La diversidad cultural y la torre de Babel

Un anochecer de entre muchos, regresando a mi hogar luego de una jornada de trabajo, estaba planificando el menú de la cena, al igual que cientos de miles de mujeres que meditan acerca de la trascendental comida que servirán a sus seres queridos. Decidí que pescado era una buena idea, pero para darle color y un toque de originalidad podía agregar sushi (con componentes kasher, por supuesto). Repasé mentalmente la lista de ingredientes y supe que me faltaba el arroz especial y la salsa de soja. Desvié mis pasos al supermercado más cercano, y allí cargué en mi canasto ambos ítems.

Ya en la línea de la caja rápida, sin quererlo, reparé en la persona que estábate delante de mí. Observé que era un hombre ya mayor, de origen asiático y de inmediato miré mi canasto y luego el de él, asumiendo que llevaríamos elementos parecidos. Para mi sorpresa, su carrito contenía una cantidad de carne de asado, vino tinto y cerveza. Bueno, pensé divertida, soy judía, descendiente de rusos, segunda generación en la Argentina, y estoy preparando sushi que incluso será comido con palitos. Este señor, muy lejos de nuestro menú de esa noche -a pesar de sus raíces- disfrutará de un vernáculo asado. Una verdadera Torre de Babel. Claro, porque la tan famosa diversidad cultural en el ámbito mundial y las diferentes culturas existentes, nacen en este espectacular y gigantesco rascacielos bíblico descripto en la Parshá de Noaj.

Hoy, muchos estados y organizaciones consideran que la multiplicidad cultural es parte del patrimonio común de la humanidad y tienen políticas favorables al respecto. En ese entonces, todos los habitantes del planeta prefirieron vivir en un sólo lugar. El hablar un sólo idioma facilitaba las cosas. Pero el Plan Divino era otro. El mundo era grande y debía poblarse. Para que desde los cuatro puntos cardinales se enalteciera Su Nombre. Un intelectual de la época, de apenas 48 años, trató de explicárselos. Se llamaba Abram (después universalmente conocido como Abraham). Todavía no podían comprenderlo. Para esparcirlos, Di-s hizo que cada familia hablara de manera distinta. Allí nacieron las diferentes lenguas y con ello, la diversidad cultural. Pero esta pluralidad, sin embargo, tenía un objetivo en común. Que cada ser humano lleve a cabo fue la misión que le fue adjudicada: Hacer de este hermoso mundo una morada apta para la Presencia Divina.

Y ¿Cómo? Nosotros los iehudím, recibimos los 613 Preceptos de la Tora. ‘Los no judíos, los 7 Preceptos Universales y todos sus detalles, a través de Noaj. Cada uno desde su lugar, trayendo luz y energía positiva a su alrededor. Desde entonces, la humanidad ha crecido y recorrido un largo camino. Existen innumerables culturas, cuantiosos idiomas y dialectos. Un sin número de comidas típicas. Muchas cosas han cambiado desde entonces. Muchas otras, no tanto. Pero el llamado de Abraham permanece intacto. Ése que habla de conocer y buscar a Di-s en todos nuestros caminos. Ese que nos llevará a llegada del Mashíaj.

MIRIAM KAPELUSCHNIK
N.d.R: El sushi salió bárbaro e imagino que el asado del señor que inspiró esta nota fue un éxito también.

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