Cuatro excusas

La excusa de “Así es como Di-s me hizo”:
¿Por qué no puedo hacer lo que se me cante la gana? Después de todo, si lo quiero, eso significa que hay algo dentro de mi que me está diciendo que lo quiero ¿no es así? Estoy siendo simplemente yo. ¿No es natural para mí ser yo?
La excusa de “Lo siento, lo perdí”:
Mira, sé que es incorrecto. Pero no me puedo controlar. Tengo este arranque de violencia en mí que…bueno, una vez que empiezas conmigo, no puedo parar.
La excusa de “Soy especial”:
Soy un artista/comerciante/hombre santo/jefe/heredero/científico. Tengo talentos muy especiales y habilidades y grandes cosas por lograr. La reglas comunes no se aplican en mí. No puedo estar bajo el mando de leyes que están diseñadas para mantener al rebaño en fila.
La excusa de “Soy pequeño” y “De qué sirve”:
Sabes, solían importarme esas cosas e intentar remendar los errores del mundo. Pero ¿Cuál es el punto? El mundo es lo que es, y lo que haces no marca una gran diferencia. Así que dejo que las cosas fluyan.
La porción semanal de la Torá, Mishpatim (“Leyes” Éxodo 21-24) incluyo mucho de lo que puede llamarse el “código civil” de la Torá, las leyes concernientes asaltos criminales, robos, daños, préstamos y alquileres, relación entre empleado y jefe, etc. Pero los maestros Jasídicos constantemente nos hacen recordar que todo en la Torá tiene “cuerpo” y “alma”: el concepto más bajo o esotérico tiene una aplicación práctica, y la ley más técnica tiene un sentido espiritual.
Mishpatim incluye las leyes de “los Cuatro Prototipos de Daños” (como el Talmud los define): “El animal, el agujero, el hombre y el fuego”. Técnicamente, éstos describen cuatro categorías básicas por las cuales una persona es responsable:
1. “Animal”: daño causado por el animal de uno u otra posesión (como ser, tu buey gorjeó a la vaca de tu vecino; tus carbas se comieron las plantas de tomate de tu vecino);
2. “Agujero”: daño pasivo causado por la negligencia de un criminal (como ser, tú cavas un pozo en medio de la calle y alguien se cae y se rompe una pierna);
3: “Hombre”: activo, daños que involucran a la persona (por ejemplo, tú rompes su lámpara de $1000 o la única nariz de su cara);
4: “Fuego”: daños que surgen por la falla de controlar fuerzas dañinas potenciales que son responsabilidad tuya de controlar (por ejemplo, estás quemando basura en tu patio y se propaga a la propiedad de tu vecino).
Los “Cuatro Prototipos de Daños”, dice el Rebe, también describen cuatro fenómenos de daños espirituales: la tendencia de ciegamente e indiscriminadamente seguir a nuestros deseos (“el animal”); el fracaso de controlar nuestro enojo y otras fuerzas destructivas en nuestro psiquis (“fuego”); la ilusión que todo está permitido para alcanzar una meta más “alta” (“hombre”), y la inercia de lo pasivo, ahuecar el alma (“el agujero”).
Así como las leyes de Mishpatim nos advierten y prescriben los remedios para los “prototipos de daños” físicos, el “alma de la Torá” interactúa sus cuatro analogías espirituales:
Sí, nuestros instintos animales son naturales, necesarios y deseables, pero solo cuando se guían y dirigen por los instintos más elevados de nuestra alma Divina.
Sí, fuerzas volátiles rugen dentro de nosotros pero les hemos dado la responsabilidad, y los medios, de controlarlos.
No, nuestras aspiraciones más elevadas y espirituales no están exentas de la regla de la ley. Al contrario, cuando fallan en subyugarse a su mayor autoridad, se convierten en la causa de que los males más grandes perpetren en el hombre.
De hecho, la pasividad es una rutina muy fácil de enrolarse. Debemos recordarnos constantemente que nuestras acciones hacen una diferencia en el mundo de Di-s: Él lo creó, Él nos confió la tarea de mejorarlo, y Él nos proporcionó con la fuente para hacerlo. Solo debemos raspar la superficie de nuestra alma para desenvolver la fe, el deseo, la pasión, y la energía para actuar.

Por Yanki Tauber

1 comentario

¡Sea usted el primero!

Complete el formulario siguiente para comentar.

Deje un comentario