Almuerzo sagrado

¿Alguna vez has cerrado un trato, celebrado tu matrimonio o simplemente pasado un buen rato con tu amigo, sin haber comido algo juntos? Cuando piensas en tu hogar, ¿acaso tus recuerdos más elementales no residen en las papilas gustativas?, ¿y que hay de la comida? ¿puedes acercarte a algo aún más que ingiriéndolo y transformándolo en tu propia carne, huesos y sangre?

Dime qué, cómo, dónde y con quién comes, y te diré quién y qué eres.

Numerosas explicaciones se han ofrecido respecto a las leyes de la dieta Kosher que figura en la Torá. Algunos resaltan los beneficios saludables. Najmánides, el gran Sabio y Cabalista del siglo XII, explica que “los pájaros y muchos de los mamíferos prohibidos por la Torá son depredadores, mientras que los permitidos no lo son. Se nos es ordenado no comer esos animales crueles por naturaleza, para que no absorbamos las cualidades de ellos”.

Pero quizás la más simple razón (en la medida en la que una orden Divina pueda poseer una “razón”) es lo presentado por la Torá en donde habla sobre las leyes dietéticas:

“Para diferenciar entre lo impuro y lo puro, entre el animal que puede ser comido y el que no” (Levítico 11:47)

“Para diferenciar”, LEAVDIL, en hebreo, ésta sola palabra define la singularidad del hombre como una criatura moral. O en la terminología de la Torá, una persona “sagrada”.

Nuestros Sabios explican sobre este comentario que el concepto de LEAVDIL se aplica sólo sobre dos cosas similares. Las vacas también diferencian entre una hierba nutritiva y una hierba venenosa. Pero el comprador que observa kosher diferenciará entre un pedazo de carne de un animal que fue faenado por un Shojet de acuerdo con las leyes detalladas de la shejita, y un pedazo de carne de un animal que fue simplemente asesinado en un matadero. Ningún laboratorio descubrirá cualquier diferencia física entre los dos, pero el Judío acepta la primera y rechaza la segunda. Si él, sin saberlo, lleva el segundo a su cocina, le pasará el soplete a la sartén que usó para cocinarlo y tirará la vajilla en la que lo sirvió.

Moralidad es la capacidad de aceptar de que hay cosas que deben ser aceptadas y otras rechazadas. A veces es obvio. Hay veces que podemos olfatear la diferencia y otras que podemos entenderlas. Pero si sólo fuera eso, no seríamos más que las vacas evitando el veneno.

El momento en el que empezamos a tener una vida sagrada y de moral es cuando decimos: “Hay un SI y hay un NO en el mundo de Di-s. Muy seguido voy a encontrar que las cosas a las que les sigo “SI” me dan placer y me completan espiritualmente, mientras que aquellas las cuales les digo “NO”, logran lo contrario. Pero no es eso lo que las hace “SI” y “NO”. Por el contrario: debido a que algo es moralmente positivo, invariablemente ocupará un lugar positivo en mi vida, y algo que es moralmente negativo, inevitablemente me hará daño. Pero mi necesidad de afirmar el “SI” y rechazar el “NO” está por encima de estas consideraciones, que son el resultado, no la fuente, de la diferencia intrínseca”

Por: Yanki Tauber

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