Mostrar gratitud

La gratitud representa uno de los pilares sobre los que se asien­ta la sociedad humana…

Moshé y Aarón se presentan delante de Paró

Luego de que Hashem se presentara ante Moshé con la orden de que ya era hora de liberar a los judíos de la escla­vitud, éste titubeó en transmitir el mensaje a Paró, especial­mente por temor de no ser escuchado debido a su defecto en el habla. Pero su hermano Aarón hablaría por él y Paró no autorizaría a salir a los judío sino hasta después de que Di-s infligiera severo castigo a los egipcios.

Tal cual lo había ordenado Hashem, Aarón hizo muchos mi­lagros ante Paró como por ejemplo convertir una vara en ser­piente, pero los magos de Egipto realizaron los mismos mila­gros. Aun cuando la vara de Aarón se tragó a la de los ma­gos, no logró sin embargo, impresionar a Paró.

Las primeras tres plagas

Luego de advertir a Paró de lo que estaba por ocurrir, Aa­rón siguió las instrucciones de Moshé y agité su vara sobre el río Nilo. Todas las aguas en Egipto se volvieron sangre. Los peces murieron lo cual produjo un olor intolerable. Enfren­tados a una falta de agua, los egipcios se vieron forzados a rogar por ella a los judíos, ya que la plaga no había afectado sus aguas. La plaga duró siete días, pero como los magos egipcios habían reproducido el mismo milagro, Paró mantu­vo testarudamente su actitud.

Similarmente ignoró la amenaza de la plaga de ranas. Igual que antes, Aarón extendió su mano sobre el Nilo y pronto las ranas atestaron la tierra.

Esta vez Paró suplicó a Moshé que detuviera la plaga y prometió que capitularía y permitiría salir a los judíos. Entonces Moshé rezó a Di-s y la plaga cesó; no obstante, Paró se echó atrás y se negó a cumplir su promesa.

Aarón entonces sacudió con la vara el polvo y éste se convir­tió en piojos, que como enjambre se abalanzaron sobre hombres y animales. Esta vez, los magos egipcios no pudie­ron emularlo y Paró se vio forzado a admitir la superioridad del poder de Di-s. Su corazón, sin embargo, se endureció aun más contra los judíos.

Mostrar gratitud

La Torá registra que Moshé llamó a su hermano Aarón para hacer caer sobre los egipcios las tres primeras plagas: sangre, ranas y piojos. ¿Por qué Moshé confió en él aún siendo el líder elegido por Hashem para enfrentar a Paró? ¿Por qué no se encargó él mismo de mandar estas tres pla­gas? La respuesta se halla en el agradecimiento demostrado por Moshé por la ayuda recibida anteriormente. Todas las plagas hu­bieran significado una demostración de ingratitud hacia las fuer­zas que lo habían auxiliado en el pasado. Por ejemplo, la plaga de sangre arruinó las aguas; esas mismas aguas del Nilo que lo habían cobijado y gracias a las cuales pudo salvar su vida. Del mismo modo, las plagas de ranas y piojos surgieron de la tierra y fue el propio polvo, el que lo protegió de la vista del capataz que él había asesinado. Por ser la tierra y las aguas elementos que habían sido beneficiosos para él, Moshé mostró su gratitud dejando que Hashem ordenara a Aarón hacer la tarea.

La gratitud representa uno de los pilares sobre los que se asien­ta la sociedad humana. Mostrar agradecimiento significa recom­pensar a aquellos que nos han brindado ayuda, reconociendo sus esfuerzos y no dando por sentado que nos debían asistir.

¿Cuántos hay que simplemente esperan que les caiga ayuda de padres, maestros y amigos? ¿Cuántos hay que la demandan, como algo que por naturaleza les corresponde, y luego ni se mo­lestan en agradecerla al recibirla? Si se detuvieran a pensar en todos los favores que reciben, la atención y apoyo que reciben de sus padres, la sabiduría que le brindan sus maestros, el cariño demostrado por los amigos, entonces cambiarían su actitud. ¿Qué harían si no contaran con esa ayuda?

Rabí Levi Itzjak de Berditchev fue una persona que expreso abiertamente sus sentimientos de gratitud. Cierta vez llegó a una ciudad, encontró que no había alojamiento y debió ir de ca­sa en casa pidiendo lugar para pasar la noche. Como nadie sabía quién era, se negaron a acogerlo. Quedaba sólo una vivienda muy ruinosa y Rabí Levi Itzjak no tenía confianza de ser acepta­do. De todos modos, golpeó la puerta y repitió el pedido.

“Soy sólo uit pobre hombre casi sin muebles”, fue la respues­ta. “Pero si no tiene inconveniente en alojarse en la casa de un pobre, será un honor para mí recibirlo”.

Rabí Levi Itzjak aceptó complacido la invitación y al dejar la casa al día siguiente agradeció calurosamente al hombre.

Unos años más tarde, cuando Rabi Levi Itzjak se había conver­tido en una persona conocida en todas partes por su gran santi­dad, volvió nuevamente a esa ciudad. La gente, sabiendo ahora de quién se trataba, se congregó frente a él y todos compitieron por el honor de alojarlo. Pero Rabí Levi Itzjak, sacudiendo su ca­beza dijo: “Me alojaré en la casa del hombre pobre de las afue­ras de la ciudad, si él me lo permite. Él se ofreció a albergarme la última vez que estuve y es a él a quien debo expresar mi eter­na gratitud. Si alguien nos hace un favor, no debemos olvidar­lo”.

Naturalmente, debemos expresar nuestra máxima gratitud a Aquél que nos creó, proveyó a nuestras necesidades y nos brin­dó prosperidad: el Todopoderoso. No podemos nunca dar por hecho los beneficios que nos provee. Por ello Le rezamos diaria­mente y recitamos bendiciones sobre la comida que comemos. Así recordamos permanentemente Su incesante bondad.

Extraído de Ayer, hoy y Siempre Editorial Bnei Sholem

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