La crisis del cashrut

Todos se preguntan: ¿Qué es lo que causó el deterioro de la calidad de la vida judía en tantos círculos hoy en día? ¿Qué es lo que trajo tanto decaimiento y desprecio por lo espiritual? Los instintos y el carácter del hombre, son afectados por la clase de comida y bebida que consume. El alimento que una persona digiere se transforma en su propia carne y sangre. La cualidad de los alimentos afecta a la salud del cuerpo, también afecta al carácter y al espíritu.

Algunos comentaristas de la Torá nos explican que ingerir carne de un animal depredador, transfiere crueles instintos al espíritu de la persona que lo está comiendo.

Todo ésto en cuanto al carácter y a los instintos. Con respecto al intelecto humano, si la persona consume alimentos burdos, bajos y opacos, así será su intelecto. Por el contrario, si la persona come alimentos espiritualmente refinados, su inteligencia será clara, refinada y sensible.

Obviamente, la comida que no es casher, o bien aquellos alimentos que no están aprobados por la Torá, tienen un efecto devastador y destructivo sobre la nobleza y la pureza de la mente judía, al punto tal que ejercen una influencia negativa en la inteligencia.

Comprendemos entonces el deterioro de la vida judía de generación en generación en algunos círculos. En realidad, la Neshamá –el alma Divina- tiene la fuerza innata y la voluntad para poder sobrellevar cualquier debilidad de la carne con que la persona pudo haber nacido, debilidad que se contradice a una vida disciplinada de acuerdo a la Torá; pero la comida no-casher que es ingerida en el transcurso de nuestra vida, da lugar a características no-casher, frustrando así los esfuerzos del alma.

En síntesis, al hombre le fue otorgada la libre elección entre el bien y el mal. El hombre posee una Neshamá, un alma, con poderes que le permiten elegir el bien. Mucha gente se equivoca al no realizar la correcta elección, actualmente esto, es parcialmente atribuible a la falta de observancia estricta del Cashrut.

La oscuridad antes del amanecer
Al final de la Parshá de esta semana, la Torá nos relata cómo la opresión y el sufrimiento de los israelitas en Egipto, llegó a su más alto nivel. Tan intenso era el sufrimiento de los hebreos, que Moshé sintió la necesidad de exclamar a Di-s: “¿Por qué actúas mal contra este pueblo…y no lo liberas…?’’. Aún Moshé, que se dedicó en forma devota y total hacia Di-s, no pudo encontrar explicación para la miseria extrema y la oscuridad del Exilio. Sin embargo, se aproximaba un cambio radical en el rumbo de los acontecimientos. Inmediatamente, luego de ese oscuro momento de exilio en Egipto, el proceso de redención fue puesto en acción por Di-s. Cuando todas las posibilidades parecían perdidas –precisamente en ese momento- los primeros rayos de esperanza comenzaron a brillar para los judíos.

Es sabido, que la parte más oscura de la noche precisamente se produce antes del amanecer. Nuestros sabios comparan el exilio con la noche. Es así que cuando la noche del exilio egipcio parecía más oscura, cuando el sufrimiento de los judíos alcanzaba el punto más álgido, por lo que Moshé reclamó “por qué actúas mal, etc….’’, fue entonces que los rayos de salvación comenzaron a brillar.

El Tamud declara que mientras las demás naciones de la tierra calculan el ciclo anual de acuerdo a la rotación del Sol, el pueblo judío, basa su calendario en la rotación de la luna. Los judíos son comparados a la luna, cuya luz disminuye desapareciendo finalmente. Pero es precisamente en ese instante, que renace la LUNA NUEVA, creciendo en forma constante. La historia judía a través de las épocas, refleja el “ciclo lunar’’.

En el exilio de Egipto, después de llegar a los límites más insoportables de la opresión, cuando la larga noche del exilio estaba en su mayor oscuridad, comenzó la salvación y renovación de la esperanza. Así sucedió también en todos los exilios subsiguientes.

Hay momentos en nuestra vida en los que parece que la “rueda de la fortuna’’ llega al punto más bajo de su ciclo. Sentimos que esa situación va más allá de toda esperanza. Sin embargo, no debemos perderla y caer en la desilusión, sino que debemos pensar que la hora más oscura del Galut (exilio- tanto de nuestro pueblo como también en un sentido más amplio, el “exilio’’ de cada individuo) ocurre justo antes del amanecer que es el exilio.

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