Lluvia,un río y fuego

En la víspera a su entrada a la Tierra Santa, Moshé describe a los Hijos de Israel la naturaleza de su nuevo hogar del siguiente modo:

“Porque la tierra a la que ustedes están ingresando para heredarla no es como la tierra de Egipto de la que vienen…es una tierra de montañas y valles, que bebe agua de lluvia de los cielos” (Deuteronomio 11:10).

Nuestros Sabios explican que ésto es lo que distingue a la Tierra de Israel de “la tierra de la que vienen” siendo que “La tierra de Egipto no bebe agua de lluvia; sino, el Nilo sube y lo baña” (Rashi, Génesis 47:10).

La lluvia representa la relación recíproca entre los cielos y la tierra. Las enseñanzas Jasídicas citan la descripción (Génesis 2:6) de la primera lluvia: “Un vapor se eleva de la tierra” a los cielos, y los cielos lo devuelven como lluvia que “apaga la cara de la tierra”. Esto, explican los maestros Jasídicos, representa la verdad espiritual que “una elevación de abajo evoca una elevación de arriba”, que Di-s responde a los esfuerzos del hombre, respondiendo nuestras plegarias, deseos y acciones con alimento de Arriba.

Pero la lluvia sola no es suficiente para hacer que la tierra florezca y de frutos. El suelo debe estar arado, (roto y luego alisado) antes de que pueda recibir la semilla y absorber la lluvia. Espiritualmente, esto significa que no es suficiente mandar “vapores” de sentimientos elevados y trabajos virtuosos; uno debe primero “arar” su ego, aplastar los terrones de grosería y arrogancia en la personalidad de uno, para hacer la vida de uno un receptor del flujo de Divina nutrición de Arriba.

En la “Tierra de Israel” uno ara, y es nutrido por la lluvia. Pero en “Egipto” las cosas son diferentes. Egipto no se nutría de una lluvia sino del desbordamiento del Nilo, que periódicamente inundaba la tierra. Tampoco era necesario arar su suelo: las aguas del Nilo dejaban una capa de cieno fértil que no requería una rotura previa a la plantación.

El “egipcio” espiritual es uno que no reconoce la fuente Celestial de bendiciones de la vida. Él cree que todo se genera de abajo, que todo lo que tiene y ha logrado es de su propio logro. No ve ni precisa ningún “arado” de su personalidad, él está bien así,.

Lluvia Pervertida:

Cuando la lluvia cae en Egipto, cae como granizo, un granizo que hielo por fuera y fuego por dentro. Así describe la Torá la séptima de las “diez plagas” de Egipto:
“Y Di-s hizo llover granizo en toda la tierra de Egipto. Y había granizo, y fuego ardiendo dentro del granizo…”(Éxodo 9:23-24)

Generalmente hablamos de personalidades “cálidas” y “frías”. Una persona “cálida” es apasionada, amorosa, un individuo extrovertido, siempre dispuesto a extender una mano y una sonrisa a su compañero. Una persona “fría” es reservada, centrada en sí misma, indiferente a la suerte del otro. Pero el individuo frío es también ardiente, incendiado con amor propio, encendido con pasiones egoístas. De hecho, es su exceso de calor interno la causa de su frialdad externa.

Cuando cae lluvia en Egipto, cae como granizo de fuego encerrado en hielo. En esta tierra sin arar, en donde la fuente celestial de sus aguas no es vista ni reconocida, la nutrición que desciende de Arriba es pervertida como una fuente de excesivo amor propio y un mayor distanciamiento entre el hombre y su compañero.

El Éxodo viene a sacarnos de esta existencia sin lluvia, hielo-fuego, para traernos a la “tierra santa” que se define por fe, humildad y una relación recíproca entre la tierra y los cielos.

Basado en las enseñanzas del Rebe de Lubavitch

Cortesía de Meaningfullife.com (extraído y adaptado de chabad.org)

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