Educación adulta

“Estas palabras que Te ordeno este día deben quedar en tu corazón, y debes enseñárselas a tus hijos” (Deuteronomio, 6:6-7)

El Judaísmo le da un lugar primordial a la educación. Los versículos de las Escrituras que cargan a los padres con la responsabilidad y el privilegio de
educar a las generaciones venideras, son recitados varias veces todos los días como parte del Shemá.
De hecho, el Talmud (Shabat 119b) declara que el
estudio de la Torá que emana del “suspiro puro sin pecado” de los niños, no debe interrumpirse incluso para el propósito de la construcción del Templo Sagrado. La tradición judía de abrir escuelas gratuitas es anterior a todas las otras instituciones por muchos siglos (lo que haya sucedido con las escuelas judías gratuitas es una pregunta aparte). Mucho antes de que la “reforma del sistema educativo” se haya convertido en la promesa más gastada de las campañas, los padres judíos daban todo para asegurarse que sus hijos recibieran por lo menos una educación rudimentaria. Y en otras muchas áreas, la educación es un área en donde la guía de la Torá ha causado que seamos una luz entre las naciones. Por ello, es simplemente natural que nos fijemos en la Torá para encontrar una revelación sobre este tema.

Se espera que un adulto se comporte apropiadamente porque entiende y aprecia la importancia de hacerlo. Un niño, por el otro lado, no puede confiarse en que haga lo correcto simplemente porque sea correcto; lo que se precisa es insistirle. Una educación balanceada incorpora recompensa y halagos así como también elementos disuasivos. Lentamente, cuando el niño madura, se lo va dejando libre, y se lo insta a caminar por el camino de la vida por sí mismo.

El Rey Salomón, el “hombre más sabio de todos”, también agrega sus comentarios a este tema crítico: “Educa al niño de acuerdo a su camino, para que cuando crezca no se desvía de él”. El significado simple de esta sabiduría es que el mensaje permanecerá en el niño mucho después de que supere y finalice con los métodos educacionales. Mucho después de que haya terminado de colorear los libros, las lecciones enseñadas por esos libros permanecerán grabados en su memoria. Sin embargo, un significado más profunda de este versículo es: Cierto, la educación es primordial para el joven, pero tén en mente que “Educar a un niño de acuerdo a su camino, para que cuando crezca, no se desvíe de él”, “de él”, se refiere a “su camino”, la manera en la que un niño debe ser educado. Los principios básicos de la educación permanecen relevantes a cualquier edad.

Dentro del marco de la vida diaria, todos tienen responsabilidades; dentro del trabajo, y dentro de la familia también. Demasiada frustración (y la resultante falta de productividad), es causada por una parte que siente que su contribución no es apreciada debidamente. La otra parte siente que la gratitud debe ser reservada para esfuerzos “especiales”. En verdad, nadie hace las cosas para que lo alaben y lo aprecien. Ejecutamos nuestras responsabilidades porque debemos hacerlo, pero el “niño adentro nuestro” todavía precisa reconocimiento y aprecio.

De manera similar sucede cuando nuestra relación con Di-s madura. Comenzamos a apreciar los beneficios de llevar una vida espiritual iluminada por la Torá y las Mitzvot. Nuestro papá no nos tiene que forzar a salir de la cama para ir a la sinagoga en Shabat, ¡sino que se convierte en el punto más elevado de la semana. Sin embargo, nuestra relación con Di-s no puede estar totalmente basada en nuestra búsqueda personal de espiritualidad. Debemos siempre tener en mente que más allá que lo disfrutemos o no, (indudablemente hay momentos en los que no disfrutamos), estamos obligados a cumplir con nuestra Misión Divina.

Por Naftali Silberberg

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