La vida es una Cueva de dos pisos

Dos personas salieron a explorar y llegaron a un pantano. El primer hombre era una persona acaudalada; se contactó con un helicóptero, y cinco minutos más tarde estaba del otro lado, completamente ileso y con su traje de safari intacto. Incluso tomó algunas fotografías mientras volaba (era un hombre con un ávido interés por las ciencias), lo que hizo una modesta pero significativa contribución al campo del estudio de los pantanos.
La segunda persona tuvo que cruzarlo a pie. Quedó atascado. Se perdió. Se cruzó con serpientes venenosas y otras criaturas terribles. Veinte años más tarde salió, lastimado, con una renguera pronunciada y un fuerte olor a pantano en su piel. Escribió dos bestsellers nacionales, “Sobreviviendo en el ambiente de un pantano” y “Los tesoros desconocidos del pantano”. Dirigió las dos adaptaciones para película, y se convirtió en el consultor más mundialmente conocido de grupos ambientales y compañías de construcción de calles. Estableció una corporación internacional que excava pantanos para buscar diamantes, cuya presencia fue indicada por un cierto tipo de material en la superficie, una técnica que fue perfeccionando en base a sus experiencias.

Una de las mayores piezas de bienes de raíces que hay en la tierra es la Cueva de Majpela (conocida como “La Cueva de los patriarcas”), en Jebron. Como se cuenta en Génesis, Cáp. 23, Abraham compró la cueva y su campo alrededor para enterrar a su esposa Sará, haciendo que sea la primer porción de la Tierra Santa posesión legal del pueblo judío.
Majpela significa “doble” en hebreo, y hay dos razones para este nombre. Una es que allí hay enterrados cuatro parejas prestigiosas: Adam y Java, Abraham y Sará, Itzjak y Rivka, Iaakov y Lea. La segunda razón dada por los comentaristas es que tenía dos recámaras una arriba de la otra, “como una casa con un altillo arriba”.

De manera paradójica, la sección de la Torá (parshá) que comienza hablando de la muerte de Sara y su entierro, se llama “Jaie Sara”, la “vida de Sara”. De hecho, la obra Cabalística, Midrash Haneelam interpreta el versículo que trata de la muerte de Sará como una alusión al recorrido del alma por la vida física. Y los maestros jasídicos explicaron que la vida es una cueva de dos pisos, “una casa con un altillo arriba”.
Algunos, llegan al recorrido llenos de diferentes fuentes; un alma tranquila, un carácter refinado, una mente genial. Estos son los Tzadikim (hombres justos), quienes toman el helicóptero para atravesar al pantano de la vida. Hacen mucho bien, nos inspiran y nos enriquecen de conocimiento con su mirada “de ave” de la realidad.

Luego están aquellos que se quedan atascados, que se pierden, que se lastiman en su recorrido por el pantano. Estos son los Baalei Teshuva (los que vuelven en teshuva), quienes emergen de sus décadas de desventuras y vueltas con conocimiento, habilidades y características que exceden a aquellos “más acaudalados”.
La vida es una cueva de dos pisos. Si terminas en el piso de arriba, considérate un hombre con suerte. Si te encuentras en el piso de abajo, considérate un hombre con más suerte.

Por Yanki Tauber

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