Hola alma, mi vieja amiga

La historia cuenta sobre un rey que una vez decidió premiar a un campesino que le había brindado un gran servicio. “¿Debería darle una bolsa con monedas de oro? ¿Una bolsa con perlas?” pensó el rey. “Pero esto no significa nada para mi. Yo quiero, por primera vez, darle realmente algo que voy a extrañar, un regalo que constituya un sacrificio para mi”

Ahora, este rey tenía un ruiseñor que le cantaba las canciones más dulces que el oído humano haya oído. Él atesoraba a este ruiseñor por encima de todo, y literalmente encontraba su vida imposible sin él. Así que él convocó al campesino a su palacio, y le dio el pájaro. “Esto”, dijo el rey, “es en aprecio a tu lealtad y devoción”. “Gracias, Su Majestad”, dijo el campesino, y llevó el regalo real a su humilde hogar.

Un tiempo después, el rey estaba pasando por el pueblo de este campesino y le ordenó a su chofer frenar frente a la puerta del campesino. “¿Cómo disfrutas de mi regalo?”, le preguntó a su querido sujeto. “A decir verdad, Su Majestad”, dijo el campesino, “la carne del ave estaba un poco dura, de hecho casi incomible. Pero la cociné con muchas papas, y le dio al guiso un sabor interesante”

UN SABIO LLORA
La historia de Iosef revelándose a sus hermanos luego de décadas de amarga separación, es una de las más dramáticas de toda la Torá. Veintidós años antes, cuando Iosef tenía diecisiete años, sus hermanos lo raptaron, lo tiraron a un pozo, luego lo vendieron como esclavo a los mercaderes egipcios. En Egipto, estuvo doce años en prisión, desde donde se alzó para convertirse en virrey del país. Ahora, luego de más de dos décadas, el momento para la reconciliación había llegado.

“Iosef no pudo contener sus emociones”, la Torá relata en la porción semanal. Echó a todos los asistentes egipcios de la recámara. “Y comenzó a llorar tan fuertemente que hasta los egipcios que se encontraban afuera podían escucharlo. Y Iosef le dijo a sus hermanos: “¡Yo soy Iosef! ¿Mi padre sigue vivo?. Sus hermanos quedaron tan atónitos, que no pudieron responder”.

El Talmud relata, que cada vez que el gran sabio Rabí Elazar llegaba a este versículo, “Sus hermanos estaban tan atónitos que no pudieron responder”, explotaba en llanto. Rabí Elazar solía decir, “Si la reprimenda de un hombre de carne y hueso (Iosef) es tan poderosa que causa tanta consternación, la reprimenda del Di-s (cuando llegue) será mucho mayor y causará mucha más vergüenza”

Pero, dos puntos en la declaración de Rabí Elazar, parecen estar errados. Para empezar, el versículo no dice que Iosef los reprimió. El versículo declara meramente que “Iosef le dijo a sus hermanos: ¡Yo soy Iosef! ¿Mi padre sigue vivo?”. Esto no suena como una reprimenda.

Segundo, la comparación entre la reprimenda de Iosef a sus hermanos y la reprimenda de Di-s hacia la humanidad parece exagerada. Los hermanos en persona vendieron a Iosef a la esclavitud, subyugándolo al peor tipo de abuso. Por lo tanto, estaban completamente en shock cuando finalmente se enfrentaron a él. Ninguno de nosotros ha hecho algún enfrentamiento similar con Di-s, como para experimentar tal pavor hacia la reprimenda de Di-s.

EL SOÑADOR INOCENTE
Para entender esto, debemos recordar la idea establecida numerosas veces que todas las figuras representadas en la Torá no son sólo gente física que vivió en cierto período de tiempo. Ellas también personifican particulares fuerzas psicológicas y espirituales, que existen continuamente dentro del corazón humano.

Iosef es descrito en la Torá como un muchacho bello y elegante, “hermoso de figura y hermoso de aspecto” y como “el dueño de los sueños”. De acuerdo a la Kabalá, Iosef simboliza la pura y sagrada alma del hombre, y las travesías y trayectos de Iosef, reflejan los caminos individuales del alma humana.

Por ende, para entender la historia de Iosef, debemos entender la naturaleza de nuestra propia alma.

UNA IMÁGEN DEL ALMA
¿Cómo es el alma? ¿Qué elementos de nuestra personalidad podemos atribuir a nuestra alma? ¿Cómo puede uno reconocer la voz de su alma? Ninguna criatura ha estado bajo tal ataque feroz en nuestra generación como el “alma”. Neurocientíficos, psicólogos y biólogos han estado puntualizando por décadas de que el alma no existe. Que somos meras máquinas, medibles por las barras de la ciencia médica. Investigaciones han querido demostrar que las cualidades de la vida mental que nosotros asociamos con las almas son puramente corpóreas, emergen de los procesos bioquímicos del cerebro. Esto es crudamente demostrado en los casos en donde el daño al cerebro borra las capacidades centrales de nuestra humanidad como ser, la memoria, auto control y poder de decisión.

Aún así, a pesar de la enorme literatura que quiere desaprobar la existencia del alma, los humanos no nos sentimos satisfechos con la descripción de que somos meras máquinas sofisticadas. La “máquina” por alguna razón, se niega tercamente a aceptar que es una máquina y busca más.

¿Qué es lo que el hombre busca?
No podemos decir que estamos buscando dinero y reconocimiento, aunque sea una de las cosas que buscamos. Tampoco es un confort físico lo que anhelamos. Vemos frecuentemente gente muy cómoda que no son felices. Hemos visto gente rica que es muy infeliz, y también gente poderosa que son ansiosos. Hay inquietud, una gran falta de salubridad en el centro de nuestro ser. Podemos concordar que lo que hay es una laguna en nuestra “máquina”.

Experimentamos con muchos comportamientos para poder llenar ese vacío. Nos engranamos con auto gratificaciones, con hacer dinero, con ganar poder y respeto, pero nada de eso lo soluciona. Nos recorremos el mundo, literalmente y figurativamente, y nos damos cuenta que las localidades con las que nos encontramos, llamémoslas gente, cosas, eventos, circunstancias, situaciones, no son los puntos en los cuales podemos descubrir ese algo que pareciera que hemos perdido.

ESTAMOS BUSCANDO A NUESTRAS ALMAS
Tome este ejemplo: Un ejército gigante es comandado por un individuo. ¿Qué fuerza tiene este hombre sobre estas millones de personas? Mecánicamente, físicamente, materialmente, económicamente, no tiene ninguna fuerza. Sin embargo, tiene fuerza. Porque este individuo personifica la misión, la visión, el propósito que hay detrás de todo el ejército; en su persona están acompasadas las miríadas de individuos que son impulsados por una misma causa. Esto no es un pensamiento científico, porque la ciencia no puede reconocer lo que no puede observar y experimentar, y si observamos un ejército, experimente sobre este ejército y obsérvelo a través de un microscópico o incluso con un telescopio, y solo veremos una gigante masa de gente.

Pero la verdad es que no es una masa de gente, hay algo más en esto, que es la razón por la cual no la llamamos “muchedumbre” sino, “ejército”.

La ciencia puede articular el “cuerpo” del ejército, no su alma: su interna identidad, su razón de existir, ese hilo invisible que transforma a millones de personas en una cohesiva entidad.

La vida humana, también, precisa un alma. El alma humana constituye aquella dimensión dentro nuestro que experimenta el singular objetivo de la vida humana, sincronizando las dimensiones del organismo humano y los fragmentados componentes de nuestras vidas diarias con el todo integrado. La vida sin el reconocimiento del alma es como un músico tocando notas cualesquiera sin una visión y un mensaje integrándolas en una singular balada.

Y la “personalidad” y ambiciones del alma son bastante únicas. En el Tania, Rabí Shneur Zalman de Liadi define al alma como una llama que desea salir de su mecha y besar los cielos. “El alma”, escribe, “constituye el interrogante del hombre de trascender los parámetros de su ego y estar absorto en la fuente de toda la existencia”. El alma prevé el propósito de la vida de convertirse uno con lo Divino.

El Kabalista Rabí Elazar Azkari escribió una plegaria, que describe al alma con las siguientes palabras: “Mi alma está enferma de amor por tí; Oh Di-s, te suplico, por favor cúrala mostrándole la dulzura de Tu esplendor; luego será vigorizada y sanada, experimentando la alegría eterna”.

El alma, en otras palabras, constituye esa dimensión de nuestro psiquis que no precisa el auto agrandamiento, dominancia y excesivo materialismo. Desprecia la política, manipulación y deshonra; y rechaza el comportamiento no ético y las falsas fachadas.

¿Cuales son sus aspiraciones? El alma anhela un solo deseo: seguir siendo lo que es, un “fragmento” de Di-s en la tierra, un reflejo de Su dignidad, integridad, misterio e infinidad
.

ABUSO

Aún así, ¿Cuántos somos concientes de la existencia de tal dimensión en nuestra personalidad? ¿Cuántos de nosotros han prestado atención a las necesidades de nuestra alma? En respuesta al los sueños que nunca terminan del alma y a los deseos que confunden nuestra agenda egocéntrica y disturben nuestros anhelos de un instante de gratificación, muy frecuentemente tomamos al “Iosef” dentro nuestro y lo tiramos a un pozo. Atentamos relegar sus sueños y pasiones a las bodegas subconscientes (el pozo) de nuestro psiquis.

Cuando eso no funciona, porque podemos todavía oír nuestras silenciosas súplicas de cambiar la dirección de la vida, vendemos a “Iosef” como esclavo a gente extraña, dejando que nuestras almas queden subyugadas a las fuerzas que nos conducen y que son forasteras a su propia identidad.

EXPOSICIÓN
Sin embargo, en cada una de nuestras vidas el momento llega cuando nuestro “Iosef” interno, quien ha sido forzado a ocultar su verdad por tantos años, emerge de lo oculto y nos revela su propia identidad. En ese momento, comenzamos a descubrir su belleza pura y profunda de nuestra alma y nuestros corazones se llenan de vergüenza.

La humillación que los hermanos experimentaron cuando Iosef se les reveló, no provenía del hecho que él los reprimió por haberlo vendido como esclavo. La mera apariencia de Iosef constituyó para ellos la amonestación más poderosa: Por primera vez se dieron cuenta quién era el que habían subyugado a tal horrible abuso y sus corazones se derritieron en vergüenza.

Similarmente, Rabí Elazar estaba diciendo, cuando llegue el día y vamos a darnos cuenta la santidad espiritual y Divina de nuestras personalidades internas, vamos a estar completamente asombrados. Vamos a preguntarnos una y otra vez, ¿Cómo pudimos dejar que esta inocente y bella alma sea arrojada al oscuro y tenebroso pozo?

¿Cómo pudimos permitirnos agarrar a este profundo ruiseñor, capaz de producir la más bella de las músicas, y faenarlo como un pollo?

Por Yosef Y. Jacobson

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