El shabat: Una isla en el tiempo

Describir el sentimiento que embarga a una persona en el Shabat es como tratar de describir a un ciego una hermosa puesta de sol..

“Seis días trabajarás y harás toda tu labor; mas el séptimo día es día de pausa consagrado al Señor, tu Dios; no hagas en él labor alguna. por tanto bendijo el Señor el día del sábado y lo santificó” (Exodo 20:9-11). Este pasaje de los Diez Mandamientos no revela en si mismo el trascenden¬tal y profundo papel que el Shabat desempeñé en la vida del pueblo judío a través de su historia y el papel que sigue desempeñando en la vida de todos aquellos que continúan llevando una vida judía. Sin embargo, el hecho de que se trate del único mandamiento entre los diez, que se refiere a una observancia puramente ritual, viene a señalar la prioridad que le asigné el mismo Todopoderoso en el amplio contexto de todos los Mandamientos que se refieren a la relación entre el hombre y Dios.
Esa prioridad Divina fue correspondida de hecho en forma paralela por el énfasis otorgado a ella por los judíos mismos. Aunque el judío observante se somete a muchos mandamientos, alberga un amor especial por el Shabat. No se suelen encontrar tales expresiones de afecto y devoción por ningún otro mandamiento u observancia ritual del juda¬ísmo como por el Shabat. Es la única observancia que se personificó en la poesía religiosa de las plegarias. Se lo menciona con afecto como la “Novia Shabat”. El Shabat es para el judío como una novia que, tradi¬cionalmente, es radiante y hermosa, un símbolo poético de gracia y pureza, objeto de amor y de afecto. También es llamado la “Reina
Shabat”, ‘Shabat Hamalcá”, porque también las reinas son símbolo de majestad, belleza y gracia en la imaginación de los poetas y místicos, y lo mismo ocurre con el Shabat para los judíos. Estas descripciones poéticas del Shabat conservan permanentemente todo su sabor y con¬tenido para el judío que observa el Shabat.
Para las personas que lo miran desde el exterior — judío o gentil — el Shabat puede aparecer como restrictivo. Un conocimiento superficial de sus restricciones puede llevar a considerar que es un día austero para aquellos que lo observan, un día que carece de alegría y de jovialidad. Si se vive esa experiencia desde el interior sucede justamente lo contrario. Sirve como una liberación gloriosa de las preocupaciones diarias, de las presiones rutinarias e incluso de la recreación secular. Es un día de pacífica tranquilidad, alegría interior y elevación espiritual, animado con canciones y regocijo.
Describir el sentimiento que embarga a una persona en el Shabat es como tratar de describir a un ciego una hermosa puesta de sol. Por más riqueza de vocabulario que uno posea, nunca podrá transmitir total¬mente el sentimiento de éxtasis, que incluso una persona sencilla que la ve, experimenta ante la visión de semejante belleza. Esto no puede ser transmitido ni siquiera por un gran poeta. Mirar desde el -exterior a aquellos que celebran el Shabat puede compararse a un hombre sordo que presencia una escena en la que gente baila al son de música ejecu¬tada por una orquesta oculta. Al no escuchar la música, el sordo puede confundir a los bailarines con un grupo de personas que ha perdido el juicio. Por supuesto, él no escucha la música y de esa manera no puede apreciar el movimiento del cuerpo que ella inspira y no le produce ninguna clase de emoción. Del mismo modo, el Shabat con sus restric¬ciones puede dejar indiferente a un observador a menos que haya tenido una oportunidad de participar en esa vivencia. Sólo entonces puede darse cuenta que aquello que consideró como gravoso e incon¬veniente es en realidad delicioso, deseable y esperado con fruición. No es sin razón que la descripción que hace el Midrash del paraíso eterno, del mundo por venir, es la de un prolongado, interminable, eterno día de Shabat “1am shekuló shabat”; o que la expresión derivada de la Biblia: la “Delicia del Shabat” —OnegShabat (Isaías 58;13), se convirtió en una frase de uso común, utilizada — y a veces mal utilizada — por los judíos por doquier.
Otro Midrash describe a Dios diciendo: “Tengo una preciosa joya en mi poder y es mi deseo dársela a Israel; su nombre es Shabat”, Ningún judío que alguna vez haya observado realmente el Shabat pondrá en duda esta descripción. En todo caso, dirá que es una declaración insufi¬ciente -
Es una lástima que tantos judíos del Siglo XX hayan perdido esta preciosísima posesión. Algunos lo hicieron deliberada y concientemente, bajo el influjo de una rebelión ideológica general contra el judaísmo en la cual se volcaron hacia ideologías ateístas y seculares para su salvación y para la salvación de la humanidad. Otros lo hicieron contra su volun¬tad y a pesar de ellos, bajo el impacto de presiones económicas y aspiraciones en el medio ambiente no judío de la diáspora en la que viven, donde el domingo es el día nacional de descanso. Mientras que una minoría de judíos continuó resistiendo las tentaciones económicas si ellas significaron profanar su Shabat, la mayoría no fue tan fuerte espiritualmente.
En tanto que la primera generación de esos grupos que abandonaron el Shabat, guardaba todavía recuerdos preciosos del mismo, sus hijos y nietos, la segunda y tercera generación, fueron educados con un cono¬cimiento absolutamente superficial de aquél y de su espíritu. Para con¬tinuar con nuestra metáfora, se dejó a esas generaciones volverse sordas y ciegas a la música y a la belleza del Shabat.
Esa negligencia no afectó únicamente al Shabat. El conocimiento del judaísmo comenzó a deteriorarse . . . y luego toda la vida judía. Porque el Shabat es realmente el eje de todo el judaísmo. Cuando se descarta el Shabat, la asistencia a la sinagoga se reduce hasta desvanecerse. Y cuan¬do eso ocurre, desaparece hasta la mejor forma de educación judía. No es ningún secreto que el nivel de educación judía a la que actualmente alcanzan la mayoría de los judíos occidentales, pocas veces supera el segundo o tercer grado. Esto es verdad aún para aquellos que reciben alguna educación judía, incluso los que completan cinco o seis años de una escuela hebrea dominical o vespertina. La persona que haya alcan¬zado el equivalente de lo que objetivamente debe considerarse como un nivel de octavo grado, es considerada como un erudito en la comunidad.
Cuando el Shabat es descuidado, la Torá y los Profetas dejan de ser estudiados sobre una base semanal o regular. Consecuentemente sus contenidos se olvidan. Los sermones del Rabino, ya sean excelentes o pobres, sirven para proporcionar un conocimiento adicional, agregar algunos elementos de saber de las fuentes rabínicas o talmúdicas. El Talmud expresa la opinión de que “el Shabat fue dado a Israel para que en él se pueda estudiar Torá”. Más aún, sin el Shabat y sin la asistencia regular a la sinagoga que de él resulta, se reduce al mínimo la motivación para el estudio religioso y hebreo de los niños, disminuyendo la efectividad de cualquier educación que hayan recibido. En el transcurso de una o dos generaciones, el abandono del Shabat produce un deterioro del conocimiento del judaísmo, lo que conduce al abandono de otras observancias religiosas e incluso, eventualmente, a la disipación de los valores espirituales del judaísmo.
Herman Wouk observó con mucha perspicacia el problema: “El Shabat es el punto de separación de la tradición y también el punto en que muchos judíos vuelven a unirse al judaísmo”
Lejos de haber quedado atrás en el tiempo, el espíritu del Shabat judío antecede al tiempo. Lejos de no ser práctico para las sociedades occidentales avanzadas, es lo que más necesita el hombre contemporáneo; es lo que más se necesita en la vida competitiva, plena de tensión, acelerada y frenética de esta sociedad. La brillante civilización griega que nos legó a Platón y Aristóteles, que sirvió como fundamento de la civilización occidental y proporcionó el impulso para la investigación científica, se burló de los judíos de su época por no trabajar un día de la semana. Los judíos fueron llamados perezosos y ociosos, no por los bárbaros, sino por la gente cuyos escritos todavía se estudian en las distintas universidades del mundo. El mundo civilizado tardó todos estos siglos para comenzar a darse cuenta siquiera del valor de un día semanal de descanso y hacer de la semana de seis días laborables, la base de su orden social. Podrán pasar muchos más siglos antes de que el mundo en general, comience a advertir siquiera algo del espíritu que yace en el Shabat judío. Aún los primeros puritanos americanos que, con su observancia del Domingo se acercaron al Shabat por el carácter estricto con que imponían su día de descanso, ni siquiera ellos se acercan a la aprehensión del Shabat judío en su espíritu. Su día de Shabat, según su propio testimonio, era un día sombrío, lóbrego. Para nosotros es un día de alegría, de deleite.
La mayoría de la gente considera al Shabat solamente como un día de descanso, en que el trabajo está prohibido. Esto es verdad solo en parte: el Shabat está destinado a ser un Día Santo, un Iom Kadosh, diferente y separado de los demás días. No es solamente un día de ocio. Es el punto principal de la semana, alrededor del cual giran los demás días. Si por una parte es un día en el cual nos separamos completa y totalmente de las exigencias del mundo que nos circunda, por la otra, es un día al que tratamos de imbuírle un significado y sentido espiritual. No es un día lleno de ocupaciones vanas, sino de ocupaciones edificantes. Es un día para reanimar el cuerpo y también para reanimar el alma. “Descansar” el sábado tiene un significado totalmente diferente para el que observa el Shabat, del significado de la palabra “reposo”.
Examinemos los dos motivos que da la Torá para el Shabat. El primero es como “conmemoración de la creación del mundo”:

Porque en seis días hizo el Señor los cielos y a la tierra, el mar y todo cuanto en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto bendijo el Señor, el día del sábado y lo santificó.
(Exodo 20:11)

Señal perpetua es entre Mí y los hijos de Israel; pues en seis días hizo el Señor los cielos y la tierra y en el séptimo día cesó en su obra y reposó.
(Exodo 3 1:17)

El segundo motivo es la “conmemoración del exodo de Egipto”:
Acuérdate que fuiste siervo en tierra de Egipto y que Dios te sacó de allá con mano fuerte y brazo extendido
(Deuteronomio 5:15)

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