Conocimiento Previo y Libre albedrío

Pregunta: Si Di-s sabe de antemano qué elegirá el hombre, ¿tiene el hombre Libre Elección?,

…En lo que hace a su pregunta acerca del libre albedrío, Maimónides lo explica en detalle en sus “leyes de Teshuvá”, Capítulos 5 y 6. El significado del libre albedrío es simplemente que la persona goza de plena libertad para actuar, hablar y pensar, y tiene la libre elección de hacerlo ya sea para el bien o para lo contrario Es en ese sentido que se enfatiza en la Torá: “Mira lo que he puesto ante ti…, escoge la vida”4.

No hay contradicción alguna entre el libre albedrío humano y el conocimiento previo de Di-s, pues no es el Conocimiento Previo lo opuesto a la Libre Elección, sino la Compulsión. En otras palabras, el conocimiento Divino no coarta en modo alguno la libertad humana, y por ende no obliga a nada. Una ilustración que permite comprender con más facilidad este concepto es la de un clarividente que puede predecir sucesos del futuro, o un psicólogo que conoce muy bien a un amigo y puede predecir sus reacciones, si bien limitadas a un corto período de tiempo. Evidentemente, este conocimiento previo no afecta los sucesos ni las acciones que habrán de ocurrir. Ahora bien, dado que Di-s no tiene límites en el tiempo ni en el conocimiento, abarca todos los tiempos y lugares; pero ello jamás afecta a la libertad de las acciones humanas…

Pregunta: ¿Se puede decir que el Libre Albedrío del hombre no es sino una ilusión, pero en realidad sus acciones son obligadas?

RESPUESTA: Líbrenos Di-s de decir así, pues el concepto del Libre Albedrío es un principio fundamental, pilar de la Torá y los preceptos, si no fuera por él “¿qué sentido tendría toda la Torá-, y con qué juicio y criterio castiga Di-s al malvado o distribuye recompensa? ¿El Juez de toda la Tierra no ha de hacer justicia?” (Maimónides, Hiljot Teshuvá, cap. 5, halajá 4; véase también Shemoná Perakím, cap. 8). Profundizando más, y sobre la base de lo explicado en la literatura jasídica, el verdadero concepto de Libre Albedrío es que luego de considerarse todos los aspectos la favor y en contra, el “Sí” y el “No” son equivalentes. Como ilustración1: un hombre desfalleciente de hambre que tiene frente a sí un horno encendido y una mesa tendida con manjares dignos de reyes, puede elegir entre calmar su hambre o arrojarse dentro del horno; pero no es éste un caso de genuina elección por la que corresponda recompensa o castigo. Una segunda ilustración: una bestia puede elegir arrojarse al no y ahogarse, o pastar en una buena pradera. Con todo, tampoco en este caso hay libre elección, ni recompensa o castigo, pues su naturaleza la obliga. Lo mismo sucede con todo lo creado, que no tiene posibilidad de alterar su función en absoluto (véase Tania, cap. 24, y principio del cap. 39). La única excepción a esta regla la constituye el género humano, al que en esta materia le han sido conferida la facultad y la posibilidad de contrariar la voluntad de su Creador, tal como ha sido explicado en Tania, cap. 29. El motivo místico de que sea así es que la raíz del hombre es de un nivel muy elevado, al que nada puede detener, como está escrito en Likutéi Torá ( En otra carta el Rebe explica que a elección absolutamente libre sólo es posible en la esencia de Di-s, porque carece de toda causa [de la que el Di-s libre sea consecuencia] y por ende también en los judíos que, como hijos, son de su esencia.

Extraído de “Cuestiones de Fe y Ciencia”

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