Nuestra pertenencia Secreta

Es invisible, pero siempre está con nosotros. Trae crecimiento, pero también muerte. Puede ser nuestro mayor enemigo, pero también nuestro mejor amigo. Siempre se mueve, pero también es inquebrantable. Nos enseña experiencia, pero también nos erosiona. Puede trabajar con nosotros o en contra nuestro. Nunca es neutro, y nunca se detiene.

¿Qué es?

El Tiempo.

El ser humano ha conquistado el espacio. Hemos limpiado el desierto y lo hemos convertido en ciudades. Los medios de transporte y de comunicación nos han permitido trascender grandes distancias.

Pero qué pasa con el tiempo: ¿Lo hemos conquistado? La mayoría de las personas pueden responder que no podemos conquistar el tiempo; lo podemos manejar, pero no podemos conquistarlo, ya que el reloj continúa marcando nos guste o no. No podemos parar el reloj ni podemos darlo vuelta.

El Pensamiento Judío, sin embargo, siempre ha puesto como meta conquistar el tiempo. No era suficiente manejar el tiempo, sino que además había que conquistarlo. Podemos santificar el tiempo, como Shabat y Festividades.

El Zohar explica que el tiempo es energía. Cada momento es potente, lleno de un enorme poder. Cada momento es una oportunidad, nunca es neutro. Al tocar la energía del tiempo, lo conquistamos. Cuando usamos y actualizamos la energía del momento, el tiempo se convierte en nuestro aliado, lanzándonos a otra dimensión. Si no lo usamos en el momento, el momento “muere”.

Tenemos el poder de hacer eterno cada momento en nuestras vidas. Al llenarlo de sentido y de espíritu, el tiempo no pasa meramente; sino que se convierte en un catalizador para alcanzar la inmortalidad.

Fíjate en tu día. ¿Cuántos momentos son partículas fugaces que se perdieron en el camino de la vida? Pero luego llega un momento, sólo un segundo, que puede tornarse mágico, en una experiencia que perdure para siempre.

Imagina si puedes transformar todos tus momentos en eternidad. Ese es alguien que ha dominado el arte del tiempo, alguien como Abraham, quien “llegó a sus días”, aprovechó el máximo de sus días, convirtiéndolos en eternos.

Ese es el poder y el misterio del calendario Judío: Cada día, semana y mes se define por su energía única. Al apreciar la personalidad de cada segmento del tiempo, el tiempo se convierte en nuestro activo más grande; un compañero silencioso pero poderoso en el recorrido de nuestras vidas.

Estamos ahora entrando al tiempo más poderoso del año: El Mes Hebreo de Elul. La energía de este mes es amor y reconciliación.

En este mes, Moshé subió a la montaña por tercera y última vez, pedir perdón a Di-s en aras del pueblo que había pecado al construir el Becerro de Oro.

Los días de Elul son por lo tanto llamados “días de gracia” o de “compasión”, porque en este período Di-s estaba abierto para escuchar a Moshé, y Moshé pudo lograr su perdón y renovación. Desde ese momento, el mes de Elul es considerado el mes de la misericordia Divina y del perdón.

Elul es la historia del recorrido de Moshé. Es la historia de la construcción de una relación verdadera y no perecedera, incluso luego de haber sido desafiada. La experiencia de Elul de Moshé nos provee de una energía especial de amor y compasión durante este mes, cuando el “Rey está en el campo” e irradian los Trece Atributos de Compasión.

Esto se aplica a las relaciones humanas también, que son una manifestación de la relación entre el hombre y Di-s. Uno de las siglas de Elul es: Aní Ledodi Vedodi Li, que significa: “Yo soy para mi amado, y mi amado es para mÍ” (“Cantar de los cantares” 6:3). Es un mes en el que podemos encontrar un verdadero amor recíproco.

Nada grandioso ha nacido en un vacío. La compasión y el amor de Elul es producido por el dolor del mes previo Av, cuando se destruyó el Templo. El Zodíaco del mes de Av es el León (Leo), llamado en hebreo Arié, siglas de: Elul, Rosh Hashaná, Iom Kipur y Hoshaná Rabá, cuatro hitos de este período, todos construidos en base del dolor y destrucción de Av.

Una vez, el director de un programa que planeaba una lección que yo iba a dar me preguntó: ¿Qué cosas consideras que la gente está más interesada en escuchar? Yo le respondí, que lo primero en la lista, era el tópico del amor, relaciones, intimidad y sexualidad. Eso definitivamente era lo primero que la gente querría escuchar. Y el segundo tópico era el tema del dolor y sufrimiento.

Sin perder un segundo, el director del programa me dijo: “Eso no son dos tópicos, son uno y el mismo…”

Qué cierto. El amor y el dolor son dos lados de una misma moneda: La moneda de tu vida emocional. Cuando nuestras emociones se despiertan y están activas, entonces están sensibles a todos los sentimientos: Tanto amor como dolor. Cuando amas y eres amado, entonces estás vulnerable a ser herido también. Cuando estás encerrado, pueden no lastimarte, pero tampoco recibirás amor.

No estoy sugiriendo que todo el amor debe traer dolor. Pero ser vulnerable implica que puedes experimentar potencialmente la tristeza.

La tristeza del mes de Av es un testimonio de la sensibilidad: sentir el dolor de la vida y reconocer que se precisa de trabajo para reparar la relación rota.

¿Cuál es nuestro mayor error? ¿El error mismo o el temor de reconocerlo?

Sin el reconocimiento de la pérdida, la reconciliación no sería posible y el amor sano nunca se podría lograr. Uno que sabe cómo lamentar una pérdida, sabe cómo amar. Cuando lloras cuando precisas llorar, o cuando ríes cuando tienes que reír.” Aquellos que plantan con lágrimas, cosecharán con cánticos de alegría” (Salmos 126:5)

El amor de Elul, surge por ende, del dolor de Av. Y como tal, el amor durará para siempre, siendo que una vez se rompió, fue puesto a prueba y reconstruido. El poder de las Altas Fiestas es un producto del trabajo realizado en los dos meses previos de Av y Elul.

Ahora nos encontramos en estos días tan especiales. Debemos aprovechar la energía del tiempo y percatarnos del su enorme poder, un poder que puede cambiar nuestras vidas de manera real; un poder que puede introducir una nueva dimensión de amor en tu vida.

Todos tenemos desafíos en nuestra vida. Pero tenemos también las herramientas y los bienes que nos ayudan a enfrentar esos desafíos. Uno de los bienes más grandes siempre está con nosotros, más allá de nosotros, con nosotros y en todo lo que hacemos. Ese bien, es el TIEMPO. Cada momento es una oportunidad; repleta de poderosa energía.

Por Simon Jacobson

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