Ayn Rand vs. Judaísmo

“Los CEO argentinos más inteligentes recién están empezando a descubrir ahora a Ayn Rand; varios la leyeron y se entusiasmaron, aunque no sé a cuántos les gustaría hacerlo público. Claro que en nuestro país no hay nada comparable con la influencia decisiva que tuvo y tiene Rand en EE.UU., donde –según una encuesta realizada en la prestigiosa Biblioteca del Congreso de aquel país La rebelión de Atlas fue la obra que más impacto produjo después de la Biblia, no sólo entre los hombres de negocios sino en la formación ideológica del americano medio (De La Nación)

Ayn Rand, autora de Rebelión del Atlas, El Manantial y otros libros, es la fundadora del objetivismo, una filosofía que predica la superioridad del intelecto y el objetivismo, un pensamiento racional que no está contaminado por “débiles” reacciones emocionales altruistas, lo cual se volvió un enigma aún no resuelto para lectores, críticos y pensadores.

Algunos desearían hacer desaparecer su memoria, pero en su búsqueda y lucha inconsciente, traen a la luz las verdades que ella propugna. Otros poseían fe ciega en ella, pero en su inmortal devoción comprometen su propia individualidad crítica, la cual constituye el pilar de su filosofía. Y más allá de las reacciones de los lectores, hay muchas incoherencias dentro de sus pensamientos, lo cual hace la tarea aún más desalentadora. Dentro de sus fans cuenta al socio de la Suprema Corte de Justicia Clarence Thomas, mientras que la revista Salon compara su trabajo con el de Hitler.

Yo no soy ni un feroz crítico ni tampoco un fan. No me siento molesto ni tampoco motivado por sus excesos. Observo su trabajo y sus ideas con escepticismo, pero también estoy ansioso por aprender y ganar algo de mis experiencias literarias.
La primera cosa que me digo a mi mismo es que, exceptuando su confianza en si misma, ella no posee un monopolio sobre la verdad y la coherencia. Es un simple ser humano mortal, aunque muy inteligente, que estaba cegada por su personalidad subjetiva como el resto de nosotros. Esto nos indica que no debemos meter todo en la misma bolsa. Aunque Ayn Rand es una presa tentadora, la manera de acercarse a su obra es utilizando herramientas específicas y un poco de paciencia. Entonces, ahora que no estamos juzgando su obra completa sino una selección de sus ideas, deseo focalizarme en el conflicto existente entre sus ideas y el judaísmo. Muchos sugieren que sus ideas son diametralmente opuestas a los valores judíos, especialmente a los del Jasidismo. Este conflicto muestra un perfil que golpea al lector inmediatamente al conocer sus personajes y argumentos.

Algunos de sus obvios campos de batalla son la caridad, el ego, la sumisión y la compasión. (Omití a propósito el tema de la religión, ya que ese, es un perfecto ejemplo de su escritura maníaca, adonde desea unir ideas completamente distintas, esperando que se unan solamente con el pegamento de su entusiasmo. Su verdadero ataque a la religión no amerita ninguna respuesta, pero su ataque indirecto a los valores “religiosos” es el tema principal de este artículo).

Hablando en forma general, el ataque es realmente hacia los valores del cristianismo y no hacia los del judaísmo. Espero que luego de una retrospectiva general, ustedes, los lectores, estén de acuerdo en que el ataque al judaísmo no es tal. Esto es parte de la tragedia de la asimilación: su conocimiento era en su mayoría sobre el cristianismo, y como hacen muchos judíos seculares, ella colocó todas las creencias religiosas en un solo lugar. Acaso sabía que el judaísmo, en especial el Jasidismo, no anula a la persona sino todo lo contrario, la eleva, con todos sus talentos y pensamientos. Tal vez hubiese abrazado una de las teorías más individualistas, (aunque con una dirección completamente diferente) una filosofía objetiva, el Jasidut.

“Guau”, es lo que tal vez estás pensando, y con razón. El salto desde un pequeño defecto de asociación hacia la sumisión a un dogma que demanda el control de todos los aspectos de la vida de la persona, es bastante grande. Y, si, aún así mantengo mis conjeturas. He aquí el por qué: Ayn Rand sostenía que el hombre es el único responsable de si mismo. ¿Acaso no suena familiar al dictamen Talmúdico “El hombre está obligado a decir: el mundo fue creado para mi”? Si te ves sorprendido por está aseveración Talmúdica, deberás saber que hay muchísimas máximas como estas.
¿Pero cómo logramos reconciliar esta cara del judaísmo con el concepto en el cual se demanda humildad, auto sacrificio, compañía y amor? ¿Cómo juzgamos cada experiencia por separado determinando cuál es el lado del judaísmo que debemos aplicar en cada experiencia? Las preguntas continúan, pero la verdad es que todo surge de una premisa falsa, que nos dice que las teorías anteriores son contradictorias. En realidad estos dos conceptos se complementan.

El judaísmo desea que cada individuo desarrolle su máximo potencial. El judaísmo desea fortalecer a cada hombre y mujer, y lo hace alentándolos a incorporar la búsqueda de la plenitud en cada relación humana, en cada experiencia y en cada pensamiento. Pero el judaísmo sabe también que la realización personal no puede obtenerse hasta que la persona forma parte de esta experiencia. Sé humilde con todas las personas y aprende de cada una de ellas.

Otro modo de mirar la discrepancia existente entre Rand y el judaísmo es el desacuerdo sobre el trazo que dibuja la línea de la persona como unidad. Rand cree que la persona comienza y termina donde termina su cuerpo. El judaísmo sostiene que la unidad de persona comprende la experiencia, el entorno, el contexto, la misión y por supuesto, el cuerpo. ¿Pero acaso el judaísmo predica la dedicación al cuerpo?

En lugar de focalizarnos en la parte teórica y abstracta, miremos la evidencia práctica que poseemos: En el libro de Rand aquellos que son humildes están enojados y amargados, albergan resentimiento contra el mundo. Ellos no lograron sus objetivos y buscan culpar a otros por sus errores. Pero dentro de la historia judía, aquellos que fueron humildes tanto frente a Di-s como frente a los demás, no estaban enojados, no eran gente celosa, sino todo lo contrario, fueron las personas más llenas y satisfechas de la tierra. No tuvieron que sacrificar su legado y su nombre para alcanzar tal nivel; vivieron construyendo leyendas y héroes dentro del pueblo judío.

En nuestra generación fue el Lubavitcher Rebe quien redefinió la humildad. El estaba parado durante horas mientras las filas de niños iban pasando, a cada uno le daba una bendición, una sonrisa y alguna señal. El se volvía humilde frente a los niños. Era humilde frente a su nación. Y aún más, era humilde frente a Di-s. Sin embargo, al mismo tiempo poseía una personalidad vibrante. Su presencia llenaba el cuarto, y sus pensamientos se sentían alrededor del mundo.

Este es el sendero del judaísmo: la plenitud a través de la humildad y de la apertura hacia la incorporación de conocimientos. ¿Acaso Ayn Rand conoció su historia? ¿Acaso conoció a Rashi o al Rambam? Dudo que hubiese acusado a la religión de anular al individuo. Si hubiese conocido al Rebe sus libros hubiesen sido tal vez un poco más coherentes. Tal vez…

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