Individualidad y el colectivo

Ocultos en las palabras más convencionales de la Torá, se encuentran secretos que lidian no sólo con la realidad espiritual, sino con el gran impacto que viene a través de una acción individual en el mundo físico.

Rabí Yaakov Abujatzira (1807-1880), el más famoso kabalista Marroquí, enseña que la palabra “Israel” puede ser leída como un acrónimo de “Iesh Shishim Ribó Otiot La Torá”, que significa:”Hay seiscientas mil letras en la Torá”. Por lo tanto, Israel no abandonó Egipto hasta que no hubieron seiscientas mil personas, para que cada alma pueda contar con el apoyo de una letra de la Torá.

En otras palabras, 600.000 almas de la Nación de Israel presentes en el recibimiento de la Torá tenía una letra correspondiente de las 600.000 letras de de la Torá.

Como veremos, este concepto intuye otros conceptos místicos fundamentales concernientes al entendimiento de la Torá del individualismo y la colectividad.

La primer cosa que cada judío debe entender es que está conectado a una de esas 600.000 almas que recibieron la Torá. Es como si nosotros hayamos estado parados en el Monte Sinai y hayamos testificado que Di-s habló con la Nación de Israel.

El gran Kabalista Italiano del Siglo XVII, Rabi Moshe Jaim Luzzato, conocido como el Ramjal, explica que Abraham es la raíz del pueblo Judío y que todas las 600.000 ramas que representan las almas presentes durante la entrega de la Torá se conectan a él. De hecho, cada judío es una extensión de estas ramas y está intrínsecamente conectado a las almas que estuvieron presentes en Sinai (Derej Hashem 2:4:4). Siendo que cada uno de nosotros tenemos una conexión con una de estas almas, entonces debemos también tener una conexión con una de las letras de la Torá.

¿Pero qué significa estar conectado con una letra de la Torá?
La Torá puede ser vista de dos maneras: en su aspecto general, como una unidad completa, o en su forma específica, de 600.000 partes individuales. Así como la Torá tiene una forma específica y una general, así también con Israel, que como enseña el AriZal, es comparado con un cuerpo. El cuerpo tiene una forma entera, colectiva, que es la entidad de la Nación como un todo, y también está formado por partes específicas, que se comparan con los individuos dentro de Israel.

Para que todo el cuerpo esté sano, las partes específicas deben funcionar correctamente en armonía, cada una cumpliendo con su función exclusiva que responde a las necesidades de un bien mayor. Por lo tanto, cuando nosotros como individuales actualizamos nuestro potencial, cada otra parte individual es elevada, así como lo es todo el pueblo judío como un entero.

Pero la actualización de nuestra exclusiva habilidad individual sólo puede venir a través del trabajo en armonía con el cuerpo entero de Israel. Si no, somos como un pulgar solitario sin una mano.

Justo antes de que la Nación recibiera la Torá en el Monte Sinai, vemos una vívida descripción de Israel como un cuerpo sano con la suma de sus partes trabajando en perfecta armonía. La Torá establece: “Y ellos viajaron de Refadim, y llegaron al Desierto de Sinaí, y acamparon en el desierto, y acampó ahí, Israel, frente la montaña” (Ex 19:2)

Quizá el más famoso comentarista de la Torá, Rabí Shlomo Itzjaki, conocido como Rashi, se da cuenta de un tema muy evidente en el versículo. En la primer parte del mismo, habla en plural “ellos” para describir a la Nación acomodándose en sus campamentos. Pero en la segunda parte del versículo, en donde dice que Israel acampó frente a la montaña, está escrito en forma singular. Rashi se refiere a este tema comentando que Israel en ese momento del viaje “siendo uno solo, con un solo corazón”.

En otras palabras, contrariamente a otros momentos del recorrido, aquí todos estaban en completa sintonía unos con los otros, por lo tanto se usa la forma singular. Aquí vemos a Israel como unidad utilizando sus fuerzas individuales hacia el mayor bien colectivo, y en el proceso, haciendo un recipiente para recibir el regalo de la Torá.

Si nos fijamos detalladamente en las palabras de Rashi, que cita al Midrash Mejilta, vemos algo más profundo. La palabra “siendo”, también intuye al elevado nivel intelectual humano; “corazón” representa las emociones dentro de la persona. Siendo que vemos la palabra “siendo” antes que la palabra “corazón”, el Midrash no enseña que el intelecto nos guía las emociones. Solo cuando el intelecto guía las emociones puede Israel crear un recipiente capáz de recibir el regalo divino de la Torá.

El estado de armonía que el cuerpo de Israel adquiere en el Monte Sinai nos inspira para nuestra meta nacional. El Maharal, Rabí Iehuda Lowe de Praga (1525-1609), explica que el distintivo propósito de la Nación Judía es enseñarle al mundo que Di-s es uno. Hacemos esto a través de la unidad de nuestra exclusiva personalidad múltiple y talentos como una unidad dinámica todas trabajando hacia el mayor bien colectivo.

Estar conectado a una letra en la Torá nos enseña que cada individuo está obligado a actualizar su talento especial, y a usarlo para el mayor bien del Pueblo Judío. Así como en la Torá, cada letra debe estar escrita en su debido lugar, así también, el pueblo judío puede revelar todo su potencial cuando cada individuo trabaja apuntando al bien mayor.

Por Jonathan Udren

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