Hermanos de Sangre

Mel Brooks en una de sus rutinas de “Two thousand Year Old Man”, tiene una línea en el que le piden que defina “tragedia”.
“Digamos que me estaba por cortar mi dedo, bueno, es trágico, terrible. ¡Me duele! Pero si veo que una persona se tropieza y cae muerto en el acto, ¿qué me importa? No es mi problema”
Compara eso con el versículo que dice “Ama a tu semejante como a ti mismo, Yo soy tu Di-s” (Levítico 19:18) Esto demanda de nosotros que demostremos amor hacia otro judío de la misma forma que nos queremos a nosotros.

¿Cómo es posible amar al otro como a uno mismo? Recordando que Yo soy tu Di-s, igualando el acto de amor de uno hacia su hermano con el amor hacia Di-s. La conexión del alma de un judío con Di-s, esta replicada en la conexión entre judíos. Rechazar a un judío es equivalente a rechazar a Di-s.

¿Cuál es tu prioridad?
Dibuja en tu mente un retrato de ti mismo. Ahora agrega en tu imagen a un Judío Yeminita con piel oscura, luego a un Jasid con su uniforme. Introduce un etíope, un turista Americano y un granjero Israelí.
¿Qué tienen que ver todas estas personas contigo? No compartes el lenguaje, la cultura ni pigmentación con ninguno de ellos. Sin embargo, son familia. Cuando algo malo les pasa, Di-s no lo permita, esa conexión despertará en ti para ayudarlo.
Piensa en tu familia. La relación con tus hermanos es absoluta. Compartimos la sangre, padres y genes. Vivir en diferentes países no destruirá esa conexión.
Similarmente ocurre con los judíos. Nuestras diferencias son físicas, nuestras cosas en común son espirituales. Superficialmente podemos vernos diferentes, pero nuestro común denominador es nuestra alma. Nuestra alma Judía es una parte indiferente de Di-s. Desde la perspectiva del alma somos más que hermanos, sino gemelos idénticos, con una padre en común, Di-s.
Cuando el énfasis de uno es el alma, entonces podemos realmente lograr armonía entre todos los judíos. El idéntico ADN espiritual que tenemos, es el código de nuestro destino en común y de poder sentir el amor y parentesco que uno tiene con otro judío. Vivir en diferentes países no destruirá esa conexión.
Similarmente ocurre con los judíos. Nuestras diferencias son físicas, nuestras cosas en común son espirituales. Superficialmente podemos vernos diferentes, pero nuestro común denominador es nuestra alma. Nuestra alma Judía es una parte indiferente de Di-s. Desde la perspectiva del alma somos más que hermanos, sino gemelos idénticos, con una padre en común, Di-s.
Cuando el énfasis de uno es el alma, entonces podemos realmente lograr armonía entre todos los judíos. El idéntico ADN espiritual que tenemos, es el código de nuestro destino en común y de poder sentir el amor y parentesco que uno tiene con otro judío.

Por: Elisha Greenbaum

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