Mellizos en pugna

Mucha tinta se ha derramado sobre la polémica de “Elección versus Determinismo”. ¿Cuánto control ejercemos realmente sobre nuestras acciones? Algunas personas parecen ser naturalmente buenas, en tanto que otras están lidiando permanentemente con rasgos negativos de carácter.

Cierto individuo se cría en un hogar cariñoso y cálido y, desde su más temprana infancia, se ve impresionado por educadores y modelos que ejemplifican integridad, compasión e idealismo, mientras que su semejante sólo tiene corrupción y violencia para emular.
Pues entonces, ¿el hombre puede ser considerado responsable de su comportamiento? ¿El bien que hacemos es verdaderamente nuestro mérito? ¿El mal es nuestra culpa? ¿No es todo cuestión de genes y medio ambiente?

Mellizos en pugna
Desde la matriz, Eisav y Iaacov, los hijos mellizos de Itzjak y Rivká, parecían destinados a trayectorias polarmente diferentes en la vida.
Rivká, nos cuenta la Torá, tuvo un embarazo tumultuoso: “Los niños pugnaron dentro de ella”1. “Cada vez que pasaba delante de una Casa de Plegaria o de Estudio”, explica el Midrash, “Iaacov pujaba por salir… y cuando pasaba delante de una casa de veneración idólatra, Eisav pujaba por salir 2. Además, “Ellos peleaban entre sí, riñendo por la herencia de los dos mundos (o sea, el Olam HaZe’, el “mundo presente” del materialismo, y el Olam HaBá, el “mundo futuro” de perfección Divina)”3

Di-s dice entonces a Rivká: “Hay dos naciones en tu matriz; dos pueblos se separarán de tus entrañas”4
Cuando maduran, Eisav se convierte en un “cazador malicioso, un hombre del campo”, en tanto que Iaacov se vuelve “un hombre íntegro, un morador en las tiendas de estudio”5. Los descendientes de Iaacov se convierten en la nación de Israel, elegida por Di-s como un “reino de sacerdotes y nación santa”. Eisav da origen a Roma y a su cultura de sangre, crueldad, gula y perversión.

Esta reseña presenta varios aspectos sorprendentes:
1) Eisav es frecuentemente descripto como “el malvado”, mientras que la integridad de Iaacov es ensalzada. Pero, ¿tuvo alguno de ellos elección en la materia? Su destino parece haber estado predeterminado desde la matriz.
2) ¿De dónde provienen los “genes perversos” de Eisav?
También Avraham tuvo tanto un hijo bueno, Itzjak, como un hijo perverso, Ishmael. Sin embargo, la madre de Ishmael no fue la justa Sará, sino Hagar, hija del Faraón, rey de Egipto, la sociedad más depravada sobre la faz de la tierra. Eisav, sin embargo, era hermano mellizo de Iaacov. Ambos nacieron de los mismos padres piadosos, ambos fueron concebidos y criados en el mismo “buen hogar judío”. Si Eisav se hubiera vuelto malo más tarde en la vida, podríamos habérselo atribuido a su libertad de elección. ¿Pero por qué gravitó hacia el paganismo desde el comienzo mismo?
3) De hecho, hay un Midrash que claramente indica que también Eisav comenzó sobre la buena senda. “También Eisav fue parte de ello, sólo que luego se corrompió así mismo con sus actos”7. El Zohar va un paso más lejos aun, interpretando el versículo ~ los niños maduraron”8 en el sentido de que bajo la tutela de su abuelo Avraham ambos lograron grandeza espiritual9. ¿No contradice esto a los Midrashim citados antes?
4) ¿Por qué se peleaban “por la herencia de los dos mundos”? Esta parecería ser un área en la que no debería haber controversia: Eisav quiere el egoísmo y materialismo del mundo físico y esquiva todo lo que sea Divino y espiritual, mientras que lo opuesto es cierto de Iaacov. ¿Entonces, acerca de qué peleaban?

La cima y el ascenso
En los famosos “Ocho Capítulos” de introducción a su comentario al segmento Talmúdico conocido como “Ética de los Padres” (Pirké Avot), Maimónides describe dos tipos de personalidades: la del “perfectamente piadoso” y la de “aquel que conquista sus inclinaciones”
El “perfectamente piadoso” desprecia el mal y sólo desea el bien; puesto que el mal no lo atrae, la obra de su vida consiste únicamente en incrementar el bien en sí mismo y en el mundo. Por otra parte, el “conquistador” lucha con lo negativo que hay en él y en su ambiente, y ve en el combate mismo su misión en la vida.

De esta manera, Rabí Shneur Zalman de Liadí (el fundador de Jabad) explica el significado más profundo del versículo “Prepara para mí delicias, como las que amo ” 10. El Omnipotente está hablando a la comunidad de Israel diciéndole que hay dos tipos de gratificación (“delicias”, en plural) que Él pretende de ellos. La analogía está dada en términos del alimento terrenal, en los que existen dos clases de gustos: alimentos suculentos y dulces, y alimentos agrios y ásperos que han sido sazonados de modo que se transforman en delicias que gratifican al alma. Similarmente, hay dos tipos de gratificación ante Di-s. La primera es generada por el bien logrado por el perfectamente justo. Pero Di-s también disfruta de una segunda “delicia”, la conquista de aquel mal que aún conserva su fortaleza y poderío en el corazón, a través de los esfuerzos del individuo ordinario, sin perfeccionar.

La diferencia entre el “perfectamente justo” y el “conquistador” no es una cuestión de comportamiento: ambos están más allá de todo reproche en cuanto a eso. Donde difieren es en su carácter y en el foco de atención de sus vidas.

El “perfectamente justo” nació con un carácter perfecto o ha obtenido el triunfo de refinarlo; ahora se concentra en lograr alturas mayores dentro del plano del bien propiamente dicho. El “conquistador”, sin embargo, todavía sigue luchando con su naturaleza, derrotando constantemente a sus inclinaciones negativas a fin de mantener la integridad de su comportamiento. De hecho, para él, la batalla no es meramente un medio para lograr un estado de “perfección piadosa”, sino una meta en sí misma. Aun si nunca se libera de la imperfección, ha cristalizado su misión en la vida. Su contribución es una “delicia” del segundo tipo; es el proceso mismo de luchar contra el mal lo que Di-s desea de él.

En base a esto podemos comprender el fenómeno Eisav – Iaacov. A cada hombre se le ha dado el don Divino de la máxima libre voluntad y elección: no importa cuán fuertemente la cubierta pudiera amontonarse contra él, no importa qué demonios saturan su corazón, él se ha visto nutrido con la fuerza de voluntad suficiente y los recursos espirituales necesarios para superarlos a todos.

Como han dicho nuestros Sabios: “Quien es más que su semejante, también su inclinación al mal es más grande”‘2; y viceversa, para cada desafío que debe encarar el hombre, dispone de los recursos necesarios para hacerle frente y superarlo. El hecho de que Eisav tuviera de nacimiento una poderosa inclinación hacia el mal no significaba que estuviera condenado a una vida de corrupción Significaba que su desafío en la vida era ser un “cazador malicioso, un hombre del campo”, un “conquistador” que se aferra a su mundanalidad interior y la del mundo. Significaba que, a diferencia de Iaacov -cuya bondad era “natural”- Eisav poseía el potencial para la “segunda delicia” igualmente vital para el propósito de Di-s en la Creación.

Itzjak, como “padre fundador” del pueblo judío, incorporaba dentro de sí el potencial para ambos modos de vida: el “perfectamente justo” y el “conquistador”. Su propia vida era una de perfección piadosa; pero sus hijos mellizos encarnaron estos dos aspectos del servicio a su Creador por parte del hombre.

Eisav, por supuesto, tuvo libre elección, como la tiene cada hombre (incluso el individuo perfectamente piadoso puede retroceder o malograr la concreción de su potencial), una elección en cuyo ejercicio adecuado fracasó. Pero esto sucedió más tarde en su vida. El hecho de que aún mientras estaba en la matriz se sentía fuertemente atraído a las tentaciones paganas de la idolatría, el hecho de que fuera intrínsecamente un cazador malicioso en el escenario del mundo material, no le impedía crecer espiritualmente junto a su hermano Iaacov. “Los niños maduraron”, cada cual en su propio campo de empeño asignado: Iaacov en las tiendas de estudio, Eisav en los desafíos del mundo material.

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