Brillante no significa sabio

¿Qué es ser niño? ¿Qué es ser padre? ¿Quién es responsable de quién? Muchas preguntas, una interesante respuesta…

Un niño necesita saber que es un niño con el fin de tener una base sobre la cual construir una exitosa vida adulta. Tratar a un niño como un adulto no ayuda realmente al niño a crecer.
A veces los niños son muy brillantes y perceptivos, y podemos cometer el error de pensar que son sabios. Podemos tratarlos como compañeros. Pero, por definición, las opiniones del niño, no importa lo brillante que sean, no son sabias. No se basan en el tipo de conocimiento que el judaísmo llama daat. Daat es una madurez de la mente, la capacidad de hacer conexiones y percibir las consecuencias de las propias ideas, pero sin daat, esas ideas no se conectan con el mundo real.

Un niño antes de Bar o Bat Mitzvá, no es un Bar Daat. Ellos pueden tener un montón de sentido e inteligencia, pero no daat. Es por eso que su comportamiento no corresponde necesariamente con su nivel de comprensión. Así que si quieres compartir el conocimiento con un estudiante de segundo grado, enséñale matemáticas de octavo grado. Pero nunca discutas las reglas básicas de comportamiento, que pertenecen estrictamente a la esfera del adulto que tiene daat, y ha aprendido sabiduría de la experiencia.

Hay una cierta comodidad para los niños al saber que pueden escuchar y confiar en el juicio de un adulto. Si un niño gana un debate con los padres, no sólo los padres estarán angustiados, sino también
el niño. Eso no significa que tienes que estar en desacuerdo con ellos. Si vienen con una buena sugerencia, escucharlo y realmente tenerlo en cuenta. Puedes decir: “Pensé en lo que sugeriste y decidí que debemos hacerlo”. Sin embargo, la decisión sobre qué hacer tiene que ser tuya.

Nunca digas: “Está bien, tienes razón”. Eso los deja con la responsabilidad de su juicio, cuando eres tú el que debe asumir la responsabilidad. Y si actúas de tal forma, y no funciona, continúa tomando
la responsabilidad. Felicita a tu hijo por la idea, pero proporciona la seguridad de saber que un adulto le dio la aprobación final.

Esperamos demasiado y muy poco de nuestros hijos, mezclando la maduración normal con el desarrollo moral. Hay una gran diferencia entre el comportamiento que refleja un niño siendo un niño, y el comportamiento que no es apropiado para un niño. Una de las cosas más frustrantes en la crianza de los hijos es cuando le dices a un niño algo una y otra vez, y sigue haciéndolo. El comportamiento inadecuado debe ser detenido, pero si el niño se esta comportando como un niño, según tus expectativas, entonces cambia tus expectativas.

Asegúrate de no hacerlo al revés. Están los padres que saben que el niño miente y exagera, y lo dejan pasar. Si el mismo niño toma unas galletas cuando no se supone que lo deba hacer, o derrama
algo en la mesa, es un desastre y recibe una paliza. Que un niño no pueda ensuciar y no pueda tomar galletitas, es normal.
Pero si un niño está mintiendo, no corresponde dejarlo ir, diciendo: “No es más que un niño, lo superará”.Porque los adultos también mienten. Puedes estar seguro de que el niño superará el jugo
sobre la camisa, pero él o ella pueden llegar a no superar la mentira nunca.
Cuando se trata de moralidad, tenemos que crear expectativas y tenemos que tener el valor de ponerlas en práctica. Hasta un niño bueno, con buenas ideas, necesita tu autorización para ser capaz de
hacer lo que es correcto. Decirles lo que es correcto no es suficiente porque ya lo saben, ya se lo dijiste. Lo que les falta es daat.

Si constantemente rechazas un mal acto, como mentir, entonces el niño se da cuenta de que lo que estuvo diciendo no es sólo teoría. Es la verdad, la manera de ser. Si una madre se horroriza porque el
niño hizo algo malo, eso es lo que el niño necesita ver. No necesita que le digan que está mal. No después de la primera vez.
Los ideales eventualmente se convierten en el del propio hijo. Pero hasta que eso ocurra, el niño sigue siendo como es. Eso es lo que significa que eres responsable por los pecados de tus hijos hasta que
sean bar o bat mitzvá. El equilibrio correcto de mantener es el de reconocer que el niño puede adoptar un comportamiento inmoral como la mentira, pero también reconoces que ahora es el momento de empezar a cambiarlo.

Cuando pensamos en esto, esta es la técnica de crianza, por decirlo así, que Di-s usa con nosotros. Tres mil trescientos años y un poco atrás, Di-s nos dijo que no mintiéramos. Después de eso, nos envió
un profeta. Una y otra vez, cientos de profetas vinieron a decirnos: “Hagan lo que les dijeron. Cumplan los mandamientos”. Di-s sabe que, incluso después de que nos enseñó el bien y el mal, no vamos a hacerlo bien, somos hijos y somos humanos. Así que Él lo repite, pero no nos echa de la casa. Tenemos que hacer lo mismo con nuestros propios hijos: enseñarles el bien del mal cuarenta veces, pero no te sorprendas de que todavía no hayan cambiado. En última instancia, van a cambiar. Nuestra frustración con los niños que siguen siendo niños después que les dijimos cuarenta veces que algo no es kosher. No tenemos el derecho de quitarle a nuestros hijos su infancia.

Cuando pensamos en esto, esta es la técnica de crianza, por decirlo así, que Di-s usa con nosotros. Tres mil trescientos años y un poco atrás, Di-s nos dijo que no mintiéramos. Después de eso, nos envió un profeta. Una y otra vez, cientos de profetas vinieron a decirnos: “Hagan lo que les dijeron. Cumplan los mandamientos”. Di-s sabe que, incluso después de que nos enseñó el bien y el mal, no vamos a hacerlo bien, somos
hijos y somos humanos. Así que Él lo repite, pero no nos echa de la casa. Tenemos que hacer lo mismo con nuestros propios hijos: enseñarles el bien del mal cuarenta veces, pero no te sorprendas de que todavía no hayan
cambiado. En última instancia, van a cambiar. Nuestra frustración con los niños que siguen siendo niños después que les dijimos cuarenta veces que algo no es kosher. No tenemos el derecho de quitarle a nuestros hijos su infancia.

Rabbi Manis Friedman

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