¿Por qué nos enamoramos?

En la búsqueda de encontrarle sentido a nuestra sexualidad, se debe mirar hacia el origen, ¿De dónde proviene nuestra sexualidad?

La mujer y viceversa, para ser un todo de naturaleza divina, conectada con su fuente que es Di-s. Realmente nunca estuvieron totalmente separados, pero en el nivel consciente es posible que la persona transite en un camino egoísta, de narcisismo individual. Pero de repente siente una voz Me gustaría referirme a dos concepciones sobre la materia. Una es la científica, para luego compararla con la concepción de la Torá, específicamente con la perspectiva Cabalístico -Jasídica.
Existen numerosas teorías secular-científicas de la sexualidad. Desde la perspectiva de lo biológico o la teoría de la evolución por ejemplo, nuestra sexualidad deriva del hecho que la perpetuación de la especie se logra a través de la relación sexual entre macho y hembra. Por tanto el macho buscará la hembra que es más fértil y que le dará la descendencia más sana, y la hembra buscará un macho que le proporcione la semilla más sana, que es la más viril y que protegerá la criatura.

Lo que esta teoría dice en esencia es que detrás de la mística y la belleza, el romance y la sensualidad en la cual viene envuelta la sexualidad humana – detrás de todo hay una fuerza primaria: la necesidad de existir y de perpetuar esa existencia. El hombre moderno no está preparado para pensar de si mismo como una máquina reproductora para concebir hijos. Entonces para producir la unión de dos seres, la biología y la evolución han conspirado en imbuir el acto sexual no solo con nacer, sino también con una mística que nos compele hacia un viaje romántico.

Los elementos de la sexualidad humana - el romance, las flores, la música, el claro de luna – no son sino formas en que la naturaleza hace que dos personas se junten. Dos seres cortejándose uno al otro son esencialmente como dos abejas que lo hacen. Una abeja emitirá sonidos de un modo o liberara determinado olor, pero estas solo son tácticas para que se emparejen y tengan descendientes. La naturaleza es despiadada y debe prevalecer, por lo tanto encuentra los medios para que macho y hembra se apareen.
Este es básicamente, el concepto científico de la sexualidad humana. Ahora la contrastaremos con la perspectiva de la Torá.

La base de la atracción física
La concepción de la Torá de la sexualidad humana está expresada en los primeros capítulos del Génesis, en donde se establece que la atracción entre los seres humanos se produce por una fuerza totalmente diferente: la búsqueda de la imagen divina, de la quintaesencia del ser.
La Torá describe al hombre como creado originalmente como un ser andrógeno “Hombre y mujer Los creó… y Los llamó; hombre Adam”. Luego Di-s dividió esta criatura doble en dos partes y desde entonces las mitades divididas de la imagen Divina buscan y anhelan su otra mitad. No son individuos a medias, el hombre es una personalidad en su totalidad y la mujer, también. Pero existen elementos en su persona trascendental, en su completación, que permanecen incompletos, si no se encuentran uno al otro. Hay algo que falta en cada uno de ellos, una vez fueron parte de un todo.
Para ponerlo en términos más místicos, están realmente tratando de ser uno con Dios. La raza humana es en esencia una entidad, una singularidad hombre – mujer – Cuando hombre y mujer se juntan en una unión marital, recrean la imagen Divina en la cual ambos fueron creados como uno.

Energías que se complementan
Las enseñanzas de Kabalá llevan eso más lejos. De acuerdo a la Kabala, estas son dos formas de energía, que en su expresión más abstracta, son la energía interna y la energía externa. La energía femenina y la energía masculina existen en todo hombre y en toda mujer y en todas las partes de la naturaleza. Aun la Divinidad es descrita a veces en términos femeninos y otras en términos masculinos.
Contrarios a la percepción común del carácter patriarcal que se tiene de Di-s en la Biblia, muchos de los atributos Divinos son femeninos, tal como el de la Shejiná que es la dimensión femenina de la Divinidad.

Así lo que se tiene aquí es la división en dos energías y la inclinación y el anhelo de convertirse en un todo. La raza humana fue creada según la imagen Divina pero esa raza es la mitad masculina y la otra mitad femenina,  ya través de su unión se convierte en ese gran todo, la imagen divina que busca la unión con Di-s, que desea una realidad superior.

Esta es la esencia de la atracción sexual. Esa atracción que se manifiesta en muchas sensaciones físicas, desde la aceleración de los latidos del corazón hasta la atracción física a otra persona; es esencialmente la atracción del hombre hacia el interior que le dice: “anhelo algo más grande”. Cuando un hombre es atraído por una mujer, o una mujer por un hombre, puede parecer un hecho biológico muy natural, pero desde un punto de vista judaico, el de la Torá, no es sino la manifestación física de una atracción espiritual muy profunda.
Esto no significa que el concepto de sexualidad planteado por la Torá no está intrínsecamente atado al objetivo de crear nueva vida, es obvio que lo está, pero la perpetuación de la especie no es el objetivo único de la sexualidad. Más bien es al revés, la naturaleza divina de nuestra sexualidad- el hecho que la unión de hombre y mujer completan la imagen divina en la cual fueron creados- es lo que nos proporciona el poder de traer vida a este mundo.

No solo perpetuar la especie

Entonces hay algo divino sobre la unión misma. Eso se refleja en la Halaja (Ley de la Torá) que extiende la santidad del matrimonio también a aquellas circunstancias en que la generación de descendencia no es tina posibilidad (cuando un hombre o una mujer tienen una edad mayor a la que permite concebir hijos, o que están físicamente impedidos para tenerlos). Si la sexualidad, solo fuera un asunto de procrear hijos, se podría argumentar; “Hey, si no hay perpetuación de la especie, cuál es la importancia del matrimonio y la sexualidad, solo un placer egoísta? ¿Dónde está la santidad?” La respuesta es “si”, la sexualidad en tanto que sexualidad, es santa. La unión de un hombre y una mujer, es un acto Divino, una experiencia de divinidad.

Rabino Simon Jacobson
Director del Centro “Hacia una vida plena de sentido”

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