Sobre la esencia de elegir

El libre albedrío es una opción que se ha concedido a cada hombre… Este concepto es un principio fundamental y un pilar de la Torá y sus mandamientos…

El concepto de elegir es central en la creencia y filosofía judía. Dos de los principios básicos del Judaísmo discurren alrededor del elegir: la elección de Di-s de Israel como Su pueblo elegido y el libre albedrío concedido al hombre.
En este artículo, examinaremos la concepción particular del Rebe de Lubavitch sobre la dinámica de la elección en ambos reinos, el humano y el Divino: cómo se despliegan en la mente y alma del hombre, y cómo estas dinámicas se comparan a la elección de Di-s del Pueblo de Israel.

ELECCIÓN TRES DIMENSIONES
Dado que, por definición, una elección no es coercitiva, parecería que la palabra “libre” en la frase “libre albedrío” es superflua. Pero hay varios grados de libertad, que quien elige, puede estar haciendo al elegir.

En total, hay tres niveles de elección:
a) Elección forzada

Un nivel de elección se relaciona al uso convencional, cotidiano del término. Cada uno de nosotros hace innumerables elecciones todos los días: ¿Café o té? ¿Pintamos los parantes de la cerca blancos o verdes? ¿Debería aceptar el trabajo en Nueva York o el de Montana?
Mientras nadie esté forzando su decisión, la suya puede decirse que es una “libre elección”. Pero, realmente ¿está eligiendo libremente? Cada una de las opciones que lo confrontan está armada con una serie de cualidades que influyen su elección. El sabor del café lo atrae, mientras que su sentido del decoro le dicta té, qué es lo que todos los demás están tomando. Blanco iluminará su oscuro jardín, pero también dejará ver más pronto la suciedad que el verde. El salario en Nueva York es más alto, pero el nivel de crímenes también lo es.
Sopesará todos los factores y tomará su decisión. ¿Pero realmente ha elegido? ¿O las cualidades de las opciones elegidas, junto con los elementos de su educación, personalidad y experiencias pasadas, conspiraron a compeler su elección? Al final, elegiste lo que elegiste porque hubo algo en estas opciones que te hicieron necesitarlas o quererlas. Aun cuando las razones para ambas fueran igualmente atractivas, aquella que elegiste fue debido a sus cualidades particulares. Elegiste sobre a qué juego de influencias sucumbir, apenas el epítome de la libertad.

b) Elección arbitraria
Pero supongamos que estás por encima de todo; y que nada sobre estas opciones tienen el poder de influenciarte. Que, para ti, el sabor de café y la etiqueta social son irrelevantes, y blanco y verde son simplemente dos latas de pintura. Y que eres absolutamente inmune a las cifras del sueldo y a las amenazas de la gran ciudad.
Ya que las ventajas y desventajas de ambas opciones no significan nada para ti, estás en una posición de hacer una libre (es decir no influenciada) decisión: seleccionar uno, dos (o más) opciones sin ninguna otra razón que la de hacer una elección.
No obstante, esto no es lo fundamental en el elegir y en la libertad. Es cierto, estás libre de las atracciones y racionalizaciones que generalmente influyen las decisiones de los hombres. ¿Pero cómo elegiste? ¿Tiraste mentalmente los dados? ¿Fue una súbita voluntad arbitraria? ¿La elección podría haber sido cualquiera, correcto? ¿Entonces, dónde estabas tú en todo esto? ¿De qué manera ejerciste tu libre albedrío? Simplemente te rendiste a algo más allá de ti.

c) Elección esencial
Parece ser una situación sin salida. ¿Existe realmente libertad de elección entre A y B? Si eliges A por alguna razón, si hay algo de sus cualidades que te atraen, entonces realmente no eres tu quién está haciendo la elección- tu decisión está determinada por sus cualidades y por tus propios prejuicios y modelos de conducta. Y si la eliges sin ninguna razón, de nuevo no estás eligiendo, sino sólo sirviendo como peón a los giros caprichosos del destino.
¿Pero qué tal si tu elección está determinada por la misma esencia de tu ser? ¿Qué hay sobre elegir vivir, elegir ser libre, elegir tener un hijo? Ciertamente, estas opciones están motivadas por una razón. Pero la tuya no es una razón externa, ni es una razón que se relacione con tu ser externo (es decir tu disposión mental, tu maquillaje emocional, tu personalidad). La razón para estas elecciones eres tú. Ya que vida no es mas que el deseo de ser. ¿Qué es la libertad sino la oportunidad de darte cuenta de tu esencia? ¿Y qué son los niños si no la continuidad del ser? La esencia de tu ser es la que dicta que elijas la vida, la libertad y la paternidad.
El hecho de que el resultado de estas elecciones esté determinado, no las hace menos libres. Al contrario: ésta es la prueba absoluta de su libertad. Porque cuando la elección es verdaderamente libre, cuando la esencia del ser se reafirma, entonces la otra, la opción anti-ser (muerte, esclavitud, no-paternidad) obviamente se rechaza. En otras palabras, normalmente vemos la existencia de más de una opción como la característica del elegir- “elegir”, en la definición convencional del término, significa la habilidad de escoger entre A y B. Pero cuando se trata de la definición absoluta de elegir, lo contrario es lo realmente verdadero. Cuando tu elección está libre de todos los constreñimientos e inhibiciones, externos o internos, no hay ninguna otra opción- como no hay otro como tú.
Resumiendo: En el nivel primario y más bajo de elección, nuestras opciones están determinadas por factores externos- las cualidades de la cosa elegida y el equipaje mental y emocional que acarreamos a través de la vida. Lo único que hace que sea de hecho una elección, es la existencia de más de una opción: podemos resistirnos a unas influencias para abrazar otras.
El segundo, un nivel más elevado de elección, es aquel que está libre de compulsión- no hay ningún factor por lo menos identificable, consciente o inconsciente, que influencie nuestra decisión. De nuevo, hay dos o más opciones, (si no hubieran, no sería una elección). Pero el mismo hecho que la elección puede ser cualquiera, indica que finalmente, no es la persona misma- es decir, su ser particular- quien está haciendo la elección.
En el tercer caso, el nivel más alto de elección, hay sólo una opción: la conducta que representa la opción más desinhibida de nuestro ser más profundo. El criterio último de libre albedrío no es el “¿Está determinado?” sino “¿Qué lo determina?”. Cada elección está determinada por algo, sea éste un motivo racional o un flash de intuición sin ningún origen identificable. La verdadera elección es cuando el propio comportamiento está determinado solamente por la misma esencia del ser.

TRES QUE SON UNO
Estos tres grados de elección realmente son tres aspectos del mismo fenómeno. A menudo, experimentamos sólo la capa más externa de nuestro poder de elección. Pero hay también momentos en nuestra vida en que esta capa exterior se remueve y entramos en contacto con una dimensión más profunda y más libre de nuestra elección. Por último, están esos notables momentos, cuando nuestras más profundas y arraigadas aspiraciones se reafirman, afectando la decisión que es el mismo núcleo y esencia de la elección.
Tomemos el ejemplo de una elección que hacemos innumerables veces, y de muchas maneras diferentes, todos los días- la elección de vivir. No importa cuán difícil y pesado se pueda volver ese esfuerzo, seguimos eligiendo la vida y la supervivencia.
Como generalmente lo experimentamos (si alguna vez pensamos en ella) en primer lugar, ésta es una opción en el sentido más común del término. Nos enfrentamos con dos opciones: vivir o no vivir (Di-s no lo permita). Por un lado tenemos razones para vivir: las alegrías y recompensas, nuestros compromisos con nuestros seres amados, etc.; por el otro, tenemos sus cargas y zozobras. Decidimos que merece la pena el esfuerzo; y ahí nos vamos tambaleado por las tribulaciones de la vida.
Pero luego están esas circunstancias bajo las cuales todas las razones convencionales para vivir ya no aplican.

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