Shabat y una verdad oculta

Hay algo que siempre me ha molestado sobre cómo la Torá cuenta la creación. “Haya luz” carece de la sensibilidad que uno esperaría del mayor acto creativo. Suena frío y lejano…

¿Qué tal: “Y el Creador empezó a considerar el concepto de luminancia, y mientras Lo hacía, comenzó a crearse la luz?”

¿O quizás: “Y luego, un sentido de claridad emergió de la Conciencia Suprema, y entonces hubo luz?”

Supongo lo que realmente me molesta es esto: ¿Por qué el Creador tenía que hablar para crear? ¿No sería tanto mejor si fuéramos sólo un pensamiento?

De hecho, lo somos. Así fue como empezaron las cosas. Y a eso nos conectamos en Shabat.

Veamos: primero hubo un Mundo de Pensamiento. La Torá escrita no empieza con ese mundo. La Torá empieza con una bet–la segunda letra del alfabeto hebreo. Empieza en segunda parte de la historia. Pero al principio hubo un mundo que simplemente emanó del pensamiento –y nunca dejó ese lugar.

La segunda parte de la historia es cuando todos esos pensamientos descendieron para volverse un mundo concreto. Un lugar que parece separado de su Creador, fuera de su fuente. Como el habla: las palabras viajan fuera de uno y se vuelven parte de alguien más.

Ése es el mundo en que vivimos durante seis días. Un mundo que pretende no tener ninguna fuente. Lo usamos y abusamos un poco, y él a nosotros, y ambos pretendemos que éste es un mundo real y autónomo. Que hay un mundo y estamos nosotros y todo está separado.

Pero entonces, en el séptimo día, el Creador permitió en este mundo un toque de ese plano superior del “Mundo de Pensamiento”. Nos sintonizamos con él sin usar ni abusar de nada alrededor –y ni viceversa. No cambiamos nada. No creamos nada. No hacemos fuego, no cocinamos, no contaminamos al aire con monóxido del carbono ni nos conectamos al ciberespacio. Sólo meditamos, contemplamos y disfrutamos. Tenemos una percepción de un mundo que es nada más que solo un inmenso, expresivo y maravilloso pensamiento.

Y luego volvemos a los otros seis días. Pero volvemos habiendo experimentado esta verdad oculta del mundo. Podemos ver a través de su fachada. Podemos quitársela. Podemos atraer ese plano superior para iluminar nuestro mundo terrenal.

Tzvi Freeman

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