…y honrarás la vida

Los judíos tenemos el mandato de honrar y valorar escrupulosamente la vida desde que ésta fue creada, hace casi 6.000 años, tanto la humana como la del resto de los seres y ello se manifiesta de muchas formas en la mayoría de nuestros preceptos, costumbres y tradiciones. Cada acción que se nos pide hacer a lo largo de nuestra vida, está destinada a ennoblecer y honrar el regalo Divino de nuestra existencia. Dicen nuestros sabios que dejar transcurrir los años simplemente, sin un propósito elevado y altruista, no es algo significativo y explican que la felicidad proviene de experimentar hasta dónde, podemos desarrollar exitosamente nuestro potencial para lo bueno y lo constructivo y sentir así la válida satisfacción de haberlo logrado ó al menos, de haberlo intentado.

La Torá, a través de sus numerosos preceptos, nos alienta a volvernos expertos en el cuidado, la preservación y el embellecimiento de los aspectos espirituales de cada uno de nosotros, sin descuidar nuestro cuerpo y nuestras emociones y también nos impulsa a ayudar a nuestro prójimo a lograrlo, como una misión sagrada y excluyente.

Por eso, en este momento en que estoy escribiendo esta nota, mientras muchas personas en el mundo llaman al ejército de Israel genocida y a nosotros los judíos “gente extremadamente conflictiva”, me resulta muy difícil sentir que, siendo judía, puedo ser una ciudadana más de este planeta.

Sentimos en cada célula de nuestro cuerpo, que cada uno de los jóvenes soldados que pierde su vida para defender a Israel de la insensatez y del odio, es un pedazo que se desgarra de nuestro propio cuerpo y de nuestra propia alma. Así lo sentimos, porque sabemos que todos somos UNO con Di-s Mismo. En cada nombre, en cada rostro de un soldado, reconocemos a un miembro de nuestra propia familia, de la extendida familia judía. También sentimos, una vez más, que esta familia, es la única con la cual podemos contar y de la que podemos formar parte realmente.

¿O acaso no estamos en estos días, experimentando una tremenda separación emocional y hasta física, entre nosotros, los judíos que entendemos, sentimos y amamos las razones de Israel y las demás personas, que no las entienden, no las aceptan ni creen en ellas? ¿Cuántas personas conocidas, con las que usualmente nos relacionamos ó que parecían ser nuestros amigos, se nos acercaron ó nos enviaron emails diciendo que comprenden la situación y apoyan al pueblo judío en su necesidad y su derecho a vivir como cualquier otro pueblo de la tierra?

“Sean una luz para las naciones”, dice Hashem al pueblo judío y el pueblo judío intenta iluminar a su alrededor de todas las maneras posibles, con sus constantes y geniales ideas creativas que benefician al mundo, pero igual nos llaman genocidas.

Mostramos que para nosotros, cada miembro de nuestro pueblo es un diamante único e irreemplazable, como decía el Rebe, al aceptar pagar el más alto precio que se nos pida, por el rescate de un solo soldado de Israel, pero igual nos llaman criminales.

Aún en medio de la ferocidad inevitable de cualquier guerra, intentamos proteger y amparar a los inocentes del otro bando (¡¿qué otro pueblo hace algo así?!), pero igual nos llaman asesinos despiadados.

Tratamos de ser flexibles y contemporizadores, de escapar a los conflictos maliciosos con los cuales intentan enredarnos nuestros enemigos, pero igual nos llaman nazis ó fascistas.

Queremos desesperada y definitivamente la paz y nos empujan permanentemente a hacer la guerra.

Israel trata de convivir en un vecindario con gente que se comporta como verdaderos psicópatas antisociales e irracionales y el resto del mundo que observa, no termina de convencerse de esta realidad y la critica porque “Israel no hace lo suficiente para lograr una buena convivencia”. Aún no quieren ver, que para estos señores, las vidas humanas son simples escalones a pisotear, en la búsqueda de una utopía disparatada.

Estamos peleando, en pleno siglo 21, la guerra más primitiva entre la luz y la oscuridad, entre la cordura y la locura, entre la sensibilidad y la brutalidad extrema, entre el deseo de incluír y el egoísmo llevado a su grado más extremo.

Los enemigos de Israel están usando la tecnología más moderna y sofisticada, al servicio de los instintos más primigenios y básicos del mal. Continúan esgrimiendo los mismos sentimientos y argumentos que hace 100 años, que hace 1000 años ó más…

El estrés que se experimenta como miembro del pueblo judío es enorme, el esfuerzo que Israel emplea para lograr la supervivencia está al máximo, la paciencia judía ante tanta incomprensión e indiferencia del resto del mundo se está terminando, ¿qué más se puede hacer?.

La Torá nos dice que miremos dentro nuestro y que nos dejemos permear por la energía de nuestra alma, que proviene de Hashem. Nos alienta a continuar viviendo en la dimensión de la dignidad, de la nobleza y de la verdad, sin que importen las circunstancias. Nos dice que lloremos si necesitamos hacerlo, que gritemos si nos alivia y después, que sequemos nuestras lágrimas y continuemos luchando día a día para lograr nuestros objetivos vitales y trascendentes.

Algunos lo haremos con palabras, otros con armas y otros con herramientas diversas; como las células del cuerpo, cada grupo tiene una función específica y diferente, pero todas confluyen en la preservación de la vida.

La Torá nos anima a volvernos expertos en el arte de honrar y embellecer nuestra vida y nuestro entorno, a ser modelos de dignidad, recato y rectitud. A ser ejemplo para nuestros hijos, como nuestros padres y abuelos lo fueron para nosotros y como los sabios y sabias de Israel lo han sido desde los primeros tiempos para todos los judíos y también para la humanidad.

“Am Israel Jai ve Kaiam, Pueblo de Israel, Vive por siempre”

Beatriz Literat Katz

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