¿Cómo se vive un día pleno de sentido?

Cuando nos despertamos por la mañana, mientras estamos todavía en la cama, pensemos por un momento: ¿Qué significa estar despierto y vivo? Empecemos cada día con una! plegaria; agradezcamos a Di-s por el nuevo día. Reconozcamos nuestra alma y la vibración y fortaleza que nos da. Pensarnos qué nos gustaría lograr como para que ese día tenga sentido. Practiquemos de hacer esto cada mañana, empezaremos a ver nuestra vida bajo una luz nueva y más intensa.

Pero concentrarse en el alma es una actividad que dura todo el día, no para confinarla a los primeros momentos del despertar. Es preciso crear espacios durante el día en que podamos estar a solas con nuestra alma y con Di-s. Estudiemos! algo importante, usando nuestro intelecto para pensar en Di-s y contemplemos el propósito de nuestra existencia.

A medida que la jornada se va haciendo más frenética, volvamos a ese momento de calma cuando nos despertamos, cuando cristalizaron nuestros pensamientos y deseos. Tratemos de recapturar esa concentración, y apliquemos la al momento presente, creando una isla de finalidad en un mar de azar.

Deberíamos terminar el día tal como lo empezamos.Cuando nos preparamos para el sueño, revisemos el día y veamos] cómo usamos sus oportunidades. Reconozcamos que Di-s nos ha puesto aquí con un propósito, y que todas nuestras actividades deberían expresar ese propósito. Vayamos a dormir con la resolución de que por bueno (o por no tan bueno) que] haya sido ese día, el siguiente será mejor. Si lo hacemos así,! tendremos un sueño más tranquilo y el despertar tendrá más sentido.

Al conectarnos con el alma como primera acción de la mañana y última de la noche, instilamos un sentido nuevo a cada actividad que queda en medio. En lugar de actuar empujados por la mirada de hechos triviales que pueblan cada día, empezamos a controlarlos. En lugar de ver cientos de fragmentos aislados, vemos un cuadro general y las muchas piezas de que está compuesto.

Descubrimos la santidad y lo sagrado en todo lo que hacemos. Cuando comemos, no estamos solamente satisfaciendo nuestra hambre o consumando un deseo, sino dándole al cuerpo y al alma el alimento que necesita para ayudarnos a volvernos una persona mejor. Cuando llevamos adelante un negocio, no estamos apenas trabajando para sobrevivir, sino usando nuestras habilidades para ayudar a refinar el mundo enseñando a otros y poniendo un ejemplo de virtud. Cuando visitamos a la familia y a amigos, no estamos sólo pasando el tiempo sino tratando de inspirarnos mutuamente para sacar plena ventaja de nuestras distintas capacidades. Hasta dormir toma una nueva dimensión; en lugar de verlo como un fragmento más de la vida, una porción lamentablemente grande del día a la que debemos renunciar, el sueño se vuelve una oportunidad de rejuvenecer el alma devolviéndola a un sitio separado de las preocupaciones materiales, para que vuelva renovada para un nuevo día significativo.

Extraido de “Hacia una vida plena de sentido” editorial Kehot.

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