La importancia del Precepto de hospitalidad

La importancia de la mitzvá “hajnasat orjim” (hospitalidad) es tan antigua como el primer judío que existió en la tierra, Abraham Avinu…

El, se destaca dentro de la Torá no solo por el hecho de haber sido un hombre de fe sino también por su enorme bondad (jesed). Los comentaristas de la Torá nos cuentan que solía sentarse en la entrada de su tienda preparado para darle la bienvenida a cualquier forastero. Mientras se esforzaba al máximo por hacer que su huésped se sintiera a gusto, cubriendo todas sus necesidades, también se encargaba de fomentar la espiritualidad de la persona a través de su deslumbrante bondad. Ciertamente, vemos que Abraham y Sará, con su ejemplo y enseñanza hicieron que cientos de hombres y mujeres siguieran el camino de Hashem. Se desprende tan naturalmente, el profundo amor hacia el judaísmo y hacia los otros iehudim, en la mitzvá de hajnasat Orjim, que es este un precepto que ocupa un lugar central en la religión.
Los judíos siempre necesitaron de la hospitalidad de otros judíos para sobrevivir y mantener su religión. Los ayudó a sobrevivir durante los oscuros años de persecuciones, en donde esta mitzvá no solo fue un condimento espiritual sino que les permitió la supervivencia física. Nuestras fuentes históricas abundan en historias que nos cuentan sobre nuestros sabios, que aún extremadamente empobrecidos realizaban actos sobrehumanos para poder recibir invitados en Shabat.
Durante la existencia de la Unión Soviética y la Alemania Nazi existieron personas que realmente ponían en riesgo sus vidas hospedando invitados y realizando la cena festiva de Shabat. Los iehudim siempre supieron y se guiaron por un concepto que explica lo anterior y dice: ¿“Si solo soy para mi, que soy?”.
Sin embargo, en la mayor parte de la historia los judíos no tuvieron que respetar esta mitzvá en situaciones tan críticas como las que se mencionan anteriormente. La razón fundamental y principal de esta mitzvá es invitar huéspedes por el simple hecho de incrementar la alegría del Shabat. Una mesa rodeada por los integrantes de la familia cualquier día de la semana se ve “completa”, pero cuando esta imagen se repite el viernes por la noche, pareciera que algo faltase, se extrañan, las voces de los invitados cantando y riendo junto a nosotros, compartiendo nuestra mesa de shabat.
El invitado nos permite volvernos más concientes de la belleza y el valor educativo que tiene el Shabat. Si el invitado no es tan observante como el anfitrión habrá muchas cosas para enseñar, las cuales terminarán beneficiando, seguramente, al anfitrión también. Nos ayuda a enseñar, reformular hipótesis y volver a aprenderlas. Como dice el dicho: “ Más de los que nosotros hacemos por el hombre pobre (significando pobre tanto material, intelectual como espiritualmente), el pobre hace por nosotros.

La experiencia de recibir invitados para Shabat es invalorable para los más pequeños. Ellos aprenden con la herramienta más poderosa: el ejemplo. Logran comprender a partir de la experiencia propia que ellos poseen algo especial en Shabat, algo que las otras personas desean venir a compartir y de lo cual quieren aprender. Algunos de los recuerdos más vívidos de Nechoma son aquellos en donde su madre le explicaba a los invitados como se realizaba Netilat Iadaim (el lavado ritual de manos). Ella recuerda las preguntas que los invitados realizaban y como estas dudas, enriquecían su educación. También, observar a través de los ojos de los invitados como se realizaba el Kidush, hacia que este momento se viera, aún más hermoso.
Los chicos normalmente absorben en un porcentaje mucho mayor el contexto implícito más que las explicaciones claras y concisas que los padres enseñan. De hecho Nechoma tiene un sentido totalmente naturalizado en lo que se refiere a tener invitados en casa, el hecho de recibirlos con alegría y de respetarlos como una parte integrante de su vida. De hecho sus primer compra de recién casada fue un sofá cama para recibir a sus agasajados.
Vivimos en un mundo en el que nuestros niños se crían en general en una habitación grande y confortable, en una casa donde no existe una “habitación para huéspedes”.Esta forma tradicional de hospitalidad es rara vez experimentada y muy necesaria. Desarrolla, rápidamente, en el chico, un sentido de apertura e interés por los otros, que colabora con su educación como un ser social dentro del Judaísmo.

El comienzo
Cómo comenzar y con quién

La sabiduría convencional nos enseña que aquel que comienza a innovar trayendo invitados a su hogar debe comenzar modestamente y de a poco. Pero existe también otra escuela de pensamiento que nos evoca un concepto completamente contrario, un acercamiento directo con la mitzvá. Conversamos con anfitrionas que comenzaron practicando la invitando gradualmente distintas personas y, con otras, las cuales directamente abrieron completamente las puertas de su hogar a los huéspedes. Los dos grupos estaban satisfechos con la decisión tomada . La decisión por supuesto depende de la disposición de la mujer y de las expectativas que poseen los otros integrantes da la familia.
Mucha gente, especialmente aquellos que poseen recuerdos de un hogar en donde no se le daba importancia a la mitzvá de ajnasat Orjim, encontrarán, probablemente más apropiado seguir un acercamiento más gradual.
Ahora ya estás lista para recibir a tus primeros invitados. Si te pone muy nerviosa el hecho de invitar mucha gente, comenzá con algo pequeño. Chana, por ejemplo comenzó invitando regularmente al amigo de su hijo más pequeño al almuerzo de Shabat. Invitar un pequeño de siete años no es tal vez el cimiento para la mitzvá de ajnasat orjim pero si es el comienzo. Luego una mañana en el Shul a Chana le surgió espontáneamente la idea de invitar a una madre divorciada con su pequeño hijo a almorzar. Chana entabló conversación con la madre y esto la motivó a invitarla a almorzar y conocerla un poco más. El hecho de que sus hijos eran amigos en el colegio fue uno de los factores que también colaboró. La situación fue muy cómoda. Nadie tenía grandes expectativas ya que todo había surgido de una invitación espontánea, el poco pretencioso Cholent (guiso tradicional de shabat) era perfecto para aquella ocasión. Si hubiera sido una invitación planificada Chana hubiese estado inquieta muchos días antes, cocinando para aquel el día.
Este es uno de los acercamientos que puedes hacer. Comenzar invitando un niño o uno o dos invitados con los que mantengas una buena relación. Hallarás más fácil hospedar solo dos personas por vez, especialmente si tiene niños pequeños. Gradualmente, y tomando todo el tiempo que necesites, irás abriendo tu casa, más invitados por más tiempo y más frecuentemente. Finalmente y aunque te parezca difícil de creer ahora, encontrarás que te habrás convertido en una genuina “Baalat Hamitzva,” una mujer cuyo hogar está abierto a cualquier judío que requiere la hospitalidad del Shabat.
Del mismo modo se puede ir creciendo en cuanto a invitados se refiere. Naturalmente comenzarás invitando aquellos con los que más cómoda te sientes. Luego invitarás gente a la cual, tal vez no conozcas tanto. Deben ser , no obstante personas que puedan contribuir a la esencia del Shabat. Los buenos amigos pueden esperar a ser invitados cualquier día en la semana. Finalmente cuando ya te sientes segura en la observancia del Shabat y ya has experimentado bastante como anfitriona puedes incluir en tus invitaciones a estudiantes, recién llegados, gente nueva del barrio, y a todos los nuevos integrantes que descubras en la comunidad.
Esta es la manera más conveniente de comenzar con las invitaciones para Shabat. Aunque otros como Malka, sin embargo, recomiendan hacer lo contrario, simplemente “dar el gran salto”. El agua esta a la temperatura justa solo ¡tirate a la pileta!. “Yo estaba un poco nerviosa al principio pero logré superarlo rápidamente”comenta ella. Siento que el resultado del progreso fue mucho mayor, y no hubiese sido igual si hubiera hecho las cosas gradualmente…

Aún no hay comentarios

¡Sea usted el primero!

Complete el formulario siguiente para comentar.

Deje un comentario