La travesia del alma

Nuestra existencia en este mundo es un paseo. En particular, es el recorrido del alma. El Alma Divina se origina en un exaltado nivel espiritual, muy sagrado y cercano a Di-s. Luego entra a este mundo físico, que es un reino de lucha. A través de esta lucha eventualmente alcanza algo especialmente bello y puro. A través de la vida en este mundo, el alma alcanza un mayor nivel espiritual que antes.

Ésta es la idea, en resúmen. Demos un vistazo a lo que la Parshá de esta semana tiene para enseñarnos al respecto.
Ya que en esta Parshá, hay un mensaje especial, llamado canción. Es la Canción del Pozo (Números 21:17-18). El pozo, es el pozo de Miriam, que proveyó agua para el pueblo judío durante su larga travesía de cuarenta años por el desierto. Cerca del final de esta travesía, a punto de entrar a la Tierra Santa de Israel en donde el recorrido de la vida normal mundana comenzaría, el pueblo judío cantó esta melodía especial de agradecimiento a Di-s por el pozo.

¿Qué tiene que ver esto con el alma? Bueno, las enseñanzas judías usualmente se expresan en términos de imágenes. Por ejemplo, hay una imágen del agua: una fuente de agua entre los jardines, un pozo con agua pura, viva. Estas imágenes del agua representan al alma.
El alma es nuestra dimensión espiritual. Nos conecta con los reinos más allá del aquí y del ahora, más allá de la carne y huesos físicos, más allá de la vida terrenal. Al mismo tiempo, a través de mirar más de cerca al alma podemos descubrir qué tan preciada es la vida terrenal y física.
El alma antes de entrar a nuestro mundo, es vista en términos de imágenes de fuentes de agua entre jardines. Los jardines son el Jardín de Edén, y hay un manantial de agua que expresa la cualidad del alma.
Luego el agua del alma gotea debajo de la tierra. Muy debajo del Jardín de Edén. Fluye hacia abajo para poder entrar a este mundo. Entra en el cuerpo de la persona. Hay muchos pasos. La persona tiene que nacer y crecer de a poco. El alma sagrada se encuentra dentro, rodeada de diferentes fuerzas inquietantes. Una es llamada el Alma Animal: está llena de pasión y deseos. Luego se encuentra el cuerpo mismo, con sus propios apetitos. Luego se hallan todos los eventos de la vida, las caídas y las alzas. Aún así, aquí en este mundo, la persona intenta cuidar los preceptos de la Torá y expresar su cualidad judía. Ésto trae a la luz la naturaleza interna del alma.

Eventualmente, luego de un largo período de fluir profundamente por debajo de la tierra, purificándose con las capas de los diferentes tipos de rocas y suelos, el agua del alma comienza a emerger: es descripta como el agua de un pozo. Ha enfrentado muchas cosas, pero ahora es increíblemente bella y pura. Su progreso durante la vida en este mundo ha sacado a la luz un potencial interno, una santidad interna, que no era aparente antes. Tiene la cualidad de aguas vivias que purifican y elevan al mundo, consagrándolo.

Éste es el recorrido del alma, nuestro recorrido. Todo el Judaísmo tiene que ver con un recorrido, una travesía. Desde que Di-s le ordenó a Abrahám abandonar su país natal y viajar a la Tierra de Israel. Eventualmente todos sus descendientes entraron. Y allí, en la Tierra Santa, se encuentra la travesía de la vida, paso por paso , para cada uno de nosotros.

n cada paso hacia adelante en nuestras vidas físicas y terrenales, a través del estudio de la Torá y la observancia de los preceptos, las aguas del alma se purifican cada vez más, se santifican más, generando un gran efecto en este mundo, transformándolo en una morada sagrada para la Divinidad.

Por Tali Loewenthal

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