La canción de Miriam

Miriam la profetiza…tomó los tamborines en sus manos; y todas las mujeres la siguieron con tamborines y danzas. Y Miriam las llamó: “Canten a Di-s…” Éxodo 15:20-21

No cantamos cuando estamos asustados, desesperados, dormidos, o luego de una comida pesada. Cantamos cuando suspiramos por alguien a quien amamos, cuando esperamos tiempos mejores, cuando celebramos un logro o anticipamos una revelación.
No cantamos cuando estamos complacientes. Cantamos cuando nos esforzamos por algo, o cuando hemos probado la alegría y sube hasta los cielos.
El canto es una plegaria, el intento por elevarse por encima de las preocupaciones mezquinas de la vida y unirse con la fuente de uno. La canción es la búsqueda de la redención.

El Midrash enumera diez canciones preeminentes en la historia de Israel, diez ocasiones en las que nuestra experiencia de redención encontró su expresión en la melodía y el verso. Las primeras nueve son: la canción cantada en la noche del Éxodo en Egipto, la “Canción en el mar”, la “Canción en el Pozo”, la canción de Moshé al completar la escritura de la Torá, la canción con la cual Iehoshúa paró el Sol, la canción de Deborá, la canción del Rey David, la canción durante la dedicación del Templo Sagrado, y el “Cantar de los Cantares” del Rey Salomón, que trata sobre el amor entre el novio Divino y Su novia Israel.
La décima canción, dice el Midrash, será Shir Jadash, la “nueva canción” de la última redención: una redención que es global y absoluta; una redención que aniquilará todo sufrimiento, ignorancia, celos y odio de la faz de la tierra; una redención de tales proporciones que el anhelo que evoca, y la alegría que trae requiere de una nueva canción: un lenguaje musical completamente nuevo que capture la voz de los últimos esfuerzos de la Creación.

Repetición
La más conocida de las diez canciones de redención es Shirat Haiam, la “Canción en el Mar”, cantada por Moshé y los hijos de Israel al cruzar el Mar de los Juncos. Recitamos esta canción cada mañana en nuestras plegarias y es leída públicamente en la sinagoga dos veces al año: el séptimo día de Pesaj (el aniversario de la partición del mar y el día en el que se compuso dicha canción), y en la porción semanal de la Torá, Beshalaj, en Shabat. (Este Shabat es conocido como “Shabat Shirá”, “Shabat de la Canción”).
La Canción en el Mar alaba a Di-s por Su milagrosa redención de Israel cuando partió el Mar y ahogó a los Egipcios que los perseguían, y expresa el deseo de Israel, de que sea Di-s el que los diriga a su tierra y que Su presencia more entre ellos en el Templo Sagrado. Concluye con una referencia acerca de la última redención, cuando “Di-s reinará para toda la eternidad”.
Actualmente, hay dos versiones de la Canción en el Mar; una versión masculina y otra femenina. Luego que Moshé y los hijos de Israel cantaron su canción, “Miriam la profetiza, la hermana de Aarón, tomó el tamborín en sus manos; y todas las mujeres la siguieron con sus tamborines y sus danzas. Y Miriam las llamó; “Canten para Di-s, ya que Él es el más exaltado; caballo y jinete Él hundió en el mar…”
Los hombres cantaron, y luego lo hicieron las mujeres. Los hombres cantaron, y luego las mujeres cantaron, bailaron y tocaron los tamborines. Los hombres cantaron-expresaron su alegría por su liberación, su deseo por una redención más perfecta, pero algo faltaba. Algo que sólo la canción de la mujer podía completar.

Sentimiento y Fe
Miriam, la hermana mayor de Moshé y Aarón, presidió en la repetición femenina de la Canción en el Mar.
Miriam, llamada “Amargura” ya que cuando nació, el pueblo de Israel estaba entrando a la etapa más dura del exilio Egipcio, Miriam, quien se ocupó del pequeño Moshe cuando fue puesto en una canasta en el Nilo, “se paró mirando desde lejos, para ver qué sucedería con él”.
Fue Miriam, con su pozo profundo de la sensibilidad femenina, quien experimentó de verdad la amargua del Galut (exilio y persecución). Y fue Miriam, con su capacidad de mujer de poder resistir, perseverar y tener esperanza, quien se paró sola a mirar detrás de los arbustos, incipando vida en una canasta en la orilla de un río gigante, cuya vigilancia sobre “lo que será de él” y su misión para traer redención a su pueblo nunca vaciló.

La escena de una joven mujer parada mirando la espesura de los matorrales a la orilla del Nilo, la esperanza de la redención que persevera contra la amargura del Galut en su corazón, evoca la imágen de otra matriarca que mira: Rajel. Como el profeta Jeremías describe, es Rajel quien, en su solitaria tumba en el camino desde Bet Lejem a Jerusalem, llora por el sufrimiento de sus hijos en el Galut. Es ella, más que los patriarcas hombres o líderes de Israel, quien siente la profundidad de nuestro dolor; es su intervención ante Di-s, luego de que las de ellos fallaron, la que trae la redención.

Miriam y su coro trajeron a la Canción en el Mar la intesidad del sentimiento y profundidad de la fe única de las mujeres. Su experiencia de la amargura del Galut ha sido mucho más intensa que la de los hombres, aún así, su fe ha sido más fuerte y más duradera. Así que su deseo por la redención ha sido mucho más conmovedor, así como lo fue su alegría por su realización y su esfuerzo hacia una mayor satisfacción.

Hoy en día
El gran Kabalista, Rabí Itzjak Luria (el “Arí”, 1534-1572), escribe que la última generación antes de la llegada del Mashiaj es la reencarnación de la generación del Éxodo.

Hoy, mientras nos encontramos en el umbral de la última redención, son una vez más las mujeres cuya música es la más conmovedora, cuyos tamborines son los que más ayudan, cuyos bailes son los más alegres. Hoy, como antes, la redención se llevará a cabo “por el mérito de las justas mujeres”. Hoy, como antes, el deseo de las mujeres por la llegada del Mashiaj, un deseo que es mucho más profundo que el de los hombres, y que es inspirador y elevado, forma la cadena dominante en la melodía de la redención.

Basado en una directiva del Rebe, Shabat Shira 5752 (18 de Enero, 1992).

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