La mayoría de nosotros no piensa muy seguido en el paraguas…

Salvo cuando somos sorprendidos por una lluvia y no lo llevamos con nosotros…

Pero si tomamos un instante para observar uno, llegamos a la conclusión de que existe un parecido entre él y la educación judía.
Obviamente debemos comenzar por el nivel de quien no posee un paraguas (o educación judía).
Nunca encontraremos la deficiencia, hasta que lo necesitemos. Esto no ocurre hasta que no nos hallamos dentro de una tormenta. Puede ser una violenta tempestad emocional que pudo desatarse por alguna tragedia, Di-s nos libre y nos guarde, o más positivamente hablando, simjá (alegría) judía como ser por una boda, Brit, bar Mitzvá. En muchos de estos casos, sin conocimientos sólidos, no tenemos siquiera idea sobre costumbres, leyes, protocolos, historia, etc.
Ciertamente, es posible comprar un paraguas barato en los puestos callejeros, cuando está lloviendo. “Aunque no dure más que una semana, hoy me mantiene seco”, pensamos. Pero con fuertes vientos, la parte interior se dobla hacía afuera o los rayos cortan la tela. Realmente no sirve para mucho, pero nos da una falsa sensación de seguridad.
Lo mismo sucede con la educación judía que recibimos en cursillos dominicales o de escuelas hebreas, que dictan clases antes del Bar o Bat Mitzvá solamente. Dan una sensación de seguridad . Incluso llegamos a convencernos de que sabemos algo sobre nuestra herencia de más de 3300 años. Pero también existe el robusto y largo paraguas; ése que está siempre allí y nos fastidia ver, por lo que siempre pensamos en abandonarlo.
En un tiempo, ese tipo de paraguas venía en un solo tono: negro. Pero hoy en día es posible hallarlo en diferentes y llamativos colores. En un tiempo, la educación judía era robusta y sencilla, como aquel paraguas negro. Pero hoy en día es posible encontraría con todo tipo de variaciones.
Excelentes profesores, muy buen material de estudio, escuelas de altísima reputación, infinidad de cursos para adultos y niños que no disponen de todo su tiempo para estudiar. Todo contribuya al enriquecimiento de las oportunidades de recibir educación judaica en los últimos años.
Hoy, más que nunca, no existe razón alguna, para que ningún judío tenga que refugiarse bajo el techo de una parada de ómnibus, esperando que la tormenta pase. Tomemos una robusta formación judía. Se sorprenderá al comprobar que siempre estará allí, cuando la necesite.

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