Liderazgo, el arte del altruismo (1ra. Parte)

En algún punto de nuestras vidas, todos hemos tenido una relación con alguien (un padre, un maestro, quizás un jefe en el trabajo) que nos cambió en gran medida el modo en que veíamos la vida y el mundo. Alguien que tenía normas exigentes y se jugaba por algo. Alguien que nos inspiraba y motivaba. Alguien que nos enseñó a ponernos objetivos y nos instiló la confianza y el ánimo para alcanzarlos. Una persona así es un verdadero líder.

¿REALMENTE NECESITAMOS LÍDERES?
Hoy, estamos rodeados de gente que podemos llamar líderes, en el gobierno, en los negocios, en la educación, en las artes. Pero estamos sufriendo de una escasez de liderazgo genuino. ¿Adónde nos están llevando realmente esas personas, y por qué?
Después de presenciar tanto engaño y tan frecuente abuso de poder, mucha gente ha dejado de creer en sus líderes. Aun así, por cínicos que lleguemos a ser, nos resignamos al hecho de que necesitamos a alguien para mantener en orden nuestras distintas casas. Como estamos tan preocupados con nuestras propias vidas, estamos dispuestos a elegir o nombrar funcionarios para que se hagan cargo de los asuntos del país.
¿Pero un líder es sólo un administrador? ¿Qué deberíamos esperar de nuestros líderes? Y, antes que eso: ¿realmente necesitamos líderes?
Sí, los necesitamos. Librados a nuestras propias fuerzas, puede faltarnos la visión, la dirección, y la energía para alcanzar nuestros objetivos. Todos empezamos nuestras vidas necesitados de orientación: ni siquiera el más precoz de los niños puede tomar ciertas decisiones cruciales. Cuando llegamos a adultos, con la capacidad de razonar por nosotros mismos, la mayoría estamos tan abrumados por las presiones de la supervivencia diaria que raramente hallamos el tiempo y la energía para fijar la mirada en los temas más amplios de la vida. Y cuando lo hacemos, nuestras emociones y la subjetividad inherente limitan nuestra visión y restringen nuestro movimiento. Como escriben los sabios, «Un preso no puede liberarse a si mismo
Un líder da una perspectiva nueva, nos inspira a expandir nuestro estrecho campo de visión. Cuando estamos preocupados con nuestros intereses egoístas, ya sean estos grandes o mezquinos, un líder nos dirige un llamado de despertar, incitándonos a buscar las verdaderas prioridades de la vida.
Un sentido de la urgencia es tan importante en un líder como un sentido de la visión. El liderazgo hoy está lamentablemente desprovisto de la calidad de urgencia. Muchos de nuestros líderes son administradores eficaces, y algunos inclusive dan inspiración; tenemos ejecutivos que pueden dirigir a miles de empleados hacia un único objetivo, y políticos cuya retórica inspira a millones de ciudadanos a apoyarlos.
Lo que estos líderes no dan es simple y esencial: una visión de la vida misma. El liderazgo genuino debe darle a la gente una visión a largo plazo que embeba sus vidas de significado; debe señalarles en una nueva dirección y mostrarles cómo cada acción que realizan es parte indispensable de un todo deliberado. No basta con que los líderes nos enseñen a ser productivos y eficientes; deben inspirarnos a cambiar o mejorar el mundo de un modo productivo y significativo. Y esto crea un impulsivo sentimiento de urgencia, para realizar esta visión de la vida.

¿QUÉ HACE A UN VERDADERO LÍDER?
Con tanta gente autotitulándose líder en nuestros días, ¿cómo reconocer a uno verdadero? Para responder a esta pregunta, debemos retroceder un paso y preguntar: ¿Qué es lo que el líder está tratando realmente de lograr?
Un verdadero líder no pretende más que darle a la gente orgullo, hacerla parar sobre sus pies, como líderes por derecho propio. En lugar de tratar de cegarnos con su brillo, un verdadero líder refleja nuestra propia luz de vuelta a nosotros, para que podamos vernos como no nos veíamos antes.
Moisés fue la quintaesencia del líder. Leemos en Éxodo que fue pastor; un comienzo más bien modesto para un hombre que llegaría a hablar con Di-s. Vigilaba a millares de ovejas pastando en los campos. Moisés notó que faltaba una oveja y fue a buscarla, hasta encontrarla en un arroyo distante. Esperó hasta que la oveja hubiera terminado de beber, después se la echó al hombro y la llevó de vuelta al rebaño.
Cuando Di-s vio esto, comprendió que Moisés era un hombre de razón, comprensión y devoción altruista, un hombre digno de conducir a Su pueblo. Después de todo, nadie estaba mirándolo; él podría haber pensado fácilmente: “¿Por qué preocuparme por una oveja, cuando hay miles?”.
En nuestra sociedad secular, tendemos a ver a un líder como una persona bien relacionada, poderosa o carismática o rica. Juzgamos a nuestros líderes por lo que tienen. Pero un verdadero líder debe ser juzgado por lo que no tiene: egoísmo, arrogancia o interés personal. Un verdadero líder ve su trabajo como un servicio hecho en nombre de un objetivo más alto. Como dicen los sabios, “El liderazgo no es poder y dominio; es servidumbre”. Esto no significa que un líder sea débil; obtiene gran fuerza de su dedicación a un objetivo que es más grande que él.
Cada generación tiene su Moisés, un líder que inspira absoluta confianza, que está totalmente dedicado a cumplir su papel único. Comprende y aprecia el papel de cada persona en el perfeccionamiento de este mundo, y los orienta de acuerdo a ello. Se alza por encima de cualquier perspectiva individual para echar una mirada global, y vé cómo cada persona y asunto encaja en el plan completo del mundo contemporáneoo.

Un verdadero líder saca a la gente de sus ensoñaciones y dice: “No, no es necesario que vivan una vida de desesperación y confusión. Sí, ustedes tienen la capacidad de encontrarle sentido a su vida, y las capacidades únicas para realizar ese sentido. Son un eslabón importante en una cadena de generaciones pasadas; tienen un legado digno de preservar y un futuro por el que vale la pena pelear.”

Un verdadero líder nos muestra que nuestro mundo realmente va en una dirección, y que tenemos control sobre su movimiento. Que no necesitamos estar a merced del prejuicio personal del viento político que prevalezca. Que ninguno de nosotros es secundario respecto de la historia o la naturaleza: que nosotros somos la historia y la naturaleza. Que podemos liberar al mundo de la guerra y el odio y la ignorancia y borrar las fronteras que separan a una raza de otra, a los ricos de los pobres.

Siglos atrás, reyes y reinas gobernaban el mundo, pero hoy estamos muy lejos del concepto mismo de liderazgo absoluto. De hecho, el liderazgo parece contradecir nuestra tradición democrática, que nos ha enseñado a no subordinar nuestras vidas a ningún otro ser humano. Pero no podemos permitirnos ser tan literales. Si el ideal de democracia fuera seguido al extremo, si el público pidiera un referéndum para el menor acto de legislación, la sociedad no podría funcionar. De modo que nuestro aparato político actual es un compromiso pragmático y aceptable, que permite a los individuos jugar un papel en la elección de sus líderes, a la vez que hace a los líderes responsables ante la sociedad.
Aun así, mucha gente ha perdido su fe en tos líderes contemporáneos. La solución es no resignarnos a este triste estado de cosas, sino buscar y exigir un líder de carácter fuerte. El objetivo último sería tener todos los beneficios de la democracia y los beneficios de un líder visionario.

Es importante, especialmente hoy, distinguir entre liderazgo y demagogia. Un demagogo puede inspirar a la gente, pero sus motivos son impuros y sus expectativas irreales. Es prudente ser un tanto escépticos cuando evaluamos a un líder: ¿Está realmente dedicado a su misión, o sólo busca la gloria? ¿Está realmente interesado en el bienestar de los otros, o simplemente crea un rebaño para su propia elevación?
Un verdadero líder no busca seguidores; quiere enseñar a otros cómo ser líderes. No quiere dominio; quiere la verdad. No impone su liderazgo a otros, ni despoja a nadie de su autonomía. Inspira por amor, no por coerción. Cuando llega la hora de cosechar recompensas, se hace invisible; pero es el primero en llegar cuando hay necesidad, y nunca lo hará retroceder el miedo. Es tan apasionado por nuestro bienestar que cuando lo consultamos en busca de orientación, es como ponernos frente a nosotros mismos por primera vez.

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