mamás pueden apoyar este jactancia sobre “mantener la palabra”. “Mamá y papá dijeron que llegarán a las 2 de la tarde para llevarme al parque, y todavía no vinieron”, “Si papá dijo que te llevará al parque, entonces lo hará. Papá siempre intenta cumplir con lo que dice, es importante para él cumplir con su palabra”
Nuestros hijos crecerán confiando en nosotros. Vamos a ver menos comportamientos manipuladores. Con consistencia, veremos también una mayor tolerancia por la atrasada gratificación, menos frustración cuando nuestros hijos no consiguen lo que quieren en el momento.
“Mamá, ¿puedo tomar un vaso de leche?” “Estoy en el teléfono querida, pero te lo daré apenas corte”. Si la mamá de Sara ha creado confianza, Sara va a creer en su mamá. No va a esperar una hora, pero probablemente tolere unos quince o veinte minutos.
“Mami, Mami, ¿Puedo ir a dormir hoy a la casa de Phil?” “Estoy hablando con papá ahora Steven; hablamos en diez minutos”. Y si Steven siempre recibe respuesta de sus padres cuando le dicen que la recibirá, entonces va a esperar hasta que sus padres terminen de hablar.
“Papá, ¿Puedes ayudarme con los deberes?” “Me encantaría, pero ahora no puedo porque tengo mucho trabajo. Si esperas media hora, entonces te puedo ayudar”
Cada uno de estos momentos, son los que la psicoterapeuta Linda Popov denomina “momentos enseñables”. Y, obviamente, hay muchos valores que pueden ser enseñados: Paciencia. Respeto. Sensibilidad a las necesidades del otro.
Pero para nuestro propósito, estamos usando estos momentos para enseñarles a nuestros hijos que somos confiables, que somos gente que cuida su palabra, que el cumplir con lo que uno dice es importante.
Sin la confianza, los acuerdos y las promesas no valen nada. Si no cumplimos con nuestra palabra, nuestros hijos nunca sabrán qué esperar de nosotros. Estarán tristes, desilusionados y ansiosos porque no saben si creer en nosotros o no. En un niño, la tristeza y la desilusión se transforman rápidamente en enojo y frustración, generalmente expresada en los niños más chicos como rabietas y berrinches.
Cuando cumplimos con nuestra palabra, nuestros hijos se relajan. Saben que les estamos diciendo la verdad y que haremos lo mejor. Tienen fe en nosotros. Y la fe permite relajarse, tener paciencia y auto controlarse.
Cuando esto sucede, nuestros hijos paran de intentar controlarnos y manipularnos con su enojo y berrinches. Ellos creen en lo que decimos, no solo para darles lo que quieren, sino porque cumplir con nuestra palabra es importante para nosotros, sus padres.
Ah, Y ¿Qué pasa si papá no puede hacer lo que dijo? ¿Y si Papá está trancado en medio del tráfico? ¿O se encuentra en una reunión de trabajo imperdible e importante?

5) Si no puedes hacerlo cuando dijiste, Hazlo después
En caso de que algo te prevenga de cumplir con tu palabra, busca la primera oportunidad para poder cumplir con la frustrada promesa. Y si queremos ser conocidos como el hombre o la mujer que cumple con su palabra, lo mejor sería no arruinarlo la próxima vez.
Como con todas las promesas que haces, asegúrate que esa nueva promesa la puedas cumplir. Pregúntate: ¿Realmente tendré tiempo el próximo jueves? ¿Podré encontrar a alguna niñera? Si llevo de compras a Jaim el próximo miércoles, ¿Qué haré con los otros niños?
Es importante prever los obstáculos, y no comprometerse con los niños cuando hay dificultades potenciales que puedan alterar la habilidad de realizar las promesas. ¿Estaré demasiado cansado? ¿Podré conseguir los boletos? ¿Realmente podré salir temprano del trabajo? ¿Precisará mi esposa el auto?
Le llevará tiempo a nuestros hijos desarrollar la fe en nosotros que queremos establecer. En los primeros pasos de la construcción de la confianza, podemos encontrarnos con algunas frustraciones cuando nuestros planes interfieren con las pequeñas sorpresas de la vida, y no podemos hacer lo que les hemos dicho a los niños que haríamos. Así que, se precisa de paciencia, mezclada con nuestro compromiso de construír aquellos surcos para el futuro.

Cuando has desilusionado a un niño, acepta su desilusión, e incluso compártela. Estarás tentado en decir: “Yo también estoy mal; yo también estaba esperando este juego de pelota tanto como tú” Pero así, no desarrollaremos nuestra confianza con esa respuesta, tan genuina como a veces lo es. Tu hijo asociará aquella desilusión para la diversión y placer. Y el hecho de cuidar nuestra palabra no afecta lo que nosotros disfrutamos. Tu hijo puede estar triste porque no pudo ir al juego de pelota; pero él debe interpretar tu mensaje como que te sientes desilusionado por no haber podido cumplir con tu promesa.
Con tiempo y consistencia, encontraremos que las desilusiones de nuestros hijos no aflojarán, pero sí lo harán su enojo y frustración. Estarán desilusionados cuando no puedan ir a donde querían ir, pero confiar en que el paseo que se perdieron hoy se va a realizar en un par de días, los ayudará a aliviar su tristeza.

Cuando el auto se rompe, o cuando recibimos una llamada muy importante en el momento no indicado, o cuando estamos trancados en el tráfico y no podemos llegar a casa a tiempo, eventualmente tu hijo te recibirá no con culpa, sino con desilusión acompañada y con el afán de encontrar la primera oportunidad para cumplir con la promesa.

6) La cuenta bancaria
Hace un tiempo, había agendado una semana de vacaciones que coincidía con las vacaciones escolares de mis hijos. El último día de las vacaciones teníamos planeado viajar un par de horas a una cueva llena de estalactitas con otras cosas oscuras y misteriosas que se pueden encontrar en una cueva.
Nos levantamos más tarde de lo planeado. Nos llevó más de lo que esperábamos preparar la comida y empacarla, ir al banco a cambiar un cheque y llenar el auto con gasolina, en una estación de servicio que estaba repleta de gente.
Para cuando llegamos por la tarde, la cueva estaba cerrada. (¿Sabías que las cuevas tienen hora de cierre?)

Viajando de vuelta por la montaña, mis hijos estaban muy enojados. Escuché su desilusión, y me quedé callado. Era momento de que ellos se descarguen, de que yo los escuche.

Su desilusión se convirtió en enojo y frustración: Era el último día de las vacaciones. No habría otra oportunidad de ir a la cueva. Todas las vacaciones se habían arruinado.

Y yo los seguía escuchando. Estas eran las voces esperadas de frustración de niños.
Pero luego, comenzaron a culparnos a mi y a mi esposa: Que nunca salimos de la casa temprano. ¿Por qué tú ni mamá pueden ser más organizados? ¿Por qué no pudieron hacer esto, o por qué siempre tienen que hacer aquello?
Así qué paré de escuchar y los hice callar. Habían pasado a la línea de la irrespetuosidad, y esto no lo toleraría.
Manejamos el resto del camino a casa en silencio. Estábamos cansados y habíamos pasado mucho tiempo en el auto. Llegamos a casa, los niños comieron y fueron a la cama.

La noche siguiente nos sentamos a cenar. Había un buen humor y hablamos sobre volver a la vieja rutina.
Luego dije: “Quiero hablar sobre lo sucedido ayer. Lamento que todos estuvieran tan desilusionados por lo de la cueva. Yo también estaba desilusionado, y siento mucho que no hayamos podido hacer todo lo que habíamos planeado. Pero creo que fueron injustos con haberle echado la culpa a mamá y a mí y por haber estado tan enojados. Hacemos lo mejor que podemos en cumplir con nuestra palabra, en hacer lo que dijimos que haríamos. Y ustedes lo saben. Pero a veces, no importa cuánto tratemos ni lo mucho que queremos que las cosas salgan bien, nuestros planes no funcionan. Y yo creo que ustedes pueden entender esto”.
Expliqué que estaba bien que ellos estén desilusionados. Está bien estar frustrado y triste. Pero no está bien culparnos y criticarnos.

Luego, abrí la cuenta bancaria de promesas anteriores que cumplí: “Saben que hacemos lo mejor en cumplir con nuestra palabra, y la mayoría de las veces lo hacemos, ¿verdad?”. Todos estuvieron de acuerdo.
No abrí la cuenta bancaria ayer en el momento de enojo porque no hubiera sido escuchada o podría haber sido percibida como una manera de manipular sus emociones.

Y no abrí la cuenta bancaria de promesas cumplidas para defender o justificar.
Abrí la cuenta bancaria para crear un “momento enseñable”. Y la mayoría de los momentos sólo son enseñables cuando la calentura de la emoción ya pasó. Un momento de enseñanza atenta en afectar el futuro. Creí necesario reafirmarles a mis hijos que mi esposa y yo somos gente que intentan y quieren cumplir con sus palabras. Y después de todo este tiempo, con tantas promesas cumplidas, esperábamos alguna confianza bien ganada por parte de nuestros hijos. Y esperábamos la paciencia y el entendimiento que viene con esa confianza.

Para cuando finalizó la cena, todos estábamos de acuerdo en que cuando tenemos planes para un día todos precisamos salir de la casa más temprano para asegurarnos que nuestros planes no se van a arruinar en el camino.

Beneficios y Conclusiones
Cambiar las expectativas de nuestros hijos y la respuesta a su desilusión y cultivar el carácter de la confianza en ellos, son dos de los beneficios de cumplir con nuestra palabra. Pero si esa es nuestra motivación principal, entonces no va a funcionar, ni para nosotros ni para ellos.
Los niños son muy sensibles a nuestra autenticidad. Saben inmediatamente cuándo nuestro comportamiento es una máscara que vestimos para su beneficio. Si la confianza y el cumplimiento de la palabra es importante sólo como un mecanismo para desarrollar ésta característica en ellos, entonces sabrán y se sentirán manipulados. Pero si la característica la valoramos realmente, y es muy importante para nosotros, entonces ellos también percibirán esto, y querrán ser como nosotros.

Seremos el espejo en lo que ellos verán su ser digno de confianza.

Ya sea que nuestro resultado deseado es aflojar los temperamentos o evocar y nutrir las características de la confianza en nuestros hijos, debemos comenzar con nosotros mismos. El ingrediente más importante para el éxito es la entrega del corazón, el verdadero deseo y compromiso de ser una persona que cuida su palabra.

Siempre les estamos diciendo a nuestros hijos (y a nosotros mismos) cómo ellos (y nosotros) “deberíamos” ser: Más virtuosos, más honestos, más confiables, pacientes, y sensibles con los otros.
Pero los niños raramente aprenden de los “deberían”. Un “debería” asume una falta, una deficiencia. Carga un mensaje no hablado de que la cualidad deseada no existe aún. Engendra una respuesta inmediata de culpa y defensa.

En verdad, un niño posee el potencial para cada virtud (o su opuesto), para cada comportamiento posible (deseable o no). Los que valoramos no precisan ser instalados, sólo precisan ser extraídos y animados. La capacidad de ser confiable ya existe en nosotros y en nuestro hijos. No precisamos crearla: sólo precisamos reconocerla, nutrirla, esperarla y alabarla.
Nunca podremos animar una característica del carácter de nuestro hijo que no poseemos y demostrarla en nuestro propio comportamiento. Y nunca podremos desarrollar una característica del carácter en nosotros mismos por el bien de nuestro hijo, debemos hacerlo por nuestro propio bien.

Debemos enseñar y practicar el valor de la confianza porque es la mejor manera para nosotros de ser.

Habrá muchos beneficios a este enfoque de “cumplir con tu palabra”. Habrá resultados rápidos y prácticos, como ser, evitar rabietas. Y habrán resultados agradables a largo plazo cuando veamos a nuestros hijos crecer, siendo pacientes, honestos y gente confiable. Nosotros no inculcamos estas características en nuestro hijo: Sólo Di-s puede hacerlo. Pero nuestro ejemplo les permite sacar adelante estas muy recomendables características de ellos mismos.

Por Jay Litvin

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