El prometido

Uno de los misterios de la vida es que nuestras ruinas son las cosas ordinarias y mundanas. Una misma persona es capaz de pensar los más nobles pensamientos y hallar las creaciones más inspiradoras, y encuentra muy difícil resistirse a una galletita extra o a un dólar cuestionable. ¿Por qué es más fácil desarrollar nuestra potencial espiritual que adquirir dominio sobre nuestro ser físico?

Las enseñanzas Jasídicas explican este fenómeno como si fuera un tema cronológico. Los deseos físicos de una persona son suyos desde que está en el útero, mientras que sus facultades espirituales se desarrollan más adelante en su vida. Lo mismo es cierto en un nivel cósmico: la vitalidad espiritual de nuestro mundo, así como nuestras propias almas, surgen del mundo de Tikun, que es una fase más “reciente” de la creación de Di-s, mientras que la sustancia física del universo, es el residuo del mundo primordial de Tohu, el mundo volátil que se autodestruyó cuando se vio que su vitalidad era demasiado potente para sus propios parámetros definidos. Así es que el esfuerzo de auto imponerse a los deseos e inclinaciones primordiales físicas, puede resultar ser una labor extremadamente difícil para los poderes espirituales “recientes” del hombre.

Dos grados de Relación
En el capítulo 30 de Números, la Torá discute las leyes pertinentes a la anulación de promesas. Una de las maneras en la que una promesa puede ser anulada es a través del marido, quien tiene la autoridad de declarar las promesas de su mujer, como nulas y abolidas.
La Torá diferencia entre dos categorías de lo que es un esposo: un “arus”, o prometido”, y un “baal”, un marido. Bajo la ley de la Torá, el matrimonio consiste de dos partes. Primero viene el compromiso (erusin), en la que la novia queda “prohibida para el resto del mundo”. Y desde este punto, un hombre que tiene relaciones con ella, está transgrediendo la prohibición de adulterio, y para disolver un compromiso se precisa un guet (acta de divorcio), como si se tratara de un matrimonio completo. El compromiso, sin embargo, sólo establece la parte prohibitiva del matrimonio (la exclusión de la relación con cualquier hombre), pero no la parte sustancial de la relación misma, o sea, las dos partes no pueden vivir juntos como si fueran marido y mujer. Esto se logra a través de la segunda parte del matrimonio, el “nisuin”, que califica al hombre y a la mujer como “una sola carne”. En los tiempos Bíblicos y Talmúdicos, el “eirusin” y “nisuin” eran celebrados en dos ocasiones separadas, así que durante cierto tiempo (generalmente un año), el novio y la novia estaban bajo las prohibiciones del matrimonio, pero todavía no empezaban su vida juntos. En este período, el novio es llamado un “arus”; y luego del nisuin, asume el status de “baal”.

En relación a la anulación de las promesas, el arus y el baal difieren en dos aspectos. El Baal tiene la autoridad de anular las promesas de su mujer por él mismo, mientras que un arus puede hacerlo sólo junto al padre de la novia. Por el otro lado, también hay un área en la que la autoridad del arus es mayor que la del Baal; el baal sólo puede anular promesas hechas por su mujer después del matrimonio (nisuin), mientras que un arus puede revocar promesas anteriores, incluyendo aquellas hechas por su novia antes del compromiso.
El Talmud explica que estas dos leyes son interdependientes. Siendo que la habilidad de baal de anular las promesas de su mujer derivan únicamente de la relación que hay entre ambos, no tiene autoridad pues, sobre otras promesas hechas por su esposa antes de que se materialice esta relación. Y, siendo que la autoridad del arus está en conjunción con la del padre, entonces, se extiende tanto como la autoridad del padre.

La vida negativa
No hay dos seres humanos que vivan la misma vida. Como dice en el Talmud: “así como dos rostros son diferentes uno del otro, las mentes difieren una de la otra”. Sin embargo, nuestros Sabios describen dos tipos básicos de individuos y estados. Cada persona “recae” en uno de estos dos tipos básicos. Maimónides las refiere como “perfectamente piadoso” a uno de ellos, y “aquél que conquista sus inclinaciones”, al otro. En el Tania, Rabí Shneur Zalman de Liadi los llama “Tzadik ” y “Beinoni”. Nosotros podemos llamarlo “la personalidad del Baal” y la “personalidad del Arus”.
La “Personalidad del Arus”, es uno que toda su vida lucha contra la maldad. Siendo que está constantemente peleando lo negativo de él y del mundo, tiene muy pocas oportunidades para cultivar el bien. Es como si fuera el arus y su novia, cuya relación se define únicamente por lo que debe ser repudiado y resistido.
La “Personalidad del Baal” va más allá de esto. El lado oscuro de la naturaleza humana no lo espanta y la seducción de la maldad no lo tienta. En vez de esto, dedica su vida al desarrollo de la bondad Divina y de la perfección implícita en la creación de Di-s. Es como el Baal con su mujer, cuyo matrimonio ha progresado más allá de la exclusión de todo lo que es perjudicial para su relación, hasta darse cuenta de su unión y de generación de una descendencia.

Moral y espiritualmente, el Baal se sostiene en sus dos piernas, seguro en donde está, inmune a las fuerzas que amenazan la integridad del arus. El Arus, por el otro lado, sabe que no puede hacerlo por sus propios medios, que si “Di-s no está ayudándolo, no podría derrotar a la mala inclinación”. Todo lo que logra es “en conjunto con el padre”, es completamente dependiente de su Padre en los Cielos para poder ganar en la batalla de la vida.

Pero en las limitaciones del arus, se encuentran sus fuerzas. El Baal puede ser soberano en su mundo espiritual, pero le falta la capacidad de lidiar con lo que le precede, su alcance no se extiende al mundo volátil de Tohu. Es el arus quien, junto con la autoridad del padre, enfrenta la fuente primordial de energía que está atrapada en la realidad física. Puede no ganar nunca la batalla, pero su mismo compromiso de su adversario, hace que tenga un conocimiento más profundo y más potente del propósito Divino de la creación.

Basado en las enseñanzas del Rebe de Lubavitch.
Extraido y adaptado de meaningfullife.com

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