Superando obstáculos

Muchas veces, aquellas dificultades que parecen puestas en nuestro camino como un castigo, son en realidad pruebas a que nos somete el Todopoderoso…

Y los justos en particular, son los que más deben superar la prueba. El Midrash explica esto con una parábola:

Si uno va a la plaza de un mercado verá al alfarero golpear sus cacharros de arcilla con una vara para demostrar cuán fuerte y sólido es el material. Pero el inteligente, sólo asesta el golpe a los más resistentes, nunca a aquéllos que son defectuosos. De igual modo Di-s somete a pruebas solamente a aquéllos que Él sabe capaz de sortearlas, para que a través de ellas comprendan cuán­ta fortaleza espiritual albergan en su interior. Y esto se aplica a Abraham, Itzjak y Iaakov.

Iaakov tuvo la capacidad de mejorarse a pesar de los obstácu­los que debió enfrentar en la casa de Labán, donde permaneció veinte años. No sólo rechazó la idolatría sino que aprendió a per­feccionar su propio servicio a Hashem.

El gran Rabí de Berdichev, Rabí  Leví Itzjak comprendió, de igual modo, la importancia de superar cualquier obstáculo que pudiera frustrar el cumplimiento de su misión. Se cuenta que cierta vez se hallaba recogiendo fondos para pidion shevuim (rescate de prisioneros judíos) y, a pesar del gran esfuerzo reali­zado, se sentía frustrado por no haber logrado su objetivo. Co­menzó a considerar si quizás no estaría malgastando su tiempo y debería mejor retornar a su casa para continuar con su estudio de Torá. En eso, acertó a pasar un ladrón camino a la cárcel. Se acercó y le dijo:

—Hijo mío, mira cuánto daño te ha causado tu acción. Espero que eso te sirva de enseñanza para no volver a cometer lo mis­mo cuando salgas en libertad. Pues como puede ver, no sólo no has obtenido dinero del robo sino que todavía has terminado en prisión. Cometer actos ilícitos no rinde beneficios. Es mejor que desistas.

—Si no tengo éxito esta vez, será la próxima —respondió el ladrón.

Al oír esto Rabí  Leví Itzjak dijo:

— ¡Mírenlo! Si después de tanto sufrimiento el ladrón no se siente desalentado, ¿qué derecho tengo yo a sentirme desalenta­do? Si no cumplo con éxito lo que Di-s me ha encomendado hoy, con seguridad lo haré mañana.

Esto nos enseña cómo un judío nunca debe dejar que los obs­táculos lo aparten de cumplir su misión. Debemos aprender de nuestros antepasados, que a pesar de todas las dificultades e infor­tunios, no se dieron por vencidos y pudieron lograr sus objetivos.

Extraído de Ayer, hoy y siempre Editorial Bnei Sholem

Aún no hay comentarios

¡Sea usted el primero!

Complete el formulario siguiente para comentar.

Deje un comentario