Salmos y plegarias judías para la curación

Desde tiempos inmemoriales, cuando sea que los judíos se encontraban en situaciones difíciles, ya se individualmente o comunalmente, solían abrir el Libro de Salmos y usar las poéticas alabanzas del Rey David y súplicas para implorar la misericordia de Di-s.
El Midrash nos cuenta que cuando el Rey David recopiló los Salmos, él se tenía en mente a él mismo, así como también a cada judío en cada generación y en cada circunstancia. Sin importar quién eres y cuál es la situación, las palabras de los Salmos hablan las palabras de tu corazón y son escuchadas en Lo Alto.
El Tercer Rebe de Lubavitch dijo una vez que si sólo supiéramos el poder de los Salmos y el efecto de su recitación, los estaríamos recitando constantemente. “Que sepas que los capítulos de los Salmos rompen todas las barreras, ascienden más y más alto sin interferencia; se prosternan en súplica frente al Creador de todos los mundos, y lo logran con bondad y compasión”

Cuando uno reza por alguien que está enfermo, es costumbre recitar los siguientes 36 capítulos de los Salmos: 20, 6, 9, 13, 16, 17, 18, 22, 23, 28, 30, 31, 32, 33, 37, 38, 39, 41, 49, 55, 56, 69, 86, 88, 89, 90, 91, 102, 103, 104, 107, 116, 118, 142, 143, y 148.
Luego de esto, recitar las estrofas del Salmo 119 que corresponden a las letras del nombre judío de aquella persona enferma. (El salmo 119 es un acróstico que contiene 22 estrofas, cada estrofa consiste de ocho versos que comienzan con la misma letra del alfabeto hebreo. Los primeros tres versos comienzan con la letra Alef, los siguientes con la Bet, los siguientes con la Guimel, etc.). Por ejemplo, si el nombre de la persona es Moshé (???), recitar las estrofas que comienzan con las letras Resh, Jet y Lamed.
Luego recite las seis estrofas que corresponden a las letras  ??? ??? (“destruir al acusador”): Kuf, Resh, Ain, Shin, Tet y Nun.

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