¿Quién quiere ser Judío?

Esta semana leemos (en Génesis 32) cómo Iakov recibió su nombre, “Israel”, luego de haber luchado con un ángel representando el espíritu de Esav la noche anterior. “Tu nombre no será más llamado Iakov”, proclama el ángel, “sino Israel, porque has estado con Di-s y con los hombres y has vencido”.

Sin embargo, Iacov continua llamándose Iakov en la Torá, además de su nuevo nombre Israel. La Tora alterna entre estos dos nombres. También ocurre con el pueblo Judío, generalmente somos referidos como “Israel”, o “Los hijos de Israel”, pero varias veces también somos llamados “Iakov” o “La semilla de Iakov”.

Los Maestros Jasídicos dicen que el nombre de Iakov es usado cuando somos referidos a Di-s como “Sirvientes”, mientras que el nombre de Israel se utiliza cuando somos llamados los “hijos” de Di-s.

La diferencia entre un sirviente y un hijo, puede ser entendido en varios niveles. La distinción más básica es la motivación detrás de la relación. Tanto el hijo como el sirviente cumplen con el deseo de su padre/amo. La diferencia es el por qué lo hacen. Cuando un hijo hace algo para su papá o su mamá, lo hace con amor, placer y alegría. El sirviente, por el otro lado, hace la acción no porque lo desee, sino porque lo debe hacer.

La diferencia afectará la calidad de la relación en todos los niveles. Mientras que el “hijo” y el “sirviente” pueden estar haciendo lo mismo técnicamente, hay una tremenda diferencia en la naturaleza, calidad e impacto en la acción cuando se hace con amor y deseo, o porque uno siente obligado a hacerlo.

Estos prototipos, el “hijo” y el “sirviente”, existen en todas las relaciones: en el matrimonio, en la familia, en el lugar de trabajo, etc. Incluso puede haber un hijo que sus sentimientos y acciones hacia sus padres se asemeja más a un sirviente, o viceversa.

En nuestras vidas como judíos y en nuestra relación con Di-s, también existen estos dos prototipos. Nuestro Judaísmo puede ser la de un sirviente, es decir, uno que simplemente acepta el hecho de que esto es lo que es, o también podemos ser “hijos” de Di-s que nos regocijamos con nuestro rol.

El “espíritu de Esav” que todos enfrentamos, es nuestro ser material. Es la parte nuestra que quiere ser como todos los demás, ganarse la vida con la menor molestia posible. Es la parte de nosotros que “acepta” el judaísmo como algo que ha sido impuesto sobre nosotros: hacemos lo que tenemos que hacer, pero sin el amor, la alegría y el deseo que viene de hacer algo que realmente queremos hacer.

Esta es nuestra personalidad de Iakov, nuestro ser que todavía pelea con el espíritu de Esav. Pero tenemos nuestros momentos de triunfo, momentos en el que nos elevamos al ser de “Israel”, que se regocija con la relación que hay con nuestro Di-s.

Pero la Torá sabe que no se trata simplemente de ganarle al ángel y “graduarse” de la personalidad de Iakov a la de Israel, sino que seguimos siendo los dos, alternando estos dos modos de nuestro judaísmo. Algunos podemos ser Iakov la mayoría del tiempo, y otros Israel. Pero la verdad es, que cada uno tenemos momentos de Israel y momentos de Iakov.

Es por eso que, incluso luego de que Iakov haya vencido al ángel y recibido el nombre de Israel, la Torá continúa llamándolo por los dos nombres. El mensaje es doble: primero, que Di-s continúa valorando nuestro ser de “Iakov”, y segundo, que la oportunidad siempre está allí para acceder a nuestro ser interno de “Israel”, y experimentar la alegría que viene en regocijarse en quién y cuál es nuestra misión en la vida.

Por: Yanki Tauber

Aún no hay comentarios

¡Sea usted el primero!

Complete el formulario siguiente para comentar.

Deje un comentario