La lluvia suave

El cuarto del niño es un desastre. La cama deshecha  parece el resultado de una liquidación de ropa usada…

La manga de una camisa limpia se ha anudado indisolublemente alrededor de la pierna de los piyamas sucios. Las medias  una azul, una negra y una que probablemente debe ser blanca  afloran a través de la manga de una camiseta. Ropa interior se esconde bajo una manta que a su vez se esfuerza para impedir derrumbarse al suelo.
¡Y el suelo! Serviría bien como un entrenamiento arriesgado para un grupo de soldados de combate. Los automóviles de colección Matchbox señalan el paisaje. Los pedazos de una media docena de restos de juegos de mesa, forman un sendero como el de la miga de pan que lleva al viajero perdido en círculos. Los tableros de juegos cuelgan de los estantes. Del escritorio, la cabecera de la cama de cualquier lugar, un pedazo de cartón puede fijarse. Pelotas de todos los tamaños siguen rodando alrededor siempre que algo más se mueva. Si se mueve una percha, una pelota de fútbol ataca de detrás de un traje. Si endereza los libros, una pelota de tenis saltará de un zapato y le golpeará la rodilla. Si tira de un cajón, el bate de béisbol lo bloqueará.

En una esquina está sentado el promotor, ajeno a su desorden y desobediencia. Sumergido en un videojuego, no ve a su padre entrar. El padre, sin embargo, ve el desorden. Y ve a un niño irresponsable. Ropa lujosa, juguetes caros, libros preciosos y herencias de familia  todos desechados. Las reglas de la casa  desatendidas.
Si el niño no aprecia lo que tiene, si piensa estropear cada regalo, ignorar cada regla, entonces la ropa, los juguetes, los libros, todo debe ser llevado. Pues, en lugar de ayudar al niño a que sea fructífero, son una distracción y un detrimento. Así que el padre toma un gran balde de basura. Uno por uno, empieza escogiendo las cosas del suelo y los deja caer  ruidosamente  en el cubo de basura; una por una le quita las posesiones del niño del escritorio, los estantes, la cama. Espera que el niño reaccione.

Escena 1:
El niño continúa jugando con su videojuego, ignorando a su padre, probando a su padre, desafiándolo. Al principio el padre pone las cosas en la basura de a una. Entonces toma un manojo. El niño todavía no reacciona. El padre pone una cantidad en la basura. El niño lo mira de reojo, pero no se mueve. No alza un dedo del videojuego. Finalmente, el padre arroja todo en el cubo de basura. Vacía los cajones y estantes. Saca las sábanas de la cama. Agarra el videojuego, lo rompe y lo tira a la basura y se va. El cuarto está vacío. El cuarto está limpio.
“Y hubo un diluvio cuarenta días sobre la tierra” (Génesis 7:17).

Escena 2:
Cuando el padre pone el primer automóvil de colección en la basura, el niño mira. Cuando pone la primera tarjeta del béisbol en la basura, el niño apaga el video juego. Cuando el padre levanta el primer juego de mesa, el niño se levanta y lo toma de su mano. Mientras el padre mira, el niño dobla su ropa, hace su cama. Endereza sus estantes, coloca los juegos, ordena sus juguetes. Finalmente, quita el automóvil y la tarjeta de béisbol del tacho, guardándolos. Con una sonrisa y una lágrima, deja caer el videojuego en la basura. Padre e hijo se abrazan. El cuarto está limpio. Pero el cuarto no está vacío.
“La lluvia estuvo en la tierra cuarenta días y cuarenta noches” (Génesis 7:12).

“Él las trajo con misericordia para que las personas se arrepientan, Si así sucedía, serían lluvias de bendición; Pero cuando las personas no se arrepintieron, las aguas se convirtieron en diluvio”. Rashi.

(Adaptado de L’Chaim)

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