“Esto es para bien”

Iankele Goldman no estaba angustiado cuando recibió su aviso del Ejército de Rusia…

Su madre lloraba. “Esto es muy serio” su padre dijo. “Debemos ir inmediatamente al Rebe para pedir una bendición “. Al otro día, lankele estaba frente al Rebe Rashab (Rabí Shalom Doy Ber).
Pero la familia estaba muy ansiosa ¿Quizás el Rebe daría sólo una bendición?
Iankele volvió con una gran sonrisa. “¡Buenas noticias!” anunció, “El Rebe me dijo que fuera a la Base del Ejército en Petersburg”.
Sus padres quedaron helados. “
¡No! Debes haber entendido mal, Iankele “, su padre susurró. Su madre empezó llorar de nuevo. La Base de Petersburg era famosa por su crueldad antisemita. Todos los judíos que se presentaban, incluso los cojos y enfermos, eran alistados. “Puedo conseguir cambiar el lugar”, dijo su padre. “Tengo amigos, contactos,. debes haber entendido mal al Rebe” Pero Iankele no prestó atención. Tenía que presentarse en una semana, en Shabat, en Petersburg.
Llegó a Petersburg el viernes a la mañana y fue la casa de otro jasid de Jabad. Esa noche después de las Plegarias de Shabat y la comida, Iankele durmió tranquilo. Tenía que despertarse temprano pues tenía tres horas de camino y la Base cerraba a la una.
A la mañana se levantó antes del alba y empezó a orar, pero su anfitrión también se despertó, vio lo que estaba haciendo y le dijo: “¡¿Qué estás haciendo?!. ¿Cómo puedes orar sin estudiar Jasidut primero?”
Iankele intentó explicarle, pero supo que el hombre tenía razón. Se supone que la Tefilá es emocional, cada palabra es una expresión de amor o temor o gracias a Di-s. “Estudiemos, y luego oraremos como debe ser y entonces iremos. ¡No te preocupes! Conozco un atajo. Con la ayuda de Di-s todo
estará bien” Dijo el jasid.
El estudio tomó más tiempo de lo que habían planeado, y luego la Plegaria. Cuando miraron el reloj eran.,, las once! “¡Gevalt!” clamaron. “¡No te preocupes!” Su anfitrión lo tranquilizó.
Corrieron tan rápido como pudieron, a través de patios y campos vacíos, y llegaron, diez minutos antes de cerrar!! Empujaron las puertas de madera. altas. Todo estaba demasiado callado. Veinte pares de ojos les enviaban mensajes de muerte y destrucción.
Alrededor del cuarto, contra las paredes había veinte escritorios, y detrás de cada uno había un oficial que miraba fijamente con odio a los dos intrusos. ¡Faltaban cinco minutos para cerrar, todos queremos ir a casa, y por culpa de ellos tenemos que permanecer horas! ¡¡¡Por estos judíos despreciables!!!. Después de un minuto de silencio, comenzaron a gritarles, escupirles y empujarlos.
Pero la ley declara claramente que debían atenderlo. Uno de los oficiales hizo señas a los otros, fueron a un lado, y después de un minuto de consulta todos agitaron sus cabezas de acuerdo. Cada uno volvió a su mesa, uno de ellos fue a Iankele, lo agarró por el cuello del gabán y casi lo alzó encima de a la primera mesa. Sobre la hoja de la Libreta estampó: ¡INCAPAZ! Iankele pasó a la segunda mesa, dónde la ceremonia se repitió. Y así sucesivamente. Finalmente, el sello de: DESCALIFICADO.
Lo empujaron a la puerta dónde su anfitrión, asombrado, estaba esperando. Fueron groseramente arrojados a la calle y puertas se cerraron.
Ves? “ dijo el jasid. “Si hubieses llegado temprano, seguramente te hubieran alistado”.

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