La sinagoga (Parte II)

Y harás un santuario para mí y habitaré en medio de ellos…(Exodo 25:8)

LA SINAGOGA COMO INSTITUCIÓN

Las sinagogas son instituciones autónomas. Se establecen, se organizan, mantienen y controlan localmente por cualquier grupo de judíos que deseen tener una sinagoga para ellos.

Cada sinagoga es independiente de las otras y está gobernada por un grupo de funcionarios electos y una comisión directiva. Aunque cada sinagoga está limitada en esencia por los códigos de la Ley Judía en sus prácticas rituales, no hay nada que impida a cualquier sinagoga establecer su propia política y sus propios procedimientos tanto en asuntos rituales como en los de carácter general.

Existen organismos nacionales de sinagogas con los cuales están identificadas la mayoría de las mismas, pero esas asociaciones son totalmente voluntarias y no tienen el poder de imponer sus decisiones a las congregaciones locales. (La situación difiere en Gran Bretaña donde la dirección central de las sinagogas posee mayores poderes.) Los judíos ortodoxos, en los rituales de sus sinagogas y en los procedimientos, se sienten ligados por las leyes de oraciones y por los procedimientos sinagogales formulados por los códigos judíos de leyes. Los fallos de sus rabinos en todos los asuntos rituales se aceptan como obligatorios. Las prácticas de las sinagogas de aquellos judíos que no se someten a esas guías dependerá del grado de su propio “sentimiento” a favor o en contra de las estructuras tradicionales. De esa manera, sinagogas que pertenecen a los grupos de la misma “denominación” pueden diferir considerablemente de sus prácticas religiosas y en la manera en que se conducen sus respectivos servicios religiosos.

La influencia y la actitud del rabino es casi siempre un factor poderoso, pero la libertad para elegir a un rabino que se identifique con las opiniones de la congregación significa que tal influencia es a veces, aunque no siempre, más teórica que efectiva.

Aunque las Oficinas de Empleos de los Seminarios Rabínicos sirven como bolsas de trabajo para la ubicación de rabinos y establecen las reglas básicas para las entrevistas de los candidatos y para las condiciones de sus contratos, ellas no pueden imponer un rabino a la congregación, y el contrato se hace entre ésta y el rabino. La congregación tiene la libertad de elegir sus rabinos, y también puede decidir no renovar el contrato del rabino. Cuando un rabino sirve a una congregación más de diez años seguidos, se lo considera generalmente como permanente, aunque tampoco esto es universal.

Cualquier judío es libre de entrar y unirse a la congregación para rezar en cualquier sinagoga, independientemente de su propio nivel de observancia o de su grado de devoción religiosa.
Sin embargo, en el marco de la experiencia americana, la diferencia entre afiliarse a una sinagoga y simplemente rezar en una de ellas debe ser comprendida por el no iniciado. Es posible que una persona se afilie y sea un miembro de una sinagoga sin que ni siquiera asista a ella para rezar, y es posible que una persona rece en forma regular en una sinagoga sin ser miembro de la misma.

Ser miembro de una sinagoga americana es considerado más una cuestión de afiliación que una cuestión de practica religiosa. Ser miembro implica el pago de una suma determinada como cuota anual.

Las cuotas son la principal fuente de ingresos para la mayor parte de las sinagogas, y les permite funcionar durante todo el año. Ser miembro de una sinagoga expresa la voluntad de apoyar y mantener financieramente esa institución religiosa (un impuesto voluntario, si se quiere) y refleja el deseo de ser considerado como miembro de una comunidad con orientación religiosa. No indica necesariamente la observancia personal o un nivel de devoción religiosa. Esto último puede ser juzgado por otros criterios, tales como la regularidad con que una persona acude a rezar a la sinagoga, el grado de observancia de la amplia gama de mitzvot, y las normas ético-morales de una persona.

Debido a que la afiliación implica el pago de cuotas, siempre hay personas que no pueden afrontar esas erogaciones o que no desean gastar dinero en esos asuntos. Allí donde las comunidades judías tienen el poder de imponer contribuciones, parte de las mismas recaudadas de todos, salvo de los más indigentes, se destina al mantenimiento de la sinagoga local y no es necesaria la cuestión del pago de cuotas directas de afiliación.

En los Estados Unidos, se estima que la mitad de las familias judías del país no son miembros de ninguna sinagoga, aunque las cuotas de afiliación varían de una sinagoga a otra, desde cantidades insignificantes hasta sumas bastante importantes, según el tamaño y el presupuesto de la sinagoga.

Con excepción de los dos días de Rosh Hashaná y del día de Iom Kipur, en que casi todos los miembros de una sinagoga asisten a los servicios de ella y el limitado número de asientos en cada una restringe el número de personas que puede ser ubicado en ella, (de esa manera se limita la adjudicación de asientos a los miembros que mantienen la sinagoga), incluso aquellos que no están afiliados a ninguna sinagoga y que no se preocupan por contribuir al mantenimiento de la institución durante todo el año, no son excluídos de concurrir a la sinagoga y pueden rezar en ella sin cargo alguno durante los otros trescientos sesenta y dos días, incluyendo cada uno de los cincuenta y dos sábados y todas las demás festividades principales. (En algunas congregaciones la afiliación se calcula sobre la base de aquellos que reservan asientos para los servicios de las Grandes Solemnidades, más que en términos de cuotas anuales. Prácticamente no existe ninguna sinagoga que no adopte disposiciones especiales para acomodar a las personas indigentes, inclusive en esos servicios solemnes.) Debido a que la ley judía no permite manipular dinero en sábado y en las festividades, no se practica en las sinagogas la colecta de dinero (o pasar un platillo). En los servicios matutinos de los días de la semana, se acostumbra, aunque no es obligatorio, que los asistentes a las oraciones depositen algunas monedas en una alcancía de caridad.

Las personas de otras religiones siempre son bienvenidas a una sinagoga en cualquier momento si desean observar un servicio. No se requiere ninguna desposición especial, salvo para las Grandes Solemnidades (Rosh Hashaná o Iom Kipur), y ello por las razones arriba señaladas.

LA RESPONSABILIDAD DE LAS SINAGOGAS HOY EN DIA

Aunque el propósito fundamental de la sinagoga es servir como lugar donde los judíos puedan reunirse para rezar, tal reunión será significativa a largo plazo únicamente si quienes dirigen las sinagogas actúan también efectivamente en aquellos otros ámbitos más amplios en los que ésta estuvo implicada históricamente.
La sinagoga puede y debe ser un instrumento para la educación religiosa y espiritual de sus miembros, desde los más jóvenes hasta los más ancianos, de manera que puedan aprender a apreciar mejor el significado y el sentido de la fe judía y a expresarla en su modo de vida cotidiano: tanto en la observancia de la ley ritual como en la puesta en práctica de los mandamientos ético-morales del judaísmo. Esta educación puede ser proporcionada ya sea en forma directa, o indirectamente estimulando el activo apoyo e identificación con otras instituciones educacionales. Los programas para jóvenes proporcionan educación e instrucción no formal.
La responsabilidad de la sinagoga es la de fomentar y apoyar todo esfuerzo y todo proyecto que sea fundamental para la supervivencia de nuestra fe y de nuestro pueblo. Debe reconocerse el papel de Eretz
Israel como elemento en la fe de Israel y debe estimularse una vinculación viviente con la Tierra Santa, a la vez que ayudar en todas las formas posibles a la seguridad de ese país.
Es responsabilidad de la sinagoga fomentar el verdadero centro de la vida judía, que es el hogar judío.

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