Humildad

Hay una paradoja: ser humilde requiere de ego. Me explico. Todos estamos familiarizados con la frase: “Los ‘sumisos’ heredarán la tierra” (Salmos 37:11). Pero “sumiso” es una mala traducción. Sumiso significa sometimiento, fácil imponérsele. La palabra hebrea es “ANAV” – humilde. ¿Cómo debemos entender esta palabra? Se la utiliza para describir a Moshé – el redentor, el legislador, el mayor de los profetas. Moshé es descrito como el más humilde – anav – de todos.

Sin embargo, si tenemos en cuenta cómo Moshé se plantó delante del Faraón, la forma en que llevó al pueblo y a atendió sus quejas, como rompió las Tablas, etc, difícilmente podríamos describirlo como “sumiso”. Y otro punto: Moshé tenía que saber quién era. No podía mentirse a sí mismo y decir que no era un profeta, que no habló con Di-s directamente, etc. Entonces, ¿cómo funciona todo esto?

El Talmud ofrece una visión: para ser un anav, ser humilde, primero tienes que ser honesto. Honesto contigo mismo. Tienes que evaluar tus fortalezas y debilidades, reconocer tus logros, así como tus fracasos. En otras palabras, tienes que tener un ego – un sentido de tí mismo. Tienes que saber quién eres.

Pero tiene que venir el reconocimiento: si a otro se le habrían dado las oportunidades y el talento que tengo, ¿no habría logrado más?

No se trata de una falsa humildad, un juego del ego. Si el auto-examen es honesto, entonces también lo es el reconocimiento: cada uno de nosotros tiene una misión divina, una tarea única. Cada uno de nosotros tiene un segmento del mundo para transformar, a través de actos de bondad y amabilidad.
Cuando hacemos la diferencia, cuando transformamos la vida de alguien para mejor, aunque sea un poco, espiritual o materialmente, es natural que nos sintamos bien con nosotros mismos. Y ahí es cuando tenemos que ser humildes, convertirnos en un anav. En realidad, sólo hemos hecho nuestro trabajo, sólo completamos una pequeña parte de la tarea que se nos confía. Y hay mucho más que podríamos haber hecho, y mucho más que hacer.

Y si vas a transformar tu parte del mundo, no puedes ser sumiso. De hecho, hay otra declaración del Talmud: “Iehuda ben Teima dijo: debes estar confiado como un leopardo, liviano como un águila, rápido como un ciervo, y fuerte como un león para hacer la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos.” (Ética 05:20)

¿Cómo funciona esto? ¿Cómo se puede ser “valiente como un leopardo… fuerte como un león” si también se supone que se es humilde? La respuesta está en el resto de la frase: hacer la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos. El hacer tiene que ser con audacia, fuerza y energía. Y el hacer tiene que ser con una entrega total a la voluntad de tu Padre en el Cielo – un enfoque unilateral, una concentración total. El ego, el sentido de ti mismo, la auto-evaluación – que sucede después. Y es entonces que la humildad se convierte en parte de la descripción del trabajo.

David Kaufmann

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