Ten Corazón

Y Moshé regresó a Di-s y dijo: “¡Señor! ¿Por qué has hecho mal a esta nación?” Exodo 5.22

¿Por qué creó Di-s la maldad? ¿Por qué hay tanto sufrimiento en el mundo?
¿Es ésta una pregunta o un clamor? ¿Pides tú una respuesta racional o una emocional?

Los filósofos y teólogos tienen todo tipo dc explicaciones racionales para el sufrimiento humano. Pero la razón con más lógica y sentido común, en el mejor de los casos, satisfará sólo a la mente. El corazón jamás se reconciliará con todo el dolor que siente y percibe.
En verdad, sin embargo, es exactamente a la inversa.
“¡Señor! ¿Por qué has hecho mal a esta nación?”, demandó el Pastor de Israel. Su clamor reverbera en el curso de las siguientes cien generaciones de nuestra historia empapada en sangre y lágrimas: ¿Por qué, Di-s, por qué? ¿Por qué has hecho mal a Tu pueblo?
Retumba como un clamor universal por todos los sufrimientos:
¿Por qué, Di-s, debe contener la historia humana tanta crueldad y angustia? Seguramente Tú, la esencia misma del bien, podrías haber creado un mundo libre de maldad, aflicción y dolor.
Di-s dice muchas cosas en respuesta a la pregunta de Moshé, pero ninguna de ellas parece enfocar el candente tema que se agazapa en su núcleo.
Di-s reitera Su promesa de que las cosas mejoraran.
Explica que los sufrimientos de Israel en Egipto son los dolores de parto de su glorioso futuro como el pueblo de Di-s.
Indudablemente, Moshé no desconfió de las promesas de Di-s. El enigma de su pregunta era, no obstante, ¿por qué?
¿Por qué tiene que ser así? ¿Por qué no podemos lograr todas estas grandes cosas sin los terribles preliminares?
El Talmud explica que la respuesta de Di-s al desafío de Moshé se encuentra en Sus palabras de apertura que esta semana leemos de la Torá: “Yo Me he revelado a Avraham, a Itzjak y a Iaacov…”1.
¿Por qué evoca Di-s la memoria de los Patriarcas? Dice el Talmud:
Di-s dijo a Moshé: “Lamento la pérdida de aquellos que han desaparecido pero no son olvidados. Muchas veces Me he revelado a Avraham, a Itzjak y a Iaacov… ellos no cuestionaron Mi conducta… Dije a Avraham: ‘Alzate, camina por la tierra a su largo y a su ancho, pues a ti la daré’, [pero] él se vio obligado a buscar un lugar para sepultar a su esposa, Sará, y no halló uno sino comprándolo por 400 shékels de plata. No obstante, él no cuestionó Mis caminos.
“Dije a Itzjak: ‘Mora en esta tierra, y Yo estaré contigo y te bendeciré [pues a ti... daré todas estas tierras]‘ [pero] sus sirvientes buscaron algo de agua para beber y no la consiguieron sin pelea… No obstante, él no cuestionó Mis caminos.
“Dije a Iaacov: ‘La tierra sobre la que yaces, a ti y a tu simiente la daré’, [pero] él buscó un lugar para afirmar su tienda y no encontró uno sino comprándolo por 100 kesitá. No obstante, él no cuestionó Mis caminos… “2
¿Por qué, de hecho, esta diferencia entre los Patriarcas y Moshé?
¿Tuvieron ellos más fe en Di-s? ¿Supieron algo que él no supo? ¿Les preocupó menos?

Maestro y padre
Moshé, nuestro Maestro. Avraham, nuestro Padre.
Fue a través de Moshé que Di-s comunicó la Torá, la sabiduría Divina que es la esencia de todo conocimiento.
El fue el único ser humano facultado para abarcar la mente de Di-s y enseñarla a la humanidad.
Por el otro lado, el punto focal de las vidas de los Patriarcas fue de una naturaleza más “emocional”. “Avraham, quien Me ama”3, dice Di-s del primer judío. Itzjak ejemplificó el temor a Di-s, en tanto que Iaacov representa la integridad emocional que se logra mediante la integración del amor de Avraham y el temor de Itzjak4.
Los Patriarcas estudiaron y diseminaron la sabiduría Divina de la Torá5, y Moshé indudablemente amó y temió a Di-s; pero en lo que respecta a sus roles primarios en el desarrollo del pueblo judío, Moshé es la mente de Israel, mientras que Avraham, Itzjak y Iaacov, son el corazón de nuestra relación con el Omnipotente.
La mente tiene explicaciones para todo. Luego tiene preguntas sobre estas explicaciones. Puede llegar a comprender las razones de por qué la creación de la maldad y la congoja por parte de Di-s.
Puede llegar a comprender que el sufrimiento refina al ser humano, enseñándole compasión y sensibilidad. Que no hay satisfacción mayor que la de superar la adversidad, ni placer mayor que el de la conquista del dolor. Que las más finas y poderosas aptitudes de la persona se desatan sólo bajo condiciones de desafio y prueba. Que sin una libre elección entre el bien y el mal nada de lo que hacemos podría posiblemente tener alguna importancia.
La mente puede comprender todo esto, cuestionarlo, y hallar respuestas para sus preguntas.
Pero entonces sobreviene la máxima pregunta: ¿por qué debe ser de esta manera? Estas son, todas, conclusiones lógicas, basadas en nuestra comprensión de la naturaleza humana y universal. Pero Tú, el creador de la naturaleza y la lógica, ciertamente no estás comprometido por sus leyes.
Tú puedes hacer importante aquello que la lógica dieta que no es de ninguna importancia.
Tú podrías haber ordenado la realidad de manera que hubiera ganancia sin dolor; que lo mejor de nosotros pudiera concretarse sin la amenaza y el desafío de la maldad; que los altísimos picos de la vida pudieran escalarse también sin el ímpetu de sus más bajos descensos.
La mente del creyente jamás aceptará la “necesidad” de la maldad y el dolor.
El corazón, por supuesto, también percibe el dolor; de hecho, lo siente más hondamente que la mente objetiva.
Pero mientras la mente define y distingue, categorizando todo en sus columnas duales de sí y no, insistiendo en que las cosas o bien suman o deben borrarse de la lista, el corazón tolera la contradicción.
¿Puedes “demostrar” a una madre que su niño no es merecedor de su amor? No es que sea ciega a sus deficiencias y transgresiones; éstas son sencillamente irrelevantes frente a su amor.
Afrenta y devoción, rigor y aceptación, dolor y placer; un corazón que ama tiene espacio para todos ellos -simultáneamente- en su cálido abrazo.
Moshé, dijo Di-s, tú eres la mente de Mi pueblo. La mente que es el instrumento para captar Mi Verdad y, con ella, iluminar el mundo.
Pero también tú eres un hijo de Avraham, Itzjak y Iaacov. También tú has heredado de ellos el corazón judío – el vínculo intrínseco con tu Di-s que las más terribles contradicciones no pueden sacudir.

Extraído de El Rebe Enseña, editorial Kehot Lubavitch Sudamericana
Basado en una Sijá de Shabat Vaerá 5722

Notas:
1.Éxodo 6:3.2. Talmud, Sanhedrín 111a. 3. Isaías 41:8.4. En las propias palabras de Iaacov: “el Di-s de Avraham y el temor de Itzjak fueron para mi” (Génesis 31:42) 5. Talmud, Iomá 28b; Midrash Rabá, Bereshit 61:1; Mishné Torá de Maimónides, Leyes del Culto Idólatra, 1:3.

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