Las llaves del corazón

Los Textos Sagrados nos enseñan una y otra vez que el pueblo de Israel es como un solo cuerpo…


Que somos uno. Y que la relación que debe haber entre nosotros es como la de un brazo con el otro. Unidos en una sola entidad. Con los mismos objetivos y deseos. O sea, que somos parte integral del mismo ser.
Pero nos cuesta mucho, a veces llevar esto a la práctica. Físicamente, rara vez podemos sentirnos una sola entidad. Puede ser que compartamos la misma tradición, los mismos valores y hasta incluso los mismos rezos y momentos juntos en las fiestas. Pero nuevamente, el tema de sentirnos uno, todavía lo tenemos pendiente.
Cada uno esta en su mundo, en su familia, en su negocio, con sus ocupaciones y temas que resolver. El tiempo para el otro nace recién cuando nos encontramos satisfechos de nuestras demandas personales o familiares…

Hace ya varios meses que visito todos los viernes el negocio de Mauricio. Charlamos un rato, se coloca Tefilín, hablamos un poco de Torá, y así cada vez.
Aunque la semana pasada fue diferente. Lamentablemente falleció su hermana, y estuvimos muy en contacto a propósito de todas las leyes de duelo que él debía y estaba dispuesto a cumplir. Hablamos varias veces en los siguientes días y cuando llegó el día viernes, ya que su negocio estaba cerrado, lo llamé a su casa para ver si quería que le vaya a colocar los Tefilín allí.
Agradecido, dijo que sí. Cuando llegué, su esposa estaba esperando en la puerta del edificio y una vez arriba cuando terminamos, quedamos en que volvería, con la ayuda de Di-s, a colocarle Tefilín durante toda la semana. Ya retirándome y faltando unos minutos para que comience Shabat, se acerca y me da unas llaves. Le pregunté de dónde eran y me dijo que eran las llaves de su casa. Me mostró cuál correspondía a la puerta de la calle y cuál a la del departamento. Y que la próxima vez que vuelva, entre directo, sin llamar.

Cuando subí al auto miré nuevamente el manojo y no lo podía creer. ¡Me había dado las llaves de su casa! ¡Me había invitado a ser parte de su familia!
Seguí pensando en el tema durante varios días. Incluso las veces que volví a su casa y llamaba antes, para avisar, me reiteraba que no debía hacerlo. Que esa era mi casa

Somos un solo cuerpo. Esa es nuestra esencia y si no lo vemos es porque nuestras preocupaciones y el día a día nos intentan separar unos de otros. El mundo nos pide que compitamos, que luchemos por ver quién gana, quién es más exitoso, quién tiene más, o la mejor casa o el mejor auto. Pero cuando pasamos por situaciones que nos ponen un poco más sensibles, revelamos nuestra esencia. En ese momento quitamos algunas de nuestras capas que nos separan de los demás y mostramos nuestra verdad. Y ahí tu alegría es mi alegría y también tu dolor es el mío. Ya que entre nosotros no hay más separación, somos inquebrantablemente uno.
Tan unidos que te doy las llaves de mi casa, te invito a ser parte de mi familia.
Y una cosa más… entrá sin llamar. Porque junto con las llaves de casa, te estoy dando también las llaves de mi corazón.
David Konfederak

Aún no hay comentarios

¡Sea usted el primero!

Complete el formulario siguiente para comentar.

Deje un comentario