Los zapatos de Moshe

Érase una empinada montaña en las afueras de Premishlan, que era imposible acceder a ella en el invierno ya que el hielo la hacía muy peligrosa. El maestro Jasídico, Rabí Meir de Premishlan, solía atravesarla regularmente. Cuando le preguntaban cuál era su secreto, el simplemente respondía: “Quien que está atado alto en los cielos no cae bajo, a la tierra”

Aprovechar el poder del cielo para enaltecer la cualidad de la tierra ha sido por mucho tiempo una meta judía. En nuestra Parshá (porción semanal), leemos que Moshe era pastor, y llevaba a su ganado por el desierto y de ahí hacia la montaña de Di-s. Mientras pastaba su ganado en el desierto, él contemplaba el paralelo entre su ganado actual y la nación que él algún día tendría que guiar a través de aquel mismo terreno.

Gracias a su carácter dócil y temperamento gentil, la oveja es un símbolo de humildad. El mandato Judío en el Sinaí sería subyugarse a Di-s en total y abyecta humildad.

Se le pide al judío funcionar en la tierra pero a la vez conectarse con los cielos. “¿Es posible el puente entre ambos?” Moshé reflexionó. “Y, ¿Cómo va a sobrevivir el judío en la tierra? ¿Acaso la santidad del cielo no lo va a atraer?” Moshe estaba maravillado con esta paradoja mientras miraba hacia el desierto.

El desierto, Moshe sabía por profecía, es donde la humanidad recibiría su primera mirada de la grandeza judía. El desierto, se dio cuenta Moshe, también era el lugar en donde los judíos se encontrarían por primera vez con Di-s. ¿Puede esta relación con Di-s ser la raíz espiritual de su habilidad de fusionar el cielo con la tierra?

Una experiencia en la Montaña:

Emprendió un viaje de descubrimiento por el desierto, explorando una frontera espiritual inhabitada tras otra en su búsqueda de una respuesta. Se encontró inexorablemente unido a la montaña de Di-s, como ciertos metales son arrastrados por imanes. Esto, él sabía, era en donde el cielo y la tierra se encontrarían, en donde Di-s descendería y la humanidad ascendería.

Se acercó a la montaña y vio un panorama fantástico. Una zarza estaba envuelta en llamas, pero aún así, el arbusto no se consumía. En su meditación Moshé inmediatamente captó el significado de aquella visión.

El fuego simbolizaba la latente pasión por Di-s que hay dentro de cada judío, que quema brillantemente pero no consume. Moshé estaba hipnotizado. ¿Por qué el arbusto no se quemaba? ¿Por qué la seducción del cielo no consume al judío?

Moshe no era un extraño a esta experiencia meditativa, pero en este momento quería elevarse al siguiente nivel. Él instintivamente sabía que al correr su ego, elevaría su meditación al nivel de profecía. Silenciosamente murmuró, “Me iré de aquí para conservar esta gran misión”, y se dirigió a la meseta profética.

Su primera visión ahora salió a la luz. Moshé percibió el fuego como un ángel llamándolo desde el arbusto.

Esta cita excitó su pasión y fue abrumado por un repentino impulso de correr hacia atrás, de abandonar todo y lujuriarse en la bella presencia de Di-s. Entusiasmado, él gritó totalmente dispuesto: “Aquí estoy”

En ese momento, Di-s apareció y le instruyó seriamente: “No te acerques. Remueve tus zapatos de tus pies ya que la tierra en la que estás parado es sagrada”

Una Respuesta, Dos Significados:

La respuesta de Di-s no fue dada en reprensión sino en forma de guía, no sólo a Moshe sino a todos nosotros, para todas las generaciones.

La experiencia Judía está suspendida entre el cielo y la tierra. Para heredarla debemos internalizar ambas dimensiones dentro nuestro, tanto la del cielo como la de la tierra. ¿Cómo? En ambos casos debemos quitarnos nuestros zapatos.

Los zapatos son vestimentas externas que protegen nuestros pies mientras pisan el suelo de la tierra. Por lo tanto, el “zapato” representa al cuerpo, la vestimenta externa que cubre y protege al alma mientras se encuentra en el reino material. El cuerpo es apropiado para un clima material pero en la montaña de Di-s es un obstáculo. Aquí debemos despojarnos de las consideraciones materiales y estar completamente devotos a la existencia sagrada.

Uno que haya removido sus zapatos y alcanzado la cumbre, encuentra el descenso poco atrayente. Desde la cima de la montaña de Di-s el mundo material pierde su atractivo. Uno prefiere flotar en los cielos arriba y nunca volver a la tierra abajo. Acampar en la cima suena atrayente, pero en el análisis final, Di-s quiere que bajemos.

¿Cómo? Una vez más, removiendo nuestros zapatos. Otra interpretación de estas palabras tiene que ver con la noción opuesta: que los zapatos son aparatos de flotación, elevan nuestros pies de la tierra y nos separan de nuestro materialismo. Acorde a esta interpretación, los zapatos deben ser utilizados mientras se escala la montaña, pero deben ser removidos cuando se desciende de la misma.

Di-s nos pide que nos saquemos nuestros zapatos y que descendamos ya que el piso bajo nuestro es santo. ¿Qué es lo que hace que el suelo sea sagrado? El deseo de Di-s. Es Su deseo que compartamos puntos de vista e inspiraciones obtenidas por encima de aquellos que todavía están escalando. Es por eso que el pie de la montaña es mucho más sagrado que su cima.

Por Lazer Gurkow

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