El mesnaje

El Rebe dijo: “Para derrotar la depresión debemos introducir una perspectiva nueva en nuestro pensamiento. Reemplazar los pensamientos perturbadores y destructivos por otros positivos y constructivos. Pensemos bien y las cosas saldrán bien. Reconocer la bondad aún dentro de una situación aparentemente mala, y saber que combatir el miedo significa superar un desafío. Aquí una historia que ayuda (de “Hacia una vida plena de sentido” de Simon Jacobson)

Cierta vez, un rey muy poderoso llamó a sus consejeros y les dijo:

- Estoy fabricando un precioso anillo. He conseguido uno de los mejores diamantes posibles. Quiero guardar dentro de él un mensaje que pueda ayudarme en momentos de desesperación absoluta, y que ayude a mis herederos, y a los herederos de mis herederos, por siempre. Tiene que ser un mensaje corto, de manera que quepa debajo del diamante del anillo.

Quienes escucharon eran sabios, grandes eruditos que podían escribir largos tratados, pero un mensaje de no más de dos o tres palabras que ayudaran en momentos de desesperación absoluta… Pensaron, consultaron sus libros, pero no podían encontrar nada. El rey tenía un sirviente anciano que también había servido a su padre y sentía un inmenso respeto por él, de modo que también lo consultó. Y éste le dijo: “No soy sabio, ni erudito, ni académico, pero conozco el mensaje. Durante mi larga vida en el palacio, me he encontrado con todo tipo de gente, y en una ocasión conocí a un místico. Era invitado de tu padre y yo estuve a su servicio. Al partir, como gesto de agradecimiento, me dijo estas palabras. El anciano las escribió en un diminuto papel, lo dobló y se lo dio al rey. “No lo leas” -le dijo- “mantenlo oculto en el anillo. Ábrelo sólo cuando todo lo demás haya fracasado, cuando no encuentres salida a la situación”.

Ese momento no tardó en llegar. El país fue invadido y el rey perdió el reino. Estaba huyendo en su caballo para salvar su vida y sus enemigos lo perseguían. Llegó a un lugar donde el camino terminaba, no había salida: frente a él un precipicio, caer por él sería el fin. Volver, imposible, pues el enemigo le cerraba el camino. Podía escuchar el trotar de los caballos. De repente, recordó el anillo. Lo abrió, sacó el papel y allí encontró un pequeño mensaje tremendamente valioso. Simplemente decía: “ESTO TAMBIEN PASARA”. Mientras leía, sintió que se cernía sobre él un gran silencio. Los enemigos que le perseguían debían haberse perdido en el bosque, o debían haberse equivocado de camino. El rey se sentía profundamente agradecido al sirviente y al místico desconocido. Aquellas palabras habían resultado milagrosas. Dobló el papel, volvió a ponerlo en el anillo, reunió a sus ejércitos y reconquistó el reino. Y el día que entraba de nuevo, victorioso en la capital, hubo una gran celebración. El anciano estaba a su lado en el carro y le dijo: “Este momento también es adecuado: vuelve a mirar el mensaje, pues no es sólo para situaciones desesperadas; también es para situaciones placenteras. No sólo para cuando estás derrotado; también es para cuando te sientes victorioso. No es sólo para cuando eres el último; también es para cuando eres el primero. El rey abrió el anillo y leyó el mensaje: “Esto también pasará”, y nuevamente sintió la misma paz, el mismo silencio, en medio de la muchedumbre que celebraba y bailaba, pero el orgullo, el ego habían desaparecido. El rey pudo terminar de comprender el mensaje. Se había iluminado.

Aún no hay comentarios

¡Sea usted el primero!

Complete el formulario siguiente para comentar.

Deje un comentario