Judaísmo y meditación (Segunda parte)

La meditación tiene sus raíces en los mismos inicios de la herencia judía…

Diferentes niveles de concentración y conciencia

En la Meditación Tranquila el meditador comien¬za con concentración momentánea, con el objetivo eventual de lograr los más altos niveles de concen¬tración. En el caso de la Meditación Consciente todo lo que se requiere es la atención momentánea a cada momento sucesivo, no al momento pasado o futuro. No se debe aferrar al objeto de meditación. En lugar de ello, el objeto de meditación será aquel que surja en cada momento sucesivo.
En la Meditación Tranquila la mente estará libre del divague mental y otros Impedimentos. La Medi¬tación Consciente cultiva una conciencia superior en la que la mente es entrenada a seguir y compren¬der la realidad exponencial. No le preocupa mejorar una firme concentración de la mente sobre algún objeto por un lapso prolongado de tiempo. En lugar de ello, el meditador sigue el flujo de los sucesivos momentos de despertar, ser y desvanecerse.

Efectos diferentes
La Meditación Tranquila produce quietud y se¬renidad. Por su parte, la Meditación Consciente se ocupa de la acumulación y el desarrollo del más alto nivel de conciencia que se percata plenamente de la realidad exponencial de la vida. Deja de lado lo negativo del carácter propio. Ello se debe a que elimina y previene los sentimientos negativos, retie¬ne los sentimientos positivos que surgen, e incre¬menta —así como mejora— los sentimientos positivos. En la Meditación Consciente el anhelo es eliminado y el meditador logra desligarse de éste al permitir que sucesivas olas de despertar, ser y desvanecerse, fluyan sin obstáculo.
La ansiedad siempre está acompañada de ig¬norancia e ilusión, es decir, una óptica equívoca del verdadero estado de las cosas). Esto puede ilustrarse con el siguiente ejemplo. Supóngase que el meditador ve un alimento atractivo. La experiencia primaria —realidad exponencial— es una de forma, color y olor. Sin embargo, en el momento en que el meditador conecta estos tres en una imagen de algo que satisfará su apetito, la forma, el color y el olor se convierten en realidad convencional. Incluso en este punto, el meditador puede todavía dejar pasar la experiencia. Pero si se aferra a ella, habrá inevitablemente anhelo, ignorancia e ilusión. Únicamente dejándola pasar y siguiendo a la próxima experiencia puede logran desligar de ella.

Mente y Cuerpo
El meditador vive la realidad exponencial a tra¬vés de su cuerpo y mente. Cuerpo alude a los objetos de conciencia que se ven afectados por accidentes naturales como el calor y el frío, el crecimiento y la decadencia, el movimiento y el descanso. El cuerpo es la fuente de las impresiones sensoriales: objetos visibles, audibles, olorosos, etc. El cuerpo es concebido siempre como asumien¬do una de las cuatro principales posturas: de pie, caminando, sentado y yaciendo.
La mente es la conciencia —agente, vehículo— del cuerpo. Tiene varios estados, que incluyen la conciencia del dolor físico, el sufrimiento mental, el divague mental, el cansancio, el anhelo, la ira, ver, escuchar, oler, gustar, y el sentimiento de lo corpó¬reo. Estos se centran en el cuerpo o en la mente.

Sabiduría consciente
A través de la Meditación Consciente logramos, en su objetivo final, Sabiduría Consciente. Este es el saber que nos permite distinguir la realidad convencional de la realidad experiencial, y nos hace darnos cuenta de que la realidad convencio¬nal es trivial a ilusoria. Nos desliga de aferrarnos a ella. La Sabiduría Consciente nos lleva a una conciencia de la importancia de la realidad experien¬cial. También nos permite que dejemos fluir a través de nosotros la realidad experiencial sin afe¬rrarnos o anhelar esta realidad.
La Meditación Consciente se distingue princi¬palmente por el hecho de que en el proceso no nos aferramos a la fase presente en el flujo de la experiencia. Nuestro dejan pasar de esta fase nos permite darnos cuenta de la transciencia de reali¬dades tales como el dolor, la furia, el anhelo, etc. Con esta conciencia podemos dejar pasar todos estos sentimientos negativos y dañinos. A través de la Meditación Consciente logramos la sabidu¬ría que nos lo permite. Nos despojamos de la realidad convencional, dejamos pasar los senti¬mientos negativos transitorios, vivimos principal¬mente en un mundo de realidad experiencial, le permitimos fluir a través de nosotros y ello nos conduce a la Sabiduría Consciente.
Conciencia de la Verdadera Naturaleza del Cuerpo
Si no se ha logrado Sabiduría Consciente, es muy fácil verse conducido a mirar al cuerpo humano como bello, atractivo, deseable. Esto es mirar al cuerpo desde el punto de vista de la realidad convencional. Peno la realidad convencional puede, de la misma manera, llevarnos avenal cuerpo humano como sujeto a la decadencia, como algo inodoro, etc., es decir, como algo totalmente sin atractivo e indeseable.
A través de la Meditación Consciente podemos obtener una mejor imagen de la verdadera natura¬leza del cuerpo humano — como una serie sucesiva y sumamente compleja de fases transitorias de despertar, ser y desvanecerse. Bajo este aspecto, o sea el aspecto de la realidad exponencial del cuerpo humano, llegamos a darnos de cuenta de que el cuerpo no es intrínsecamente deseable, ni intrínse¬camente indeseable, sino algo cuyo valor es tan pasajero como su ser.

¿Qué meditación prescribir?
Para individuos acostumbrados a formas idóla¬tras de meditación es imperante permutar su medi¬tación por una limpiamente neutral según describe este artículo. Sólo queda por analizar cuál de las dos técnicas descriptas debe prescribirse para un sujeto en particular.
En términos generales la Meditación Tranquila es la más fácil y generalmente la más adecuada. No obstante, los casos más difíciles de manejar son con frecuencia aquellos de individuos de fuerte personalidad y/o fuerte intelecto. Ellos se sentirán satisfechos únicamente con una clase de medita¬ción que llega hasta las mismas raíces de la mente. Para ellos, la Meditación Consciente bien puede ser la mejor prescripción.
Lo que es más, como el lector habrá notado, algunos de los elementos de la Meditación Cons¬ciente conducen naturalmente hacia algunos de los más fundamentales conceptos del judaísmo, como la trasciencia del mundo material y la futilidad de la furia y otras emociones mundanas. Esto bien podría hacer al judaísmo más simpático al meditador.

Judaísmo y Meditación
Meditación tiene sus raíces en los mismos inicios de la herencia judía. Los comentaristas de la Torá explican que Abraham y los demás patriarcas eligieron ser pastores para poder pasar su tiempo en soledad. Estaban totalmente dedicados al servicio de Di-s y escogieron una profesión que les permitiera llevar una existencia totalmente espiritual. Al volverse pastores, pasaron sus días en la soledad de los campos, en lugar de verse envueltos en el barullo de la vida en la ciudad.
Esto es cierto también hoy. Al retinarse en sole¬dad por un período de tiempo (sin necesariamente abandonar la ciudad) la persona puede lograr salud sicológica, tranquilidad y paz de la mente, al meditar en un objeto que los produce.
Sin embargo, la única meditación que se ordena a todos los judíos es aquella que es parte del servicio a Di-s, la plegaria. El Código Judío de Leyes declara que antes de cada plegaria la persona ha de meditar ‘en la grandeza de Di-s y la pequeñez del hombre’ (Shulján Aruj Oraj Jaím). Esta medita¬ción se ejecuta con una intención fija y en un momento determinado. Su meta es mejorar la cali¬dad de la plegaria de la persona, no la de calmar sus nervios.
Otros tipos de meditación deben emplearse por aquellos que lo precisan por razones terapéuticas. Un judío ortodoxo saludable no precisa de medita¬ción para lograr serenidad. Por el contrario, si co¬mienza a hacerlo, podría llegar a hacerse daño sicológicamente.
Meditación comparte una característica con otras

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