El arquitecto

Cuando nos encontramos en momentos difíciles en la vida, muchos tendemos a dudar de la existencia de un sistema y plan Divinos en el mundo. Cuando una parte de la estructura del mundo parece estar fuera de sincronización respecto de cómo entendemos que debería ser, somos rápidos para arribar a conclusiones en cuanto a todo el cosmos. No obstante, los mundos de la física, la química, la astronomía y las demás ciencias naturales, demuestran lo contrario. En ellos, inclusive el átomo más pequeño es percibido como poseedor de su propia estructura y función; cada partícula de la materia está sujeta a leyes específicas y forma parte de una organización definida, un orden cósmico vasto y complejo.
Para enfatizar esta lección, imagine encontrarse en un edifi­cio con miles de habitaciones; los muebles en cada una están perfectamente ordenados. No obstante, en una pequeña habitación usted nota que los muebles parecen extraños, y el sentido de organización tan evidente en el resto de la estructura no es inmediatamente aparente. Dado que en el gigantesco edi­ficio, con sus miles de habitaciones, se percibe un sistema orde­nado, es de suponer que también la pequeña habitación con sus muebles extraños forma parte del plan general. Aunque el observador sin entrenamiento no entienda inicialmente su sen­tido, la reflexión lo llevará a la conclusión de que también esta anomalía debe estar formando parte de un sistema más grande.

Igrot Kodesh dd Rebe, Yol. XIII, pág. 172

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