¿La Torá es un libro violento?

PREGUNTA: Se habla mucho hoy sobre los peligros de la violencia islámica. Pero de mi lectura de la Torá, entiendo que es tan violenta como el Corán, y quizá más. ¿Puede decirse que el Judaísmo es una religión de paz si su texto santo promueve la guerra?

RESPUESTA: Nadie ha sido atacado alguna vez por un libro. Los textos no son amenazantes. Por otro lado, las bibliotecas serían consideradas áreas de alto riesgo. Si quiere saber si una ideología es peligrosa o no, no mire sus textos, sino mire a los individuos que leen los textos.

Los textos santos son como los libros de chistes. Si usted posee un libro de chistes, eso no lo convierte en un cómico. Un chiste que es divertido en el papel puede perder su gracia al contarse en voz alta, y un chiste que parece cursi cuando lo leyó, puede arrancar enormes risas si se lo cuenta correctamente. Todo depende de la manera en que se lo dice.

Semejantemente, un texto santo que habla de guerra no necesariamente hace a sus lectores violentos, y una religión de paz también puede producir personas de guerra.

Cualquiera que sabe algo sobre religión está al tanto de que todo está en la interpretación. Mientras que la Torá describe muchas guerras, éstas se han entendido como eventos históricos en lugar de una eterna llamada de lucha a los infieles.

La aplicación moderna de estas guerras es personal – y nos enseña que cada uno de nosotros debe emprender una guerra interior contra su propio enemigo interno. Debemos batallar las fuerzas internas que desean impedirnos vivir una vida moral y santa. El egoísmo, la arrogancia, el cinismo, la pereza, la indiferencia – éstos son los únicos infieles que los judíos buscan matar. A esto se debe el por qué la violencia en la Torá no se ha traducido en violencia de los judíos – las interpretaciones no lo permiten. Simplemente no leemos nuestros textos de esa manera.

Es el Corán que describió a los judíos como el Pueblo del Libro. Si usted quiere saber de qué se trata el libro, mire a las personas que lo leen

Por Aaron Moss

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