Las naciones del mundo rechazaron la Torá

Un pueblo elegido es realmente un pueblo que elige…


Nosotros elegimos ser el pueblo de Di-s y aceptamos toda la responsabilidad que ello entraña. Para que toda la humanidad tuviera la oportunidad de vivir de acuerdo a los preceptos de la Torá, Hashem Se la ofreció a cada pueblo en particular.
Se aproximó en primer lugar al pueblo de Edóm y les preguntó:
- ¿Aceptan la Torá como fundamento de sus vidas?
— ¿Qué contiene la Torá? —preguntaron los edomitas
—Uno de sus mandamientos es: ‘No matarás´
— ¿No matar? —fue la respuesta—. Pero toda nuestra existencia se basa en la autorización para matar. ¡Matamos para vivir y vivimos para matar! Si la Torá prohíbe matar, no podemos aceptarla.
Di-s entonces se dirigió al pueblo de lshmael con la misma oferta.
— ¿Qué contiene la Torá? —preguntó lshmael.
— La Torá afirma: ‘No robarás’.
—Si es así —replicó lshmael—, no podemos aceptarla. Si no podemos robar, moriremos de hambre. Toma la Torá y ofrécela a algún otro pueblo.
Y así, uno por uno, los pueblos rehusaron aceptar la Torá porque no estaban de acuerdo en vivir de acuerdo a sus normas. Finalmente Di-s llegó al pueblo de Israel y a la pregunta “¿Aceptarás mi Torá?”, la respuesta inmediata y entusiasta fue: “Naasé venishmá” (“Haremos y escucharemos”).

La misión del pueblo judío

La Torá especifica claramente que el hombre fue creado con un propósito específico: imitar la justicia Divina en la tierra. Para cumplir con esta misión, Di-s eligió a un pueblo en especial, y este Pueblo Elegido serviría de modelo para demostrar a los demás el comportamiento correcto. Este pueblo fue el judío.
Al convertirse en Pueblo Elegido de Di-s, los judíos debían aceptar determinadas responsabilidades. A nivel individual:

a)Aceptar y adorar a Di-s como el único Di-s Todopoderoso.

b)Observar las 613 mitzvot o preceptos de la Torá, así como las derivaciones de esas leyes tal cual fueron delineadas por los Sabios.

Como nación, todos los judíos debían crear una comunidad colocando a Di-s como modelo de rectitud a ser imitado por los demás pueblos.
Esto tenía una implicancia que trascendía la mera agrupación de seres bien intencionados, para convertirse en una verdadera cultura entregada a Di-s.
La misión fundamental que debe cumplir el pueblo judío está expresada en la Torá del siguiente modo: “Ahora, por lo tanto, si obedecen Mi palabra y cumplen Mi pacto, serán para Mí un grupo selecto, por encima de las demás naciones porque la tierra es Mía, Y serán para Mí, un reino de sacerdotes y una nación santa”. De ese modo Di-s nos está diciendo que para ser el Pueblo Elegido, deben ser primero una nación santa.
El término “santidad” tal cual está usado en la Torá, está compuesto por dos ideas relacionadas que juntas encierran el verdadero significado de la Torá. Primeramente, santo significa estar separado y ser distinto. Y para que Israel esté santificado, debe ser una nación diferente de las demás, con su propio estilo de vida. Y esta particular idiosincrasia debe permear todos los aspectos de su existencia en cuanto nación.
La segunda idea contenida en el término santidad refiere a la dedicación a Hashem, lo cual conduce a la perfección. Sólo consagrándonos a la Torá de Hashem y adhiriendo a sus mitzvot, podemos cumplir la misión que nos ha sido asignada.
Los judíos son como príncipes reales cuyo comportamiento puede llegar a desprestigiar al Rey, por lo cual se requiere de ellos la máxima cautela.
El fenómeno ocurre también en la actualidad. Cualquier error cometido por un consejero o funcionario cercano al presidente, trae descrédito sobre ambos. De modo similar, los judíos que no viven de acuerdo a los parámetros establecidos en la Torá y se comportan de manera irresponsable, generan en los demás una disminución del respeto a Di-s. Las mitzvot son compromisos y mandamientos especiales, concedidos solamente al pueblo judío, que no involucran a otros pueblos. Algunas de ellas son la prohibición de trabajar en Shabat y de comer alimentos no kosher. Se esperaba de ellos que mantuvieran un nivel más elevado de pureza moral.

Extraído de Ayer, hoy y siempre Editorial Bnei Sholem

Aún no hay comentarios

¡Sea usted el primero!

Complete el formulario siguiente para comentar.

Deje un comentario